Textos clásicos: Blasco Ibañez contra el Rey

17 julio 2007 – 11:54
Reconozco que el actual rey de España ha sido durante algunos años para la opinión internacional un personaje simpático. Su juventud, su carácter decidor a estilo madrileño y una intrepidez alegre de subteniente hicieron de él ese “personaje simpático tan amado por el vulgo que le ve de lejos y sólo aprecia las exterioridades.
El rey de España ha sido igual a esos niños prodigio que llaman la atención por sus facultades precoces mientras son pequeños. Luego, al convertirse en hombres, sin evolucionar oportunamente, resultan insufribles y peligrosos por su estacionamiento mental, y por la vanidad omnisciente que les infundieron los éxitos y adulaciones de su adolescencia.
Para hablar de Alfonso XIII es preciso traer a colación a Guillermo II. Del mismo modo que en el teatro existe la contrafigura que pasa por el fondo del escenario imitando al protagonista de la obra, que se halla en primer término, Alfonso XII ha sido siempre un imitador, un reflejo del antiguo Kaiser.
Existe en Cataluña un fabricante de champagne español llamado Codorniu, y aunque su vino no es malo, los burlones ríen de él al compararlo con el champagne legítimo, haciendo de dicho vino un símbolo de todo lo que es imitación más o menos grotesca. A Alfonso XIII le llamaban en los años anteriores a la guerra el Kaiser Codorniu.
Yo no conozco personalmente a Alfonso XIII. Nunca he querido dejarme presentar a él. Pero le sigo desde hace años con el interés del novelista que estudia un “documento humano” y lo conozco mejor que muchos de los que le han visto de cerca.
Estos Borbones españoles fueron siempre astutos y con cierto talento diabólico para sortear las complicaciones de la vida, haciendo al mismo tiempo su voluntad. Las resoluciones más extremas y violentas las revisten hipócritamente de una forma paternal. Fernando VII, fusilador de liberales, ordenó estos suplicios por el bien de la patria, de tal modo que las muchedumbres imbéciles lo consideraban un padre.
Alfonso XIII ama el despotismo, pero procura atacar las libertades públicas como si le obligaran a ello los que le rodean, para después, en caso de fracaso, dejar que castiguen a los otros y declararse inocente.
Alfonso XIII debe desaparecer del suelo español. El y algunos generales del Directorio tienen tal conciencia de su fracaso que en estos momentos sólo piensan en hacer dinero para asegurar su porvenir. Nunca en la historia de España se vio tal avidez por saquear a la nación, favoreciendo negocios particulares. En sólo un año de gobierno militarista se han consumado negocios inauditos. Van dadas concesiones escandalosas a compañías de ferrocarriles. Se ha otorgado el monopolio de los teléfonos en toda España a una sociedad sin concurso ni subasta, gracias a enormes propinas repartidas previamente. Hasta se ha hecho un privilegio de la reventa de espectáculos (teatros, cinemas y corridas de toros), confiando dicho privilegio a un individuo por un millón de pesetas anuales que entrega ostensiblemente a la hacienda pública y algo más que reparte en secreto a los que le proporcionan tan bonito negocio.
El rey y sus socios proceden como las gentes sin conciencia que al verse obligadas a abandonar una casa se llevan los clavos de las paredes.
-Si se va el rey, ¿qué pasará? -se preguntan millares de gentes simples. Seguramente que España se colocará en una postura de pueblo moderno, siendo mejor considerada por las grandes naciones civilizadas, que bien lo necesita…
Después de la última guerra han desaparecido de Europa dieciocho reyes y las naciones no han muerto por eso. Alfonso XIII será ahora.
-¿Qué pasará si se va el rey? -vuelve a repetir con tono de balido el rebaño de los simples y los miedosos.
Pasará que todos los españoles de buena voluntad nos juntaremos para crear de nueva una nación española que hace años dejó de existir.
No es difícil reconstruir España de una forma moderna, tranquila y progresiva. Ante todo, que se vaya el rey.
La República es la paz, es la escuela, es el respeto y la libertad de todas las opiniones.
Mas para que resulte posible esta transformación nacional es preciso que primeramente desaparezca el rey. Es un enredador, un intrigante, un biznieto de Fernando VII, que esparce en torno de su persona una acción corrosiva, semejante a la tinta que segregan ciertos moluscos…
Además, sería un bien para él y una tranquilidad para los nuevos gobernantes el verle lejos de España. Alfonso XIII debe ser procesado al recobrar la nación su vida normal. Es de justicia. Y los procesos de los reyes, cuando éstos no se alejan previamente, acaban a veces de un modo trágico.
De esto saben algo la Inglaterra de Cronwell y la Francia de la Convención.

Vicente Blasco Ibañez
Noviembre, 1924
Documento completo en http://www.asturiasrepublicana.com/

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