Déjame entrar
31 mayo 2010 – 14:59
Hace ya algún tiempo, en ese tránsito de la infancia a la adolescencia, recuerdo que solía quedarme hasta la 1 o la 1:30h de la madrugada viendo las películas de terror que entonces daban en TVE2. En aquellos felices días se proyectó entero el ciclo de la Universal, después el de la Hamner y finalmente la serie que Roger Corman dedicó a Edgar Allan Poe.
Bela Lugosi, Boris Karloff, Christopher Lee, Vincent Price… empezaron a formar parte de mi firmamento particular de estrellas… de todas aquellas películas – que hoy casi (1) finalmente he logrado reunir en su formato en DVD (cuando hace unos meses localicé en Madrid “Los crímenes del Museo de Cera con Vincent Price casi me dió un infarto… ¡era un título mítico que me faltaba!) – mis favoritas eran las producidas por la Universal (aún me emociono cuando las vuelvo a ver), quien en la década de los 30 rescató para el imaginario popular los monstruos que hoy llamamos clásicos: Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, el hombre invisible, la momia… aquellos monstruos que habían protagonizado buena parte de la literatura de terror del siglo XIX, de Mary Shelley – creadora de Frankenstein – a Herbert H. Wells, autor de El hombre invisible… a excepción de la momia, que fue un personaje de terror que nace en el siglo XX tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamon y las leyendas de su maldición.
Y entre los films de la Universal, un actor, Bela Lugosi, y un monstruo, Drácula.
El tránsito de la película a su original literario también fue rápido. Bram Stoker y Mary Shelley pronto figuraron en mis estantes. Otro tanto se puede decir de Edgar Allan Poe. Y desde entonces he tenido cierta debilidad por esta literatura, con especial referencia al mito del Vampiro. Una de mis alegrías como lector es poder disponer de prácticamente todos los grandes clásicos literarios dedicados al vampirismo desde el siglo XVIII: una de las primeras incursiones, “El vampiro” del médico John William Polidori; El “Vampirismo” de E.T.A. Hoffman; “Berenice” de Allan Poe; “La familia del Vurdalak” de León Tolstoi y por supuesto mi predilecta, “Carmilla” de Joseph Sheridan Le Fanu… Hay que tener valor para, en 1872, construir una historia de lesbianismo y vampiras:
…A veces sentía el roce de una mano que acariciaba mis mejillas, otra la presión de unos labios ardientes que me besaban, más apasionadamente a medida que los labios descendían hacia mi garganta…
Ni que decir tiene que lo que no se puede encontrar en mi casa son aberraciones… no, aberraciones no, ¡memeces! - que respondan al nombre de “Crepúsculo” o “Crónicas Vampíricas”. Semejantes imbecilidades para adolescentes histéricos deseosos de aventuras románticas y otras noñeces no me han gustado… ni cuando era adolescente. De hecho, me enerva, me cabrea. ¡Drácula convertido en un eunuco enamorado! ¡Un vampiro convertido en un niñato deseoso de que le den caricias! Por favor, qué barbaridad y que gilipollez.
Desahogado con estas breves líneas anteriores, lo cierto es que solo puedo mencionar dos títulos modernos que realmente me han entusiasmado: uno se lo debo a Guillermo del Toro y Chuck Hogan: “Nocturna”. No se podía esperar menos de un cineasta que con “Cronos” creó una de las mejores incursiones al mito del no muerto.
La otra la terminé de leer anoche (sí, por supuesto, novelas de miedo se deben leer por la noche): “Déjame entrar”, de John Ajvide Lindqvist. Soberbia. Impactante. Llamarla novela de terror o de vampiros es hacerle un flaco favor. Es mucho más que eso. El autor nos cuenta un hecho real, probablemente autobiográfico, de un niño que sufre eso que se llama hoy en día bulling o acoso escolar y va creando una ficción para superarla, pero una ficción que en la novela se nos presenta como real. Tan pronto te lleva a momentos de extrema crueldad como de ternura, personajes distintos con pasados y contextos distintos que se van entremezclando, formando un mosaico de relaciones humanas perfectamente creibles: ni héroes ni villanos absolutos, gentes capaces de lo mejor y de lo peor… al mismo tiempo.
Realmente la he disfrutado. Muy recomendable, incluso para quienes no gusten de las historias de vampirismo o no sientan un escalofrío con Bela Lugosi diciendo “I am…Drac-u-la…I bid you welcome“.
Nota:
(1) Digo casi porque me falta un título. Una obra cumbre. LLevo rastreándola hace meses, e intentado localizarla en internet… pero no hay manera. Se trata de ”La parada de los monstruos”. Casi me abochorna reconocer que no la tengo.

Lo siento ya no se pueden poner mas comentarios en esta entrada.