el polo proximal -queja a una mano-
28 agosto 2010 – 19:30se me ha roto un polo proximal y así dicho suena perfecto. mis dolores de ánimo somatizados, mi percance oseo nublándome el futuro inmediato, intensificando mis dolencias anímicas, el tetrazepam, el diclofenaco, la escritura a una mano, las pajas torpes e inacabables, perfecto, nunca hubiera encontrado mejores palabras con que aglutinar tan compleja coyuntura, fractura en el polo proximal -del escafoides, pero el escafoides es lo de menos, a mi me interesa el polo proximal-.
polo proximal tienen muchos huesos, pero basta con fracturar uno para inutilizar el resto. mi polo proximal fracturado, minúsculo y desconocido por mi hasta ayer, se revela imprescindible a cada minuto. por descontado que no puedo escribir, afeitarme, ni hacer palmas, pero nunca creí que unas zapatillas convenientemente atadas hicieran tanto por el confort del caminante ni había reparado en cuantos objetos de uso cotidiano tienen rosca.
mi mano izquierda, acostumbrada a funciones auxiliares, parece abrumada por el protagonismo, se esconde a la primera ocasión, se ablanda al asir, se niega a sostener, Ahora no me vengas a pedir lo que nunca me enseñaste, me dice a cada rato.
he aprendido, no obstante, que la fractura del polo proximal tiene una gravedad equivalente a la muerte, el politraumatismo craneal y un hematoma la nalga izquierda. la hermana del recién fallecido comunicaba frente a la puerta de urgencias la fecha y hora del velatorio, en el trabajo le darán algún día, supone. la hija del señor operado de juanetes aprovechaba sus contactos hospitalarios para agilizar la revisión de su progenitor puesto que la fecha inicialmente prevista se solapaba con sus vacaciones. Y yo cómo cocino con el golpe que tengo en el dedo, protestaba la mujer que no tenía nada más que un dolor y demasiadas obligaciones. La gravedad es siempre la máxima, toda, la alteración del frágil equilibrio trabajosamente alcanzado es sencillamente inaceptable.
Yo espero encontrar algo valioso entre los restos del derrumbe, quizá algún nuevo polo, proximal, magnético, helado, textil, de la clase que sea, un polo que reequilibre y desmienta la gravedad máxima de cada pequeño percance que nos acontece.
















