“Decid, oh incrédulos…”

26 marzo 2009 – 15:15

Terminando de leer “La Puta de Babilonia” de San Fernando Vallejo (¡Que libro, amigos, que gran libro! no hay blasfemia que no utilice en cualquiera de sus 317 páginas – en edición de bolsillo -), descubría ayer la figura del poeta Abu Nuwas al-Hasan Ibn Hani al-Hakami, ( أبو نواس الحسن بن هانئ الحكميأبو نواس الحسن بن هانئ الحكمي ), Abu Nuwas para los amigos, entre los cuales yo ya me encuentro tras hincarle el diente a muchos de sus poemas 

Golfo, incrédulo, borracho, blasfemario, gran amante del vino, homosexual y por supuesto muy odiado por los ulemas e imanes de entonces y no digamos los de ahora.

De él cuentan que, entrando una vez a la mezquita cuando el imán decía el primer versículo de la sura 109 del Corán: “Decid, oh incrédulos…”  respondió gritando “Aquí estoy, ¿qué quieres que diga?” Ja,ja,ja. Por poco no se lo linchan allí mismo la  multitud congregada.

Entre sus poemas, éste que sigue:

CUARTETAS DEL VINO

Vino limpio de tinaja,

Sol de noche negra.

Lagrima en la mejilla,

Vino del paraíso.

 Al sol de antaño,

de un amarillo azafrán,

pupilo persa,

que nos ha encarcelado.

 He visto un bárbaro

venido de una ciudad.

El golpea la barrica

y de un sólo golpe bebe.

 Cuando se encierra el vino:

de cara nos viene,

en tinaja descansa,

después, envejece.

 Me reconforta el aroma

de la absenta en flor,

para los bebedores francos,

el cielo oscurecido.

  1. 3 Responses to ““Decid, oh incrédulos…””

  2. Blasfemias?

    By MiguelRuiz on mar 26, 2009

  3. Blasfemia, sí. Del blaptein – injuriar – y pheme – reputación -. Se entiende generalmente como toda irreverencia hacia lo venerado por una religión.

    Toda religión considera que si se la critica, insulta o cuestiona a ella es una blasfemia pero si es ella la que insulta, critica o cuestiona a otra confesión, es una cosa bien justa y necesaria.

    Y Abu Nuwas abundaba en blasfemia. Véase, por ejemplo, el mencionado relato de su entrada a la mezquita. Según cuentan, se hizo célebre por su inmoralidad, ebriedad y blasfemia, sus tres virtudes teologales. De ahí que yo haya decidido reunir las tres bajo la terminología “blasfemario”.

    Frente a las religiones y sus pretendidas verdades reveladas que siempre consisten en hacernos creer las más variadas tonterias, convienen y se precisan blasfemarios. Muchos blasfemarios.

    Y ya que estamos en el mundo árabe, hay que decir que, de todas formas, nadie puede superar en blasfemias al blasfemario Ibn Abi-l-Awja, alabado sea su nombre, quien antes de morir acusado de hereje (zindiq) hizo saber que había puesto en circulación más de 4.000 hadith (“dichos del Profeta”) para prohibir a los musulmanes lo que les estaba permitido según Mahoma y viceversa.

    Como conclusión a todo esto podemos decir que blasfemar siempre es bueno y deseable.

    By victorcasco on mar 26, 2009

  4. Habrá que leer el libro de la Puta de Babilonia.

    By Pedro M. on mar 27, 2009

Lo siento ya no se pueden poner mas comentarios en esta entrada.