A la Huelga General (I): La nueva lucha de clases
2 September 2010 – 8:23Después de veinte años en los que se creía que la convivencia entre clases era posible, la crisis económica se nos revela a los trabajadores como un nuevo escenario de ataque de los poderosos a los trabajadores. La clase trabajadora se enfrenta hoy a la agresión del gobierno en una nueva fase de la lucha de clases. El discurso derrotista del capitalismo en los primeros momentos de la crisis ante el derrumbamiento del sistema financiero, donde patronos pedían paréntesis en el libre mercado y donde los banqueros y gobiernos entonaban el mea culpa, ha dado paso a una radicalización política y empresarial del PP y del PSOE, a una ofensiva total contra el estado de bienestar y a la acumulación de derechos, que con no poca sangre y sudor conquistados, disfrutábamos en cierta medida los trabajadores españoles, y en mayor medida los europeos.
En España, el decretazo ha sido la chispa que ha prendido un polvorín de 4 millones y medio de parados, de un estado de bienestar en desmantelamiento y de una agresión constante a los derechos sociales adquiridos por años de luchas sindicales y políticas. A Zapatero se le acumula una pila de cadáveres sociales debajo de la alfombra, y su peste parece que empieza a tornarse insoportable al olfato de la gente, y sobre todo, al de los ciudadanos que se consideran de “izquierdas”, algunos de ellos votantes del PSOE.
Esta última es una agresión más, dentro de lo que podríamos denominar cruzada de las élites contra los trabajadores europeos, que disfrutan de una herencia de derechos más o menos dignos gracias a las luchas políticas y sindicales que, en éste país, se dieron durante la lucha antifranquista y la Transición. Los ajustes que estamos sufriendo aquí son idénticos a los que están sufriendo los griegos con un gobierno también socialdemócrata, pero también son idénticos a los ajustes que se están haciendo o que se han anunciado en países como Alemania, Italia, Francia e Inglaterra, donde gobierna la derecha más neoliberal de Europa. En una actitud ya sin complejos, el PSOE ha fagocitado la política económica de la derecha europea, que no es otra que el sometimiento a las directrices de los que se hacen llamar “mercados”.
Han sido muchos años de dominación ideológica de la derecha en occidente, donde los partidos de centro-izquierda europeos han demostrado su alta capacidad de permeabilidad ante las posturas más radicalmente capitalistas de sus supuestos oponentes. En ese tiempo ha triunfado una derechización social que en cada país comenzó y se desarrolló de un modo sui generis, pero cortados a partir de 1989 con el mismo patrón al que se llamo globalización. La presencia marginal o meramente testimonial del sentimiento de clase (normalmente reducida al intelectualismo académico) entre los trabajadores ha sido su mayor victoria.
Dentro de ese contexto se pretendió que los trabajadores creyésemos en el fin de la historia, en una ecuación en la que la democracia burguesa más el capitalismo suponían un desarrollo y aumento de la riqueza infinito para todos, que no era malo ser rico porque todos podríamos llegar a serlo. Se nos dijo que el mercado se ajustaba solo, que era positivo y necesario que los poderes financieros que no se presentan a las elecciones controlaran los principios rectores de la política económica de un país. Se nos dijo que la riqueza no la creaban los trabajadores, que el pan que cada día teníamos en la mesa llegaba gracias al salario de un patrón y no gracias a las manos y riñones de unos agricultores mal pagados. Se nos dijo que no eramos clase obrera, que tener una casa y un coche nos convertía a todos en capitalistas, que si contratábamos a un camarero en nuestro bar o a una dependienta en nuestra tienda nos convertíamos en empresarios; que consiguiendo un contrato fijo podíamos mirar hacia otro lado ante la situación laboral precaria de nuestros compañeros más jóvenes.
Fue en ese proceso y no ahora, cuando los trabajadores perdimos la iniciativa. Fue entonces cuando les allanamos el camino a los neoliberales, para que, gobernara el partido que gobernara, llegara este día. El día en que las élites económicas mundiales lazan un jaque, quién sabe si mate, a unos trabajadores que se les ha repetido hasta la extenuación que los peones son ellos y tienen prohibido moverse por el tablero.
Para colmo, los trabajadores nos hemos ufanado durante estos 20 años de éxtasis capitalista en intentar crear diferencias artificiales entre nosotros, siendo altavoces de una propaganda que busca la desunión y la confrontación de individuos con los mismos intereses: los inmigrantes son explotados a cambio de su supervivencia, los jóvenes son becarios porque tienen que esperar su turno, los funcionarios tienen que tener un sueldo modesto porque tienen plaza fija y trabajan poco, etc. Mientras, las élites han aprovechado éste momento para reforzar su propia conciencia de clase, siendo las patronales de cada país y organismos internacionales como el FMI instituciones que defienden los intereses de clase de los poderosos frente al interés general.
Hoy el gran empresariado mundial sabe mejor que los trabajadores que solo existen los que crean la riqueza a cambio de un salario y los que especulan con esa riqueza. El trabajador y el capitalista. Dos clases antagónicas que en este nuevo escenario, donde no cabe el bienestar de ambos, han de luchar la una con la otra para su propia supervivencia y bienestar. Este mundo artificioso que durante 60 años se ha llamado estado de bienestar europeo, donde la conciliación de clases se decía que era posible y nuestro futuro, ha saltado en pedazos, roto unilateralmente por los que obtienen beneficios en tiempos de crisis.

La mayor conquista del movimiento proletario ha sido el descubrimiento de una fundamentación para la realización del socialismo en las condiciones económicas de la sociedad capitalista. El resultado de este descubrimiento fue que el socialismo se transformó, de sueño “ideal” milenario de la humanidad, en necesidad histórica.
En la sociedad capitalista, bajo las condiciones del desarrollo más favorable de esta sociedad, tenemos en la República democrática un democratismo más o menos completo.Pero este democratismo se halla siempre comprimido dentro de los estrechos marcos de la explotación capitalista y es siempre, en esencia, por esta razón, un democratismo para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos. La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas. En virtud de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria, que “no están para democracias”, “no están para política”, y en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social.
El PCE e Izquierda Unida organizan a partir de hoy en su sede de Ciudad Real (Calle de La Rosa, 8 ) un ciclo de cine. El tema del ciclo es el movimiento obrero, con el fin de hacer llegar a la ciudadanía manchega la importancia de las huelgas y la necesidad del éxito de la Huelga General convocada para el próximo 29 de septiembre.
















