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	<title>Comentarios en: ¡Dios lo quiere!</title>
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	<description>Bitácora de VÍCTOR M. CASCO. Porque &#34;ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo&#34;</description>
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		<title>Por: Cría obispos&#8230; &#124; ceronegativo</title>
		<link>http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2008/02/03/%c2%a1dios-lo-quiere/comment-page-1/#comment-2958</link>
		<dc:creator>Cría obispos&#8230; &#124; ceronegativo</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Feb 2009 23:03:01 +0000</pubDate>
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		<description>[...] dicho o dejado de decir. Mucha gente lo ha hecho ya, y muy bien. Por ejemplo Javier, o Arístides o Victor o Fernando. Decir que coincido enteramente con lo que dijo Antonio (la rosa y el clavel) en la [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] dicho o dejado de decir. Mucha gente lo ha hecho ya, y muy bien. Por ejemplo Javier, o Arístides o Victor o Fernando. Decir que coincido enteramente con lo que dijo Antonio (la rosa y el clavel) en la [...]</p>
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		<title>Por: Cría obispos&#8230; &#171; ceronegativo</title>
		<link>http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2008/02/03/%c2%a1dios-lo-quiere/comment-page-1/#comment-421</link>
		<dc:creator>Cría obispos&#8230; &#171; ceronegativo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Feb 2008 15:23:14 +0000</pubDate>
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		<description>[...] dicho o dejado de decir. Mucha gente lo ha hecho ya, y muy bien. Por ejemplo Javier, o Arístides o Victor o Fernando. Decir que coincido enteramente con lo que dijo Antonio (la rosa y el clavel) en la [...]</description>
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		<title>Por: Hilario Ideas</title>
		<link>http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2008/02/03/%c2%a1dios-lo-quiere/comment-page-1/#comment-420</link>
		<dc:creator>Hilario Ideas</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Feb 2008 08:39:31 +0000</pubDate>
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		<description>Es obvio que la izquierda está utilizando sus ataques contra la Iglesia Católica para movilizar a su electorado más radical, así como cortina de humo ante el deterioro político y económico que padece nuestro país, no podemos pasar por alto la nueva serie de insultos y falsedades con las que los socialistas tratan de ridiculizar y amordazar a los católicos.

El socialismo, en sus distintas vertientes, fue durante el siglo XX una religión laica. El endiosamiento del líder, su culto y exégesis, el santoral, los mártires, sus evangelios. Esa fe en el paraíso venidero que no fue más que un feo muestrario de dictaduras. Pero ya lo dijo Richard Pipes, aquel socialismo no fue una idea que salió mal, sino una mala idea. De esta manera, destrozado el templo soviético de la religión laica socialista, y marchito el Estado socialdemócrata, la izquierda se ha dedicado a pergeñar una nueva religión, una cosmovisión alternativa que le confiriera identidad.
El discurso anticatólico siempre ha dado buenos resultados para los manipuladores de mentes desde la Revolución Francesa. Dicho discurso, más bien lo llamaría dialéctica demagógica de analfabetos, se ha implantado siempre en regímenes totalitarios (Nacionalsocialismo de Hitler, Comunismo de Stalin,  de Pol Pot y otros indeseables del siglo XX) coincidentes todos con el desprecio a la vida y la libertad.
Siempre he creido que la Iglesia ni debe instituirse en Estado ni debe mezclarse con los órganos políticos porque no resulta legítimo utilizar la fuerza para imponer una determinada fe o moral. La verdad sólo puede prevalecer a través de la persuasión, nunca mediante la coacción.
 
Opino que la Iglesia debe cubrir sus gastos exclusivamente con sus bienes y las aportaciones voluntarias de católicos y afines.También debe aplicarse esto para los Sindicatos, Partidos Políticos, ONG, etc, etc.
 Como liberal, sostengo que cualquier persona tiene derecho a gestionar su propiedad del modo que considere más adecuado, sin que ningún agente externo pueda sustraérsela para alcanzar fines supuestamente superiores. Rechazo la sumisión y dependencia financiera de la Iglesia a una estructura coactiva, el Estado, cuyo objetivo consiste en la absorción, nacionalización y control  de la fe católica.
El catolicismo no puede perpetuarse a la sombra del Estado, precisamente porque su mensaje es de libertad y no de esclavitud. Cuanto más se acerque la Iglesia al Estado, como sabiamente observó Ratzinger, más se desnaturalizará y corromperá.
La Iglesia, entendiéndola como el conjunto de todos los católicos, tiene entidad y autonomía suficiente para impresionar al mundo con su minuciosa coordinación sin necesidad de ningún tipo de asistencia estatal.
Es curioso cómo la izquierda, obsesionada por que el Estado controle todos los recursos de la economía, se rasga las vestiduras cuando ese mismo Estado que con tanto ahínco han promovido, los destina a partidas que no le gustan.
La misma izquierda que defiende que los demás no deben tener derecho a gastar su dinero, quiere alzarse con el derecho a gastar el dinero de los demás. La protesta se convierte en una pataleta de niños malcriados: rompo la baraja cuando no me gusta cómo se desarrolla la partida.
Es cierto que la Iglesia, aun cuando tenga una aspiración universalista, no representa a toda la población y que, por tanto, sólo quienes sientan una especial vinculación a ella deberían contribuir a su financiación. Ahora bien, este razonable argumento no se concilia bien con la indigesta hipogresía de la izquierda. Si la Iglesia no debe recibir financiación porque no nos representa a todos, ¿qué asociación debería recibirla?
Una cosa es que la Iglesia debería autofinanciarse, otra muy distinta que los chupópteros profesionales de este país, las cigarras del cuento, los expertos en vivir del prójimo, embolsarse subvenciones y exigir prestaciones a costa de la cuenta corriente ajena, vengan a darnos lecciones de liberalismo.
Ahora bien, esta necesaria separación entre la fe y la violencia no significa que la Iglesia debe quedar anestesiada ante cualquier fenómeno político o social. Como institución privada, la Iglesia tiene pleno derecho a combatir y denunciar todas aquellas manifestaciones que considere incorrectas u ofensivas para la sociedad o para el pueblo de Dios. 
 
De hecho somos muchos, laicos y católicos, los que creemos en la necesidad de que la Iglesia se vuelva más beligerante con los poderes políticos. Los católicos deben enfrentarse contra un Estado que sólo pretende absorberlos y reducirlos a su más mínima expresión, contra un Estado cuyo objetivo último siempre ha sido matar a Dios y ocupar su lugar.
Todos sabemos que el catolicismo baña por así decir, a la sociedad, como se muestra en sus monumentos, creencias y expresiones populares, arte y actitudes, de modo semejante a como numerosos judíos de Israel no son religiosos o se proclaman ateos, pero siguen siendo culturalmente judíos. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número considerable de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia, expresa de modo negativo ese hecho histórico. Aunque, obviamente, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles. 
La obsesión por la Iglesia católica no es propia de no creyentes, sino de beligerantes en el terreno de las creencias. Selectivos, eso sí. Hostigan a las que no se orientan de acuerdo a su conveniencia, mientras que, como buenos laicistas de pacotilla, piden respeto para los islamistas que imponen la teocracia, vulneran los derechos humanos y no dan carta de ciudadanía a las mujeres. Con los ayatolás, alianza de civilizaciones y con los católicos, a muerte. Debeis saber que de haberse impuesto Al Ándalus, habría hecho de España lo mismo que de las sociedades cristianas del norte de África o de Oriente Próximo: poco más que arqueología 
La descomposición ideológica del socialismo español ha conducido a un desentierro de señas de identidad caducas. El anticatolicismo hace resonar viejos odios y rencores, concentra resentimientos y satisface a los gurús de la secta.
En el camino, mientras la derecha ha conseguido aglutinar a liberales y conservadores en torno a unos métodos, principios y valores comunes, la izquierda sigue aún en construcción. Sólo eso explica su culto a la Z, al santoral de supersabios incluido Al Gore, los evangelios de Suso de Toro y demás apóstoles, la promesa del Estado plurinacional y el paraíso de la Alianza de Civilizaciones. Y prometen 400 euros a cada votante/cotizante si ganan las elecciones porque no son capaces de quitar el andamiaje de su nueva religión, que se nutre de lo políticamente correcto en este preciso segundo y de una larga lista de tópicos vacíos.
El resultado es que a la izquierda le irrita que la contradigan, que opinen sobre esas cosas que cree irrefutables, inefables y progresistas. Porque es, en definitiva, la vieja política, esa de la que decía Ortega que sólo pretendía la captación del Gobierno de España, frente a la nueva, preocupada por el aumento y fomento de la vitalidad de la sociedad española.

Hilarioideas@hotmail.com
&quot;Puede que no esté de acuerdo con su opinión, pero lucharé para que nadie le impida expresarla&quot; 
MOVIMIENTO LIBERAL</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Es obvio que la izquierda está utilizando sus ataques contra la Iglesia Católica para movilizar a su electorado más radical, así como cortina de humo ante el deterioro político y económico que padece nuestro país, no podemos pasar por alto la nueva serie de insultos y falsedades con las que los socialistas tratan de ridiculizar y amordazar a los católicos.</p>
<p>El socialismo, en sus distintas vertientes, fue durante el siglo XX una religión laica. El endiosamiento del líder, su culto y exégesis, el santoral, los mártires, sus evangelios. Esa fe en el paraíso venidero que no fue más que un feo muestrario de dictaduras. Pero ya lo dijo Richard Pipes, aquel socialismo no fue una idea que salió mal, sino una mala idea. De esta manera, destrozado el templo soviético de la religión laica socialista, y marchito el Estado socialdemócrata, la izquierda se ha dedicado a pergeñar una nueva religión, una cosmovisión alternativa que le confiriera identidad.<br />
El discurso anticatólico siempre ha dado buenos resultados para los manipuladores de mentes desde la Revolución Francesa. Dicho discurso, más bien lo llamaría dialéctica demagógica de analfabetos, se ha implantado siempre en regímenes totalitarios (Nacionalsocialismo de Hitler, Comunismo de Stalin,  de Pol Pot y otros indeseables del siglo XX) coincidentes todos con el desprecio a la vida y la libertad.<br />
Siempre he creido que la Iglesia ni debe instituirse en Estado ni debe mezclarse con los órganos políticos porque no resulta legítimo utilizar la fuerza para imponer una determinada fe o moral. La verdad sólo puede prevalecer a través de la persuasión, nunca mediante la coacción.</p>
<p>Opino que la Iglesia debe cubrir sus gastos exclusivamente con sus bienes y las aportaciones voluntarias de católicos y afines.También debe aplicarse esto para los Sindicatos, Partidos Políticos, ONG, etc, etc.<br />
 Como liberal, sostengo que cualquier persona tiene derecho a gestionar su propiedad del modo que considere más adecuado, sin que ningún agente externo pueda sustraérsela para alcanzar fines supuestamente superiores. Rechazo la sumisión y dependencia financiera de la Iglesia a una estructura coactiva, el Estado, cuyo objetivo consiste en la absorción, nacionalización y control  de la fe católica.<br />
El catolicismo no puede perpetuarse a la sombra del Estado, precisamente porque su mensaje es de libertad y no de esclavitud. Cuanto más se acerque la Iglesia al Estado, como sabiamente observó Ratzinger, más se desnaturalizará y corromperá.<br />
La Iglesia, entendiéndola como el conjunto de todos los católicos, tiene entidad y autonomía suficiente para impresionar al mundo con su minuciosa coordinación sin necesidad de ningún tipo de asistencia estatal.<br />
Es curioso cómo la izquierda, obsesionada por que el Estado controle todos los recursos de la economía, se rasga las vestiduras cuando ese mismo Estado que con tanto ahínco han promovido, los destina a partidas que no le gustan.<br />
La misma izquierda que defiende que los demás no deben tener derecho a gastar su dinero, quiere alzarse con el derecho a gastar el dinero de los demás. La protesta se convierte en una pataleta de niños malcriados: rompo la baraja cuando no me gusta cómo se desarrolla la partida.<br />
Es cierto que la Iglesia, aun cuando tenga una aspiración universalista, no representa a toda la población y que, por tanto, sólo quienes sientan una especial vinculación a ella deberían contribuir a su financiación. Ahora bien, este razonable argumento no se concilia bien con la indigesta hipogresía de la izquierda. Si la Iglesia no debe recibir financiación porque no nos representa a todos, ¿qué asociación debería recibirla?<br />
Una cosa es que la Iglesia debería autofinanciarse, otra muy distinta que los chupópteros profesionales de este país, las cigarras del cuento, los expertos en vivir del prójimo, embolsarse subvenciones y exigir prestaciones a costa de la cuenta corriente ajena, vengan a darnos lecciones de liberalismo.<br />
Ahora bien, esta necesaria separación entre la fe y la violencia no significa que la Iglesia debe quedar anestesiada ante cualquier fenómeno político o social. Como institución privada, la Iglesia tiene pleno derecho a combatir y denunciar todas aquellas manifestaciones que considere incorrectas u ofensivas para la sociedad o para el pueblo de Dios. </p>
<p>De hecho somos muchos, laicos y católicos, los que creemos en la necesidad de que la Iglesia se vuelva más beligerante con los poderes políticos. Los católicos deben enfrentarse contra un Estado que sólo pretende absorberlos y reducirlos a su más mínima expresión, contra un Estado cuyo objetivo último siempre ha sido matar a Dios y ocupar su lugar.<br />
Todos sabemos que el catolicismo baña por así decir, a la sociedad, como se muestra en sus monumentos, creencias y expresiones populares, arte y actitudes, de modo semejante a como numerosos judíos de Israel no son religiosos o se proclaman ateos, pero siguen siendo culturalmente judíos. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número considerable de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia, expresa de modo negativo ese hecho histórico. Aunque, obviamente, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles.<br />
La obsesión por la Iglesia católica no es propia de no creyentes, sino de beligerantes en el terreno de las creencias. Selectivos, eso sí. Hostigan a las que no se orientan de acuerdo a su conveniencia, mientras que, como buenos laicistas de pacotilla, piden respeto para los islamistas que imponen la teocracia, vulneran los derechos humanos y no dan carta de ciudadanía a las mujeres. Con los ayatolás, alianza de civilizaciones y con los católicos, a muerte. Debeis saber que de haberse impuesto Al Ándalus, habría hecho de España lo mismo que de las sociedades cristianas del norte de África o de Oriente Próximo: poco más que arqueología<br />
La descomposición ideológica del socialismo español ha conducido a un desentierro de señas de identidad caducas. El anticatolicismo hace resonar viejos odios y rencores, concentra resentimientos y satisface a los gurús de la secta.<br />
En el camino, mientras la derecha ha conseguido aglutinar a liberales y conservadores en torno a unos métodos, principios y valores comunes, la izquierda sigue aún en construcción. Sólo eso explica su culto a la Z, al santoral de supersabios incluido Al Gore, los evangelios de Suso de Toro y demás apóstoles, la promesa del Estado plurinacional y el paraíso de la Alianza de Civilizaciones. Y prometen 400 euros a cada votante/cotizante si ganan las elecciones porque no son capaces de quitar el andamiaje de su nueva religión, que se nutre de lo políticamente correcto en este preciso segundo y de una larga lista de tópicos vacíos.<br />
El resultado es que a la izquierda le irrita que la contradigan, que opinen sobre esas cosas que cree irrefutables, inefables y progresistas. Porque es, en definitiva, la vieja política, esa de la que decía Ortega que sólo pretendía la captación del Gobierno de España, frente a la nueva, preocupada por el aumento y fomento de la vitalidad de la sociedad española.</p>
<p><a href="mailto:Hilarioideas@hotmail.com">Hilarioideas@hotmail.com</a><br />
&#8220;Puede que no esté de acuerdo con su opinión, pero lucharé para que nadie le impida expresarla&#8221;<br />
MOVIMIENTO LIBERAL</p>
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