Mi Santoral (3): Alonso Fernández
22 junio 2010 – 12:53

He dudado. He dudado entre escribir sobre Alonso Fernández de Herena o dedicarle el santoral de la semana a Luis C.O. pero sea, soy hombre de costumbres y ahí va: Alonso Fernández de Herena, Deán de la Catedral de Coria, quien figura entre mis santos protectores por los siguientes motivos: mujeriego, amancebado, organizador de juegos en su casa, fetichista y acusado ante el tridentino obispo Pedro García de Galarza, un fanático como tantos otros.
Un santo que quiso “hacerse nadie”
e que se conocen carnalmente, e questa testigo les a visto de un mes a esta parte estarse haziéndose nadie uno con el otro
Así referían las denuncias de la época las relaciones sexuales prohibidas, hacerse nadie. Mari López, de 14 años, acusa a Rodrigo López de hacerse nadie con Juana María, “muger del pastelero”. 13 de marzo de 1591.
En marzo de 1591 sesenta y tres personas van a desfilar ante el Obispo Pedro García de Galarza, quien ha publicado un edicto el 1 de febrero con intención de conocer la vida moral de los cauriense. Penetrar en todas las intimidades, saber que se esconde en cada cama. No hay otro objetivo. Michel Foucault lo explica en “La voluntad de saber”:
La gente confiesa o es forzada a confesar (…) El hombre, en Occidente, ha llegado a ser un animal de confesión
Y confiesan, vaya si confiesan. Galarza pide que los que algo supiérades de qualesquier vicios e pecados públicos e notorios o aver visto o oído decir alguna cosa, los vengáis a decir, denunciar e manifestar ante nos
Y ante él le traen los pecados y vicios de varios vecinos de Coria, pero sobre todo de uno: mi santo Alonso Fernández, Deán de la Catedral. Como religioso, debe ser célibe, pero como tantos otros antes que él y después de él, la carne es débil.
A diferencia de los curas que prefieren violarse niños, mi santo Alonso Fernández lo que hace es visitar la Casa de Las Vandas y vivir amancebado con una amante. Todos lo saben. Todos comprenden. Todos disculpan. Pero el obispo tridentino que está haciéndose con las riendas, como quien dice, recién aterrizado en Coria, no está para disculpar canitas al aire. Es, como todo obispo fanático antes que él y después de él, un amargao.
Galarza quiere saber quiénes van de putas, quienes viven con una mujer sin pasar por vicaria, (¡y aparecen varios casos!), quienes se escaquean de los oficios religiosos, quienes juegan, quienes saben de heciceras, bruxas, encantadoras, agoreras, sortiligas, que saven e husan hacer ligaturas, conjuros, ensalmos e aian curado e curen de mal de ojo, por supuesto también quiere saber de aquellos que aian blasfemado, descreído o renegado de Nuestro Señor Jesu Christo. Para nuestro obispo amargao no hay espacio en el cual no se pueda hurgar y meter las narices y pregunta por quienes estén publicamente amancebados y de algunso casados que estén apartados e no biban e coabiten juntos. Amar a una mujer y no querer casarse con ella es un pecado. Que vivan casados quienes se odian y se repelen es algo santo y hermoso. La Iglesia en esto no ha cambiado mucho. 400 años después sigue prohibiendo lo mismo.
Sesenta y tres personajes denuncian. Y mi Deán aparece en todas ellas. La primera chivata será María Rodríguez, 6 de marzo de 1591: que por público y notorio sabe que el doctor Alonso de Herena, Deán de Coria, e doña Ana de Ovando están publicamente amanzebados e que a parido dél dos veces
La veda se abre y los pecadillos se suceden. Alonso es asiduo de “la casa de las Vandas” donde vivían 9 mujeres, entre ellas Ana de Ovando. Es un foco de murmuraciones, un lugar de inmoralidades.
Fue Ángel Rodríguez Sánchez, catedrátido de Moderna en la UEX y luego en Salamanca, quien primero me descubrió al Deán. Le dedicó un libro delicioso: “Hacerse nadie” (1984).
A través de las fuentes va descubriendo la historia de intrigas y rumores, nos va hablando de un Deán que sale disfrazado por la noche de su casa sin los atuendos eclesiásticos, que no se toma muy en serio sus labores religiosas, que vive amancebado y que organizaba “tablajerías” (juegos de apuestas): el Deán y sus amigos, otros libertinos, juegan al vuelco, a la tapada, a las velas, y además juegan ¡con mujeres!, comen ¡con mujeres!, cantan ¡con mujeres! y hasta bailan la zarabanda esa danza picaresca y de movimientos lascivos (según anotación del primer Diccionario de la Real Academia de la Lengua).
No tenemos mucha informacón de qué pasó posteriormente. Se le llamaría al orden, sin duda (ser Deán tiene la enorme ventaja de salvarle a uno de la hoguera o aún de la cárcel) y el obispo insistió con varios sínodos para llamar al clero y al laico a una vida “cristiana”, esto es, aburrida, reprimida y dolorosa. Como dios manda.
Pero a mi santo, que le quiten lo bailao.
Mi Santoral hasta el momento:

2 Responses to “Mi Santoral (3): Alonso Fernández”
¡Cómo mola esta sección santurronera! Realmente revelador todo. Por cierto, he seguido tu recomendación y he encagado en Universitas “Historia sexual del cristianismo”. ¡Eres una influencia demoniaca para mi inocente cerebro! jjaja
Un saludo
By Despotrikator on jun 22, 2010
muy inspirador tu santoral, me daré una vuelta por aquí para continuar disfrutando , no encontré el botón de seguirlo para recibir las actualizaciones, lo dejo en favoritos
By Circe on jun 23, 2010