el polo proximal -queja a una mano-

28 agosto 2010 – 19:30

se me ha roto un polo proximal y así dicho suena perfecto. mis dolores de ánimo somatizados, mi percance oseo nublándome el futuro inmediato, intensificando mis dolencias anímicas, el tetrazepam, el diclofenaco, la escritura a una mano, las pajas torpes e inacabables, perfecto, nunca hubiera encontrado mejores palabras con que aglutinar tan compleja coyuntura, fractura en el polo proximal -del escafoides, pero el escafoides es lo de menos, a mi me interesa el polo proximal-.

polo proximal tienen muchos huesos, pero basta con fracturar uno para inutilizar el resto. mi polo proximal fracturado, minúsculo y desconocido por mi hasta ayer, se revela imprescindible a cada minuto. por descontado que no puedo escribir, afeitarme, ni hacer palmas, pero nunca creí que unas zapatillas convenientemente atadas hicieran tanto por el confort del caminante ni había reparado en cuantos objetos de uso cotidiano tienen rosca.

mi mano izquierda, acostumbrada a funciones auxiliares, parece abrumada por el protagonismo, se esconde a la primera ocasión, se ablanda al asir, se niega a sostener, Ahora no me vengas a pedir lo que nunca me enseñaste, me dice a cada rato.

he aprendido, no obstante, que la fractura del polo proximal tiene una gravedad equivalente a la muerte, el politraumatismo craneal y un hematoma la nalga izquierda. la hermana del recién fallecido comunicaba frente a la puerta de urgencias la fecha y hora del velatorio, en el trabajo le darán algún día, supone. la hija del señor operado de juanetes aprovechaba sus contactos hospitalarios para agilizar la revisión de su progenitor puesto que la fecha inicialmente prevista se solapaba con sus vacaciones. Y yo cómo cocino con el golpe que tengo en el dedo, protestaba la mujer que no tenía nada más que un dolor y demasiadas obligaciones. La gravedad es siempre la máxima, toda, la alteración del frágil equilibrio trabajosamente alcanzado es sencillamente inaceptable.

Yo espero encontrar algo valioso entre los restos del derrumbe, quizá algún nuevo polo, proximal, magnético, helado, textil, de la clase que sea, un polo que reequilibre y desmienta la gravedad máxima de cada pequeño percance que nos acontece.

El ejecutivo

8 agosto 2010 – 17:57

Lo que arriba veis bien puede desmenuzarse a través del valor simbólico; “Compre usted el sandwich que compraría un ejecutivo si no fuera una peruana quien hace la compra por él, y sea como él de una manera algo inocente e incluso kitsch”. El recurso parece bastante obvio para aquellos que hayan leído alguna vez las tiras de Mafalda y conozcan un poco el funcionamiento del Almacén Don Manolo.

Quizá sea, no obstante, algo grueso mi trazo sociológico, pero no creo que esté muy equivocado. Sin embargo, no veo por qué no analizar las cosas desde otras perspectivas que enriquezcan nuestro conocimiento de este simpático producto.

Puede, con un poco de imaginación, tomarse por la definitiva caída en desgracia de los grandes hombres. El pobre niño rico ha tenido siempre tanta pasta que nunca se le ocurrió aprender a freírse unos huevos con patatas y, llegadas las vacas flacas, se ha visto abocado a que todas sus comidas sean como una de esas cenas ligeras que tanto disfrutaba tiempo atrás.

Puestos a plantear lo improbable, me pregunto si el dichoso sandwich ejecutivo no estará diseñado para los miembros de este poder del estado. ¿Quien nos dice que no está destinado a facilitarles las largas estancias en el despacho a las que obliga la coyuntura de ingobernabilidad?

En realidad, y con la sola ayuda del diccionario, nos topamos con que la denominación del producto es en realidad certera e inteligente. El ejecutivo parece ser, DRAE en mano, quien “no da espera ni permite que se difiera la ejecución”. Tenemos entonces que conceder que el sandwich ejecutivo es el absolutamente dispuesto a ser preparado, perfectamente dosificado y moldeado con vistas a su perfecta compenetración con el pan de molde, de manera que ejecutar la ingesta no suponga demora o espera alguna.

Dicho todo esto, y para que veáis que todo acto tiene consecuencias, pasaré semanas diciendo a mis jefes que son excesivamente ejecutivos, reteniendo a los que se cuelan en la caja del supermercado pidiéndoles que no sean tan ejecutivos y, sobre todo, increpando a los conductores -aún desde la ventanilla del copiloto-. “¡Ejecutivo!” gritaré una y otra vez generándoles esa incomodidad aparejada al reproche no del todo entendido.

Días de fútbol

29 julio 2010 – 18:06

Hará unos dos años que me intereso por el fútbol de elite. La pasión que algunos hicieron por inculcarme durante mi niñez no resistió la evidencia de que, en la práctica y por lo general, las competiciones son aburridas y con un excesivo contenido especulativo. Baste como prueba de ello el reciente y soporífero mundial de Sudáfrica. Sin embargo, como digo, hará dos años que me intereso por el fútbol.

Quizá fue la reaparición de Guardiola, quien fuera mi ídolo durante mi etapa de adoctrinamiento infantil, la chispa emocional que desencadenó mi vuelta al redil. Desde entonces sigo con constancia resultados, clasificaciones y mercado de fichajes en las grandes competiciones mundiales. Y lo hago, fundamentalmente, porque es fácil. He ahí el quid de la cuestión, el verdadero éxito del fútbol, y que venga, si quiere, Angel María Villar a decirme lo contrario.

El fútbol funciona porque podría explicarse, de punta a cabo, en una entrada no demasiado larga de wikipedia. Bastan unas nociones y algo de atención a los dígitos del momento para pontificar sobre el deporte rey, por más melón que sea uno. Y perdonen que les de la réplica de antemano a los que van a decir que el fútbol es más complejo de lo que parece pero, aun más complejo de lo que parece, lo es menos que la política internacional, la filosofía o la botánica. En realidad es más simple que casi cualquier cosa.

A esta simplicidad contribuyen los esfuerzos de los agentes implicados por no mezclar churras con merinas ni permitir que nadie orine fuera del tiesto en el maravilloso mundo del fútbol mediado. Si uno juega al fútbol, puede regalar juguetes a niños hospitalizados, tener una novia modelo, posicionarse contra el racismo o ser hijo predilecto de su localidad natal, pero hasta ahí. Cualquier otra cosa es polítizar o, directamente, ser un gilipollas -lo que no viene demasiado bien a quien, en esencia, vive de vender camisetas con su nombre-.

Por todo esto, hace un par de años que sigo el fútbol de elite. Tal como he expresado en entradas anteriores, la consciencia del mundo me resulta agotadora. La lucha contra mi propia ignorancia se me hace cuesta arriba y la profesión que he elegido tampoco ayuda demasiado.

Habré pasado cuatro o cinco días sin visitar los diarios digitales, no he leído gran cosa, y casi no he consultado el correo. Dejé el móvil en vibración y me dediqué a vaguear y jugar al fútbol con mis amigos. A mi vuelta a la actividad parecía que un piloto de avión se hubiese ausentado de la cabina. Algún que otro individuo recriminaba insistentemente a un don nadie sin vacaciones -a mi, para más señas- que no hubiera reproducido sus cruciales comunicaciones en alguno de los medios de los que es redactor, y yo le respondía que había estado jugando al fútbol.

Estos días he pensado en cubrir a mi hombre, salir al corte, darla y tirar el desmarque. He pensado, concluido cada encuentro, en lo que hice bien, lo que hice mal y, sobre todo, en los dolores resultantes. La conciencia del propio cuerpo, extremada por el deporte y los rigores estivales se me antojan un magnífico analgésico para los dolores anímicos.

Ahora creo que tengo una lesión de rodilla y acabó de decidir que iré a hacérmelo mirar mañana. Por ello y por algunos casos conocidos, he pensado que el deporte tiene tanto o más coste para la sanidad pública que el tabaco, pero no tiene aparejado ningún impuesto compensatorio. Tras esta reflexión, he notado mi vuelta a la insoportable hiperactividad cerebral, a la duda continua y a las preguntas sin respuesta.

Espero ansioso a que la temporada comience de nuevo para poder dedicar unas horas a la semana a la certidumbre estadística, al conocimiento inequívoco de quién causó baja, cuántos goles lleva el pichichi y cuándo se celebrará el próximo clásico.

Crecer

21 julio 2010 – 3:30

A falta de todo principio de unidad, el pensamiento puede aún complacerse en describir y comprender cada rostro de la experiencia.

Albert Camus, sobre la fenomenología, en El Mito de Sísifo

María José, una prima de mi madre, ha venido a quedarse unos días en casa. Han pasado seis años desde que estuvo aquí por última vez y, de hecho, desde la última vez que nos vimos, con lo que hay mucho sobre lo que ponerse al día.

Opina que estoy muy cambiado. Yo creo que más que cambiado empiezo a quedarme calvo -magnífica herencia esta, la única que tuvo a bien dejarme mi  padre biológico, del que ya os hablaré en otra ocasión-. Ha notado también el espectacular crecimiento del olmo redondo que tenemos en el jardín. Y se ha sorprendido por el relevo generacional que Pisco, Alejandro y Nicolás han dado a los perros que vivían con nosotros por aquel entonces, todos ellos caídos en cumplimiento del deber perruno de ladrar, comer y yacer.

Anoche, María José nos contó que su hija, de 23 años, se ha independizado -buena noticia en estos tiempos de interminable convivencia paternofilial- y que ella se ha mudado a un piso mejor -mejor aún en tiempos de imposibilidad crediticia-. Hablamos durante una larga cena que abandoné en pleno postre para tomar algo con unos amigos.

Al llegar me encontré con una gran noticia, Pepe “el Largo”, de 17 años, había hecho su primera visita a un prostíbulo. Es este un verdadero rito iniciático en mi pueblo, y supongo que en muchos otros, que los chavales viven con la intensidad y el regodeo propios de la edad. Al parecer las chicas del “puticlú” rondaron insistentemente al “Largo” y este aguantó los envites durante el tiempo que tardó en beberse una Coca Cola, callado y tenso en todo su desgarbado corpachón adolescente. Todo esto contado por los presentes, claro. La narración del “Largo” confiere a la historia tintes ciertamente heróicos. Desde el trayecto en taxi hasta el guiño in extremis de una de las profesionales han quedado inscritas en su memoria para deformarse  hasta que, infinitamente embellecidos, los emplee como argumento para iniciar a algún otro chaval en esto de “ir a verlas” -maravillosa fórmula eufemística, que emplean, fundamentalmente, los que van al prostíbulo no sólo” a verlas”-.

Tras conocer la noticia, y un par de cervezas, me dio por recapitular y noté que había sido uno de esos días de coherencia temática. Recordé el encuentro en el autobús con Isabel, una niña a la que solía darle clases de inglés en primaria y que se dispone a cursar una doble licenciatura en derecho y empresariales. Y recordé el enfado de mi madre al decirle yo que ella estaba ya mayor.

No fui capaz de extraer sentido de todos aquellos hechos y ni siquiera he puesto empeño en hacerlo. Tras descubrir la genial obra de ficción de Camus me he adentrado en su “no ficción” y no sé si podré salir de ella algún día. Me limitaré, mientras dure su influjo, a describir sin aventurarme a grandes conclusiones ni principios rectores de lo descrito.

Creo que mis posibilidades creativas dan un paso adelante y dos atrás con cada cosa que aprendo. Cuenta María José que su hija  ha encontrado trabajo fijo, que por eso se ha independizado, y que por eso mismo ha tenido que dejar el equipo de fútbol. El reumatólogo dice que  mi madre ha menguado un centímetro en el último año. Y la copa del olmo debe de tener un diámetro de unos 7 metros.

Hugo murió de un ataque de epilepsia, Nana y su hijo, Saltarín, de cáncer. El “Largo” asegura que las profesionales quisieron tocarle la polla. E Isabel no piensa conformarse con otra cosa que no sea la doble licenciatura en derecho y empresariales aunque, por el momento, está en lista de espera.

Y me pregunto si todo esto es crecer; si mudarse es crecer; si morir es acrecentar el suelo que pisamos; si menguar es mejor o peor que crecer; si ir a prostíbulos es de gente crecida, creciente, carente o sobrada. Y aquí os dejo sólo preguntas porque no estoy en condiciones de responder a nada, apenas de describir.

Os podéis meter la calderilla por donde os quepa

6 julio 2010 – 23:42

Sanofi se replantea la inversión de 90 millones en España

Es el titular -que por principios no enlazaré- de Diario Córdoba y El Periódico de Cataluña respecto a una multinacional farmaceútica que no anda muy contenta con la rebaja en el precio de los medicamentos que impuso nuestro gobierno por real decreto el pasado 18 de Marzo.

La pieza se basa en las declaraciones de Belén Garijo, una señora muy seria y bien vestida que “trabaja” como presidenta de Sanofi-Aventis en su división europea. La tipa advierte que quizá no inviertan ya los 90 millonazos de euros que tenían pensado invertir en España -actualmente, apenas son 18 anuales- y, por si alguien no está aún atemorizado, apuntilla que la inversión en I+D a nivel europeo del sector farmaceútico descenderá unos 300 millones de euros sobre el total actual de 900.

La cosa pintaba fatal y a mi el café se me iba atragantando conforme avanzaba esta mañana  en la lectura de la noticia. El atragantamiento, finalmente, estuvo a punto de ser causado por un ataque de risa cuando leí que el recorte de precios supondrá una merma en los ingresos del sector de 2100 millones de euros anuales, es decir, una rebaja en los gastos del estado de 2100 millones de euros anuales. Vaya, que se pueden meter sus 90 millones y los 300 de I+D por donde les quepa, que con los 2100 ya nos las apañamos nosotros.

Sabéis que procuro no daros la brasa con la actualidad, que para eso ya están otros, pero hay veces que no puedo quedarme callado. Además, esto no deja de ser un relato sobre la condición humana. Sobre los límites de la codicia, sobre cómo la soberbia puede llevarte a amenazar de manera tan ridícula a todo un país, sobre el amor al dinero por encima de todo. Esta tal Beatriz, pretenderá que el estado exprima a sus ciudadanos para pagarle a ella lo que haga falta por su mierda de pastillas y tiene la cara de ir a contarlo a los medios.

Los farmaceúticos, por cierto, andan también en pie de guerra porque con la rebaja de precios también pierden ellos. Como es bien sabido de todos, estos señores constituyen el grueso de la indigencia en España puesto que los exiguos márgenes de beneficio no les dan para más que unos cartones de vino y unos mendruguillos de pan al mes. Si os fijais, de hecho, es común verles haciendo horas extra como músicos callejeros o estatuas vivientes. Lo que explica su indignación ante la medida. Ya está bien de ironía.

Menos quejas ¡coño! panda de gentuza codiciosa. Más las industrias, pero tampoco es poco lo de los farmaceúticos. Como no os enmendéis os va a caer encima una revolución obrera que os vais a cagar.

Felicidades con retraso

29 junio 2010 – 15:43

Hace cinco días que cumplí 24 años. He necesitado cinco días para rumiarlo y contarlo.

Tengo seis familiares que optaron por felicitarme por teléfono, siete amigos lo hicieron con un mensaje de texto y debieron de ser un par de decenas los que emplearon el facebook. Por su parte, algunas empresas dejaron mensajes en mi bandeja de correo electrónico, ignorantes de mi escaso poder adquísitivo y, de hecho, nula voluntad adquisitiva.

Recibí, como regalo de aniversario, unas sandalias y una mochila. En el capítulo de los regalos turbadores, una amiga de la familia concluyó que me vendría bien una crema exfoliante.

Nunca ha sido gran cosa mi cumpleaños. Una vez conseguí reunir un montón de amigos en una azotea, el resto se perdió entre la coyuntura. En el cole, las clases acababan de terminar; en la fuck, (abreviatura de facultad, mucho menos cursi que uni) todo el mundo andaba de exámenes; y año tras año, mi aniversario coincidía con la onomástica del jodido rey de España. Todo el santo día en los informativoas y de mi, ni una palabra. Así me hice republicano.

Esta vez dediqué la vispera a jugar al fútbol, pagué unas cervezas a los compañeros de equipo y casí acabo dormido en una silla de plástico de la terraza de un bar de carretera (vivir en un pueblo al pie de la autovía convierte cualquier bar en un bar de carretera).

El día D lo pasé haciendo un reportaje sobre un campamento de pacientes de oncología infantil, no me atreví a pedirles que me cantaran el cumpleaños feliz. Después de eso, me fui a cubrir el pleno municipal y tampoco parecía el ambiente apropiado para cancioncillas.

Con un año más estoy un poco más calvo y resisto peor el alcohol. Un año después se han impuesto las nuevas tecnologías de la felicitación y los compromisos laborales.  A mi 24 cumpleaños he llegado, como a casi todo, tarde. Me felicito un día 29 consciente de que la vida es pura química, una amalgama ininteligible que intentamos atrapar en símbolos, con escaso éxito en mi caso. Os dejo para concluir, un enlace a una historia cumpleañera que anda escondida entre los archivos de este blog y se me antoja mucho más interesante que mis pequeños fracasos festivos.

Contracrónica del 27-J

28 junio 2010 – 1:10

Nunca fui de manifas, por falta de ocasión más que otra cosa. Soy más bien del tipo que ideologiza sus cotidianidades, de los que gustan de arreglar el mundo cuando están ebrios. Hoy, sin embargo, he abandonado la revolución de barra y madriguera para asistir a una manifestación de verdad. Concretamente la que Izquierda Unida había convocado en Madrid contra los recortes en los derechos de los trabajadores y por una salida social de la crisis.

Me ha gustado la conciencia de clase, que yo creía demodé y sin embargo se resiste a desaparecer. Me gustaron los hombres de campo cantando “En la Plaza de mi Pueblo” y el pequeño anarquista sobre patines, doceañero a lo sumo, incitando a corear “el hijo del obrero, a la universidad”. Me gustaron los puños en alto, el clima prebélico, y la contundencia de las consignas.

Me ha gustado tener la sensación de que es posible un verdadero cambio. Quizá excesivamente influído por los efectos de la propaganda, durante los minutos de mayor euforia grupal, experimenté esa omnipotencia ilusoria que tenemos después de la tercera copa. Estuvo bien. 

Lo que pásó, lo que se dijo, está en los periódicos. Os ofrezco en su lugar algunas de las imágenes que quise y pude retener  

¡Salud!

Vuestro chico pancartero

La historia de España y la morfología del cuento

19 junio 2010 – 14:24

Ayer aprendí un par de cosas sobre mi pueblo. Salvador que, como alguna vez he mencionado, es un hombre muy leído me contaba que en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía se promulgó una de las primeras leyes europeas que contemplaba la obligatoriedad de la educación primaria. Esto en 1767.

Investigando un poco más sobre el caso me encontré con otra ley contenida en el mismo Fuero que la anterior y que, sin embargo, parecía estar en contradicción con ella. Quizá no en contradicción literal pero si en su espíritu. Rezaba lo siguiente:

“No habrá estudios de Gramática en todas estas nuevas poblaciones, y mucho menos de otras Facultades mayores, en observancia de lo dispuesto en la ley del Reyno, que con razón les prohibe en lugares de esta naturaleza, cuyos moradores deben estar destinados a la labranza, cría de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado…”

Por supuesto, la contradicción no es más que aparente. El espíritu auténtico era el de esta última ley mientras que la obligatoriedad de la educación primaria respondía a una voluntad de adoctrinamiento. Las Nuevas Poblaciones se formaron con hombres y mujeres traídos de centroeuropa, especialmente alemanes, suizos y belgas y pese a que cada uno de ellos traía consigo un documento de sus respectivos obispados que le acreditaba como católico, era mucha la desconfianza por la posible propagación del protestantismo. De manera que esa educación primaria educaba en dios y en el idioma, el otro gran déficit de los nuevos pobladores por motivos obvios.

Todo ello, puesto en consideración, me hace pensar en Vladimir Propp. Propp es autor de una importante obra lingüistica llamada Morfología del Cuento. En ella, reduce a unidades significativas mínimas, las funciones contenidas en un amplio catálogo de cuentos populares rusos. Pese a que su estudio, por su vocación científica, se ciñe a un número limitado de cuentos, es aplicable, en mayor o menor medida, a la mayoría de ficciones e incluso de realidades existentes. El texto es una lectura recomendable no sólo desde el punto de vista lingüistico, literario o comunicacional sino también desde el antropológico, el sociológico  y, en definitiva, de casi todas las humanidades. VStar, comentarista  habitual de este blog y, a su vez, mi otra mitad en el mundo exterior, analizaba recientemente en sus clases de ciencias políticas, la figura del líder y el trasfondo de las campañas electorales a través de la “morfología del cuento”.

La pertinencia de todo esto que escribo esta asociada al hecho de que las funciones se mantengan  inmutables entre un cuento y otro y varíen sólo en los atributos concretos de sus ejecutores. Creo que el conocimiento de la historia y de la morfología del cuento conducen inevitablemente a pensar en toda la historia de la humanidad como una sucesión de personajes distintos ejerciendo funciones equivalentes.

Pienso en mi pueblo hace cinco o seis años, ahogado en dinero del ladrillo y sin que pudiese prolongarse la educación secundaria más que en uno o dos ciclos formativos. No imagino a ningún político diciendo que sus  ”moradores deben estar destinados a la labranza, cría de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado…” pero la historia le pone a uno en duda.

Las relaciones de poder se me antojan idénticas a cualquier escala y en cualquier tiempo. Y esta suerte de fatalismo que es en realidad estatismo,  podría llevarnos facilmente a la parálisis subversiva, al ¿para qué todo esto si siempre acaba igual?. Recordemos, llegado este punto y para no concluir de manera tan apocalíptica, las sabias palabras de Jacob (El personaje de lost) para decir que esto “sólo acaba una vez, todo lo demás es progreso”. Recordemos asimismo y volviendo al mundo real, unas  palabras del hombre que murió ayer “Si el mundo alguna vez consigue a ser mejor, solo habrá sido por nosotros y con nosotros. Seamos más concientes y estemos orgullosos de nuestro papel en la Historia. Hay casos en que la humildad no es buena consejera. Que se pronuncie alto la palabra Izquierda. Para que se oiga y para que conste.”.

El sociólogo irreverente no es idóneo

16 junio 2010 – 22:40

Recién adquirido este blog, acudí algo ansioso a la portada de 3i en busca de esa imagen mía tan progre que diseñé para atraer a las masas lectoras. Me encontré además, unas líneas más arriba, con una entrada de don Hugo Abarca titulada “Nacho no es idóneo”. Como el mundo gira en torno a mi bello y pequeño ombligo, me di inmediatamente por aludido y lo tomé por una patada en a boca de bienvenida. “¡Jodidos Rojos!” pensé, “¡tienen que opinar sobre todo!”.

Pinché el enlace y descubrí que hay más de un Nacho en nuestro país. La entrada aludía a un pepero que andaba en liza por alcanzar la presidencia de Caja Madrid.

Pensé que algún día contaría ese pequeño trago, un día en que se conjugaran pertinencia y sequía intelectual. Y hoy es ese día. Las obligaciones me desbordan y los blogueros desembarcan en 3i ansiosos por juntar letras.

Dense por bienvenidos los autores del Sociólogo Irreverente y Rigurosamente Cierto y tengan por seguro que cada vez entiendo menos que me dejen escribir tanto disparate entre tan buenos blogueros.

 

la infancia del sociólogo irreverente

Consecuencias de la crisis

15 junio 2010 – 19:45

El problema de dejar que los políticos nos gobiernen es que no saben hacer otra cosa que política. Si tuvieran estudios, cerebro o, puestos a pedir, ambas cosas, se encargarían de buscar la mejor solución para cada problema, el mejor movimiento ante cada oportunidad. Pero de eso ya se encargan otros en Bruselas, en Washington y en definitiva en los lugares donde se decide el destino del mundo. Mientras tanto, los políticos hacen política.

Lo malo de esta profesión es que requiere ingentes cantidades de dinero para publicidad, compra encubierta de medios e intervenciones visibles, adecuadas o no, en el medio público. Cuando no hay dinero para eso, los políticos deambulan por sus despachos como animalillos encerrados sin saber que hacer, sin obras que adjudicar, sin acuerdos ni convenios que firmar, sin cámaras ante las que posar. Empieza entonces el trabajo de los asesores que rebuscan algún pasatiempo que distraiga a sus jefes del drama social que se ven obligados a presenciar desde los amplios ventanales de sus despachos.

Esta mañana anduvo por mi pueblo el delegado del gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón inaugurando un edificio que lleva cerca de tres meses cumpliendo con su cometido, que ya fue inaugurado y que, todo sea dicho, fue remodelado con fondos del Plan E.

Pues nada, a inaugurar se ha dicho. Rueda de prensa, foto, sonrisa y autopalmadita en la espalda por lo bien que se adjudicaron los fondos hace más de un año y por lo bien que cumplen su propósito desde hace tres meses. Puestos a inaugurar, recomiendo al delegado que vuelva por la provincia a inaugurar la Mezquita Catedral de Córdoba, que les ha quedado muy bien y ha recibido muy buenas críticas de los expertos en arquitectura de los últimos diez siglos.