A la Huelga General (III): La Refundación de la Izquierda

10 septiembre 2010 – 8:15

El tratamiento que se le debe dar al error en la educación ha sido tema de debate desde que naciera esta disciplina allá por el siglo XVI. Comenio, un gran pensador checo que habló de lo que hoy se llama pedagogía del error, señalaba ya por aquel entonces que el error no debe llevar a la culpa y al castigo. Hoy, más de 300 años después de su muerte, el error sigue sin ser considerado como una extraordinaria forma de evaluar aquello que no hacemos acertadamente y como una oportunidad para aprender a hacer aquello de la forma adecuada.

El error, también en política, representa actuaciones que hicimos en el pasado; por lo que aprender de los errores vendría a ser aprender del pasado, y aprender del pasado es a su vez encontrar los valores adecuados para construir el futuro. Esto sin embargo, cuesta que cale entre el profesorado, la experiencia docente les empuja a ejercer resistencias a cambios de este tipo. Lo sencillo es mantenerse en la “pedagogía del éxito” que tradicionalmente ha dominado las aulas, y hacer lo sencillo no es lo adecuado pero es lo común.

En la izquierda político-económica de España parece ocurrir otro tanto de lo mismo. El cuestionamiento constante de la realidad y la crítica han caracterizado siempre a la izquierda, y la ha ayudado a diferenciarse de la actitud pasiva y adocenada que da forma y caracteriza a la derecha. Esta virtud se ha ido convirtiendo en un agente erosivo cuando se le ha adherido el vicio de la culpabilidad y su consiguiente castigo.

Esta actitud punitiva en la izquierda política, al igual que en la educación, genera baja autoestima, situaciones internas de constante rebeldía y genera una cantidad preocupante de procesos muy complicados en las relaciones humanas. Por ello, el recelo que se tenía a IU ha derivado en una (decreciente) falta de entusiasmo por la Refundación, unos con argumentos y otros sin ellos. Su resultado es el extremo recelo (decreciente también) que en determinados sectores levanta Izquierda Unida, aun cuando está se muestra más receptiva que nunca al debate y a la transformación que consecuentemente la secunda.

En España la Refundación de la izquierda, promovida por los militantes de Izquierda Unida, supone un reto histórico al que se enfrenta la izquierda, si es que estamos todos verdaderamente dispuestos a asumir ese reto. En América Latina, asumir ese reto, la convergencia de las distintas sensibilidades anticapitalistas, les ha llevado a un proceso revolucionario sin precedentes.

Esta Refundación tiene muchos matices y variantes, pero tiene y debe seguir teniendo un eje principal e irrenunciable: la radicalidad democrática. IU nació y adquirió muchos vicios transmitidos por la clase política y por la sociedad, por ser parte de ambas. En 2008 la Asamblea Federal de IU hizo un examen de conciencia que aun no ha hecho ningún partido político, una autocrítica y revisión de nuestra actividad que nunca PP o PSOE han hecho por más falta que les hiciera. “Los errores políticos han sido numerosos y no queremos ignorarlos”, dice un documento Federal de aquel año.

Los militantes nos cuestionamos el papel de IU, no nos gustó nuestra trayectoria, cambiamos la dirección, y acordamos juntar a las fuerzas sociales y políticas anticapitalistas de España para que nos digan qué estamos haciendo mal, pues a la vista de los resultados electorales era evidente que no íbamos por el camino adecuado. Porque eso es lo que necesita IU, que los movimientos sociales y las personas cargadas de conciencia nos señalen y decidan recorrer con nosotros el camino del éxito, y no que se queden en la mera represión de los errores presentes y del pasado.

Y es necesario recordar que esto lo aprobaron los militantes. No lo hizo ninguna dirección ni ningún grupúsculo de poder con siniestras intenciones, lo votaron miles de militantes que queremos trabajar sinceramente codo con codo con aquellos que ya trabajan por construir una alternativa al capitalismo. Militantes que francamente reconocen que se han equivocado y que pretenden aprender de ello para que no vuelva a suceder.

Se ha podido escuchar la queja de que esta es la enésima refundación. ¡Y que así sea!, añadiría yo. Pues como sabemos, la izquierda es izquierda cuando esta se replantea de forma crítica y constante la realidad, lo que implica estar renovándose o refundándose constantemente si no quiere dejar de ser revolucionaria. Que nos quede claro: la revolución en Europa y en España se hará por medio de una fuerza política en constante cambio, o no se hará.

Y esa revolución tiene que contar con todas las fuerzas políticas que se han ido escindiendo de IU por la izquierda. Es vital y urgente la unión de la izquierda, tampoco necesariamente en un solo grupo político o un solo sindicato, como si en la acción y en la defensa de políticas comunes. Si fracasamos, si fracasa la huelga, la izquierda habrá fracasado. Habremos sido derrotados, quien sabe, si de forma definitiva ante la ideología del capital. Es necesario también que los socialistas afiliados al PSOE despierten y se desvinculen de un partido que traiciona los ideales que lleva a sus militantes a votarlos. Nos preguntamos las gentes de izquierdas en este punto si dentro del PSOE hay políticos con la valentía y determinación que tuvo Oskar Lafontaine, que en Alemania rompió con el partido socialdemócrata por su deriva liberal, devolviendo la dignidad a todos los votantes engañados.

Renovar IU, refundarla, o como lo queramos llamar, es un camino complicado, eso es innegable. Confluir todas las sensibilidades de la izquierda, o la mayor parte de ellas, es una andanza complicada; pero la vida y la política son así, en lo complejo está la virtud.

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