Mi parte preferida de mi biografía preferida sobre Napoleón Bonaparte, de Max Gallo. No tiene desperdicio.

6 September 2009 – 0:03
La rueda de la fortuna gira de nuevo, dispuesta a aniquilar a muchos hombres y posiblemente a abatirme.

El secretario le entrega una carta de Murat, quien solicita una vez más servir en el ejército francés. Napoleón la tira al suelo y comienza a dictar:

“El emperador no puede emplear a un hombre que, hace un año, traicionó a los franceses. Este mismo año, ha comprometido a Francia atacando prematuramente a los austriacos”.

No hay nada que añadir. Pero unas horas más tarde, cuando pasa revista al 13º regimiento de dragones en la plaza Vendome, recuerda las cargas heroicas de Murat.

Vuelve a lamentarse al Elíseo. Ese lunes 5 de junio de 1815 un oficial va a se encuentro en el vistíbulo del palacio y le tiende un despacho. Al leerlo, Napoleón pierde el mundo de vista. Cuando vuelve en sí, le dicen que se ha desvanecido. Aún tiene la carta en sus manos. El mariscal Berthier ha muerto. El príncipe de Neuchatel, detenido en Bamberg por los austriacos, se ha arrojado por una ventana.

Berthier, el hombre de todas mis campañas, el jefe de estado mayor que me entendía antes incluso de que hubiera acabado de exponer mis planes. Berthier, que sólo me traicionó en Fontainebleau, que huyó con Luís XVIII y que, sin duda, quiso unirse de nuevo a mí, ha tenido remordimientos y ha elegido la muerte. Berthier faltará ahora en mi ejército. Mis suboficiales y mis soldados quieren batirse, pero ¿Dónde están mis generales, dónde están Lannes, Duroc, Bessières, Berthier? Ney está casi loco. Soult me ha traicionado, y no es un buen jefe de estado mayor. ¿Qué vale Grouchy? Davout, el mejor, debe quedarse en París. ¿A quién dejo si no detrás de mí? ¡Y he de combatir contra toda Europa, más de un millón de hombres y todo el dinero de Inglaterra¡

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