El libro maldito
23 enero 2012 – 9:56“Cual debía ser un libro intitulado De los tres engañadores del mundo, Mouysén, Cristo y Mahoma”… El carmelita Gerónimo Gracián de la Madre de Dios venía escandalizado de Holanda, donde había pasado una larga estancia. Allí – escribió – se toleraba la libertad de credo, no se quemaba a herejes y se daba refugio a libertinos, ateos, deístas y demás ralea.
Tengo debilidad por los libros malditos y prohibidos y Genónimo Gracián estaba citando uno de mis favoritos, un libro que hacía tiempo obsesionaba a la Europa del siglo XVII: el mítico “De Tribus Impostoribus” o Tratado de los tres impostores. La Iglesia lo ansiaba encontrar… para destruirlo. Los bibliotecarios esperaban obtenerlo. Unos afirmaban haberlo visto en alguna recóndita biblioteca, oculto tras otros libros, bien escondido. En los mentideros se rumoreaba que a tal hora de la noche y en círculos muy restringidos ¡se leía! – pssssssss – en voz baja, apenas audible. Los libertinos del XVII, quedamente, preguntaban a sus amigos ¿lo tienes tú? ¿lo has leído?
Por supuesto no tenía autor. Era un anónimo clandestino. El jesuita Garassa intentará – en vano – localizarlo. Cristina de Suecia ofrece una suma desorbitada por el Tratado y ordena su búsqueda hasta el último rincón de Europa. Nada. No hay manera. El libro blasfemo, maldito, nunca se localiza… pero sus efectos se notan. En todas partes.
A finales del siglo XVII aparece por fin el Tratado. Se difunden las copias. Va pasando de mano en mano y sus sucesivas ediciones entre 1775 y 1796 permitirán su supervivencia hasta nuestros días. Hasta llegar a mí, por ejemplo, que como queda dicho es uno de mis libros favoritos.
