La importancia de llamarse Ignacio

20 January 2010 – 17:29

A veces me da por envidiar a quienes fueron nombrados motivadamente; en honor a su padre o  algún personaje histórico o por el significado etimológico del término. Desde luego que me alivia no pertenecer a esa tristemente célebre oleada de Kevin Costners de Jesús que nació al poco de estrenarse “El Guardaespaldas” pero no puedo evitar cierto malestar cuando, para clarificar la pronunciación de mi nombre a algún extranjero debo aludir a esas tortitas de maiz triangulares. “Like the mexican food” suelo responder a la cara incomprensiva del erasmus de turno.

Como casi todo en mi vida, la historia de mi nombre completo, José Ignacio, tiene un origen pequeño y confuso.

Mi madre, embarazada y con mi otro suministrador de ADN en plena fuga, pasaba una mala racha. Entonces conoció a José Ignacio, un compañero de trabajo que, con su apoyo, dignificó mi estancia uterina y alegró la vida de mi anfitriona. José Ignacio contaba con que nunca tendría hijos y mi madre se propuso perpetuarle en letra, ya que en sangre no parecía probable.

Nunca conocí al tal José Ignacio, de modo que todo lo que sé de quien me dio nombre, que es practicamente nada,  es a través de una historia llena de elipsis que mi madre me contó por encima de las gafas mientras terminaba el dulce de un “hogar, dulce hogar” de punto de cruz”.

Google no ayuda mucho más de lo que lo hizo mi madre. Mis más célebres homónimos parecen ser el obispo José Ignacio Munilla y el etarra José Ignacio de Juana Chaos. En resumen, dos terroristas que ni siquiera son lo suficientemente célebres como para bromear sobre el asunto.

Es por esto que he acabado por refugiarme en la ficción y una perversión anglosajona de mi segundo nombre para colmar mi injustificada necesidad de identificación nominal.

Ignatius J Really, el personaje central de “La Conjura de los necios” resulta tan repulsivo como atrayente. Ignatius, un antihéroe egolatra, perezoso y propenso a la autojustificación se ve obligado a explorar el mercado laboral de una sociedad que detesta. Él es una distorsión autobiográfica de su creador, John Kennedy Toole y, a su vez, practica una distorsión autobiográfica llamada Darryl en su futura obra cumbre el “Diario de un chico trabajador”. Para cerrar el círculo, os dejo en esta, mi propia distorsión autobiográfica, algunas de las esencias cuya ubicación en el magnífico libro de Toole he sido capaz de recordar.

Hasta pronto,

Nacho, vuestro chico contestatario

“La fábrica ejemplifica el progreso que ha hecho pasar a los negros de recolectar algodón a cortarlo y coserlo”

“Siempre he sentido, en cierto modo, una especie de afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana”

“Yo personalmente protestaría con todas mis fuerzas si sospechase que alguien intentaba auparme a la clase media.”

“No creo en realidad que uno tenga necesariamente que rascar el fondo para poder enfocar subjetivamente a su sociedad. En vez de moverse verticalmente hacia abajo, uno debe moverse horizontalmente hacia afuera, hacia un punto lo suficientemente distanciado donde no quede inevitablemente desterrado un mínimo de comodidad material.”

Ignatius J. Really

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  1. One Response to “La importancia de llamarse Ignacio”

  2. Ay chico contestatario (y mi Naho favorito)… Es bonito tener un nombre que recuerda a la comida ¿no?
    Me has hecho pensar en que yo tengo uno ampliamente extendido por la geografía universal, inmortalizado por canciones chorras. Anyway, aunque la tierra esté poblada de muchas mujeres con mi nombre, no me disgusta llamarme así… Cuando nací le asignaron a la más pequeña de mis hermanas la tarea de buscarme nombre y ella me puso el mismo que años antes le había puesto a su muñeca favorita. Pese a todo me gusta que sea una persona tan especial en mi vida la que eligiera mi nombre.
    Por cierto, ¿has llegado a alguna conclusión acerca de si todas las personas con el mismo nombre tienen algo más en común?

    By Quiet on Jan 27, 2010

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