Trabajar para la eficiencia
3 junio 2010 – 3:46A menudo recorro cierto camino cognitivo. Esto tiene sentido, me digo, y esto otro, y el resultado no está mal. Entonces me acuerdo de dónde empecé y sé que ni siquiera debí comenzar a andar. Esta tarde, otra vez. Creo que nunca aprenderé.
Ayudaba a mi abuela a rellenar un formulario médico. Algunas de las hojas, bastante mal impresas por cierto, debían ser rellenadas por el paciente, otras esperaban al día de la cita para que las cumplimentase el sanitario de turno (entiéndase “de turno” en su sentido literal y no con las connotaciones negativas que acostumbra a soportar). Se hace necesario en este punto preguntarnos por el sentido de mandar “tareas” a una paciente cuando un profesional pudo haberla orientado mejor sobre el sentido de los distintos apartados. Nos responderemos inmediatamente que es una cuestión de eficiencia, las fotocopias son más baratas que el tiempo de los profesionales. Nada que objetar, para eso está el listillo de turno, para ayudar a la abuela desorientada.
Pero no era todo un problema de dificultad, lo verdaderamente turbador era su contenido. Mediante un esquema del tipo “Puntúe del uno al cinco” preguntaban por la frecuencia con que el paciente X “Siente dolor al masticar”, “sufre dolores de cabeza”, “piensa en morir” “duerme con dificultad” o “se despierta demasiado temprano”.
En efecto, ha leído usted bien. Y, más adelante, se intercalaban preguntas del tipo ¿siente un cansancio anormal? o ¿puede cumplir con sus tareas habituales? con otras como ¿ha pensado en quitarse la vida? o ¿se siente culpable?
He dedicado unas horas a elucubrar sobre el sentido del cuestionario y he formulado dos hipótesis. O se trata de un método de diagnóstico psicológico encubierto para pacientes hipocondriacos o determinadas dolencias oseas están intimamente relacionadas con procesos depresivos agudos. Suena ridículo pero lo escribo en serio, he querido conceder el beneficio de la duda a nuestro excelentísimo sistema de salud público.
He querido pero no he podido. Hay uno o varios gilipollas sueltos por las oficinas grandes de nuestro excelentísimo sistema de salud público.
Me da igual qué quieran diagnosticar o si todo aquello tenía sentido médico. No es como hacer una campaña preventiva en los colegios, no. Alguien viene a tu consulta, te dice que le duelen los huesos y lo mandas a casa con un papel que le pregunta cuánto piensa en la muerte. Sea por lo que sea, es estúpido e indigno. Si existen sospechas de que alguien tiene una dolencia psicológica y puede suicidarse ¿cómo coño se le manda a su casa sin remitirla a un psicólogo? y si no ¿a qué coño viene la pregunta?
Y si es por ahorro o por eficiencia, no me importa. Que colapse la Seguridad Social si es preciso, no volveré a andar ese camino. Todo tiene un límite. El día en que todo el interés que mostramos por la vida de un conciudadano se expresa en un formulario es el día de preguntarnos sobre si la eficiencia trabaja para nosotros o nosotros para ella.








