El concepto de lo público en el PP
16 enero 2008 – 15:04Ya sabemos que al PP, y muchas veces al PSOE, le da alergia todo lo público y se afanan en privatizar. Pero ayer noche pudimos comprobar que la fobia llega incluso a las instituciones públicas por las que tanto se afanan. Gallardón – de profesión centrista según Prisa – y la lideresa Aguirre han dejado bien clarito que ellos están para sus intereses privados, y aquí paz y mañana gloria.
Gallardón, visto que no puede ir de diputado para sustituir a Rajoy cuando pierda las elecciones – cosa esperada, dicho sea de paso, por el alcalde y la presidente – anuncia que dimitirá de su cargo, que para eso le eligieron los ciudadanos hace unos meses y él está en política para salirse con la suya. Peor ha quedado doña lideresa, dispuesta a dimitir de Presidenta – Lideresa de la Comunidad con tal de que Gallardón no se fuese el Congreso.
Ya hemos podido comprobar cuánto cariño tienen ambos dos por las instituciones, dispuestos a cambiarlas como cromos, en ese juego de niños en que están embarcados… pero a determinadas edades, jugar a niños le sitúa a uno entre lo gilipollesco y lo grotesco.

2 Responses to “El concepto de lo público en el PP”
Víctor, hace unos días colgaste una entrada sobre la degradación que hoy en día se aprecia en el seno de una parte del movimiento sindical español. Abriste en tu blog un debate que a mí me parece de gran importancia en la actualidad. Me gustaría realizar una aportación a éste a través de un artículo publicado en la página web Corriente alterna. Lo escribe Asbjorn Wahl que es el coordinador nacional de la Campaña por el Estado-providencia en Noruega y se titula “El método noruego: una política de alianzas y de experiencias de lucha contra el neoliberalismo”. Lo que me parece más interesante del artículo no es el resultado final de la estrategia seguida por una serie organizaciones sindicales que consiguen forzar una política de alianzas entre los partidos de izquierda y expulsar a la derecha del gobierno, sino más bien cómo demuestra que un movimiento organizado desde abajo, promovido por fuerzas sindicales que “se mojan” en los asuntos cardinales de la política económica y laboral (no sólo en cuestiones coyunturales)y en base a propuestas concretas puede lograr imprimir una nueva orientación en el terreno político a nivel nacional. Aquí tenéis la dirección: http://www.espacioalternativo.org/node/2522
Un saludo
By Despotrikator on ene 17, 2008
No tiene absolutamente ningún misterio la razón por la que son peores los servicios prestados por el Estado que los que presta por el mercado. En éste último existen beneficios, pérdidas y quiebras que obligan a los productores a responsabilizarse de sus actos sin que los consumidores tengamos que hacer nada. Cuando los servicios los presta el Gobierno, no existe tal responsabilidad. Por ejemplo, las escuelas públicas han estado dando un servicio de baja calidad durante décadas. ¿Cuál es el resultado? Que las personas que las dirigen ganan salarios más elevados. Es casi imposible despedir a los incompetentes. Y los contribuyentes, que financian el servicio, se ven obligados a pagar más impuestos.
Uno de los pilares básicos de una economía de mercado, el más fundamental de todos ellos, es el respeto de los derechos individuales, tanto de las personas como de las empresas. Frente a ellos, el Gobierno de turno no puede ni debe inmiscuirse bajo ningún concepto, ni de forma arbitraria. Esta es una verdad conocida desde mediados del siglo XVIII y aquellas naciones que, desde entonces, han sabido respetar las esferas de privacidad de las personas y las empresas son las que, al final, más han prosperado en términos económicos. La gente invierte cuando confía en que nadie, incluido el Gobierno, le va a arrebatar de forma arbitraria el fruto que deparen dichas inversiones. Si esa confianza se quiebra, esa inversión sin la cual no es posible el desarrollo económico y social desaparece.
Lo más triste de la historia de la humanidad es que casi todo el tiempo unos pocos han dominado a los demás, obligándolos a actuar en contra de su voluntad y hasta empujándolos a exponer sus vidas en guerras que poco o nada tenían que ver con sus intereses. Lo admirable de la revolución que culminó en la independencia de Estados Unidos es que se basó en el concepto de que uno es dueño de su propia vida. Ese era el ideal del filósofo John Locke respecto a nuestro inalienable derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de nuestra propia felicidad.
En ese tiempo se trataba de una propuesta radical y todavía mucha gente sigue sin entenderla. Nadie es nuestro dueño: ni nuestro país, ni nuestra familia, ni nuestra comunidad. Usted es dueño de su vida y decide cómo vivirla. Así lo afirmó Lincoln: “Nadie es suficientemente bueno para gobernar a otro sin su consentimiento”. Un médico no puede operar sin el consentimiento del paciente ni un mecánico reparar su automóvil sin su permiso.
Eso debería estar claro, pero seguimos dominados por políticas que lo contradicen y que recuerdan los tiempos en los que la gente era tratada como un recurso más de las elites feudales. Así, a diario los políticos y burócratas se las ingenian para imponernos leyes y reglamentos sin nuestro previo consentimiento y si no los cumplimos nos exponemos a multas o a ir a la cárcel.
Los “comunitarios” modernos denigran estos principios de libertad individual. Pero los próceres fundadores de la nación no abrigaban prejuicios contra la comunidad, sino que más bien mantenían que la comunidad humana tiene que ser voluntaria, no obligatoria. Mantenían que el principio que la comunidad se fundamenta en la acción voluntaria porque, si no se respetan los derechos individuales, el resultado, en lugar de ser una comunidad, se convierte en un hormiguero o enjambre.
Esto quiere decir que el bien público no puede lograrse violando los derechos básicos de los individuos. Por el contrario, tales derechos deben ser promovidos y protegidos todo el tiempo. Ese es el significado de la declaración, que explica que el poder justo del gobierno se deriva del consentimiento ciudadano y que el verdadero propósito del poder es garantizar nuestros derechos fundamentales.
Nada de eso va en contra de la comunidad, sino a favor de los hombres y mujeres que conforman esa comunidad. Si la comunidad rechaza estos valores fundamentales deja de ser apta para la convivencia humana.
Así vemos que gobiernos opresores muchas veces son el resultado de elecciones democráticas y una democracia opresora no resulta menos abusiva que una dictadura, sólo que su despotismo suele ser menos visible.
hilarioideas@hotmail.com
By Hilario Ideas on ene 21, 2008