Sobre la vuelta del revés de Marx por G. Bueno.
17 octubre 2008 – 19:01En esta ocasión voy a hacer referencia al artículo del filósofo español Gustavo Bueno titulado “La vuelta del revés de Marx”, sobre el cual no tengo punto de coincidencia. Y digo esto desde el respeto a G. Bueno, especialmente en el plano intelectual, en el que nadie dudo que se atreva a cuestionar sus extensos conocimientos, otra cosa es que se coincida o no con él políticamente.
Para mí el primer error de Gustavo Bueno (G. B en adelante) es la supuesta necesidad de una “vuelta del revés del marxismo” relacionada con la caída de la URSS. Yo hablaría más bien de la necesidad de haber dado la vuelta a la URSS partiendo, o teniendo como base, los documentos marxianos y de posteriores intelectuales marxistas. Son dos posiciones para mí irreconciliables y de donde parten dos posiciones políticas de cara al futuro difíciles de conciliar.
De hecho más que dar la vuelta a Marx partiendo de dicho suceso los análisis en mi opinión más brillantes de la época eran los que reclamaban hacer un planteamiento refundacionista de las experiencias socialistas entroncando con la tradición democrática marxista (insertada en la tradición democrático-republicana, y en conexión evolutiva respecto a Robespierre), que era el único modelo que podría permitir avanzar hacia la desburocratización del Estado y el dirigir los objetivos económicos por otros caminos.
La URSS tiene un cáncer grave desde que la oposición interna y extranjera impiden, o cortan en seco, la experiencia de los soviets y convierten a la URSS, como dijo Lenin en 1922, en “estado obrero deformado”. Esto unido a los errores internos partiendo de una situación dificilísima, con un país atrasado a transformar y con dieciocho ejércitos extranjeros intentando derrocar el gobierno revolucionario, son la raíz de la situación. En consecuencia un análisis de la caida de la URSS no debe partir de los “indicios”, sino que debe partir de la realidad materialmente existente heredada de la “guerra civil”, y en consecuencia la necesidad de dar la vuelta a Marx debería partir de ahí. Lo contrario no se ajusta a un análisis materialista y político del Estado nacido de las revoluciones de 1917.
Lo planteado es puramente una cuestión ideológica, la cual más que dar la vuelta a Marx es su negación (sobre los temas mencionados). Leyendo a por ejemplo el Marx de la Comuna de París se elabora una crítica marxista al Estado soviético sin la necesidad de malabarismos filosóficos.
Sobre la “Demolición misma del concepto de clase universal” tampoco estoy de acuerdo. Lo que Marx realiza es un análisis materialista de las clases sociales existentes en la sociedad (consecuentemente con su posición en relación con los medios de producción), y digo esto partiendo de que Marx era bastante eurocentrista, y la mayoría de sus análisis y reflexiones están en gran medida ligadas al proletariado nacido de la Revolución industrial, y es partiendo de ahí como se entiende la necesidad del proletariado para la acción conjunta y unitaria en la medida de lo posible del movimiento obrero. Y la llamada unidad supraestatal, al contrario de la tesis del texto, es cada vez más importante, y apremiante, con el objetivo de crear plataformas materialistas capaces de hacer frente a la actual fase del capitalismo, cuestión que desde los actuales plataformas estatales como por ejemplo España es sumamente difícil, o imposible, desde el punto de vista de una transformación socialista victoriosa en el tiempo. Y dicha unidad sólo puede ser concebida desde una unión ciudadana, desde la unión de los sectores sociales no propietarios de medios de producción o ligados a capitales especulativo. Es decir, la unión de los herederos del proletariado de mediados del s. XIX.
Claro que, como dice G.B, la “unión no existía” después de la II Guerra Mundial, como tampoco existía en los tiempos de la I Internacional, pero es por eso precisamente por lo que en el movimiento comunista se hace un llamamiento a su unidad ya que las condiciones objetivas materiales existen, otra cosa es que el proceso político esté alejado de dicha situación.
Sobre la consideración o no como “proletariado” de los ciudadanos empobrecidos del Tercer Mundo y la consideración por parte de G. B de que se “parecían más a un lumpen proletariado” estaré personalmente o no de acuerdo dependiendo de la situación concreta, no de modo generalizante. Por ejemplo en la reforma agraria mundial está llevando a la extinción de los pequeños propietarios agrícolas, proletarizándolos, semiproletarizándolos o acumulándolos en las zonas marginales de las urbes, con lo cual, por difícil que sea su situación, por desorganizados que estén, estos desposeídos del mundo son una base para los nuevos movimientos sociales y políticos que están surgiendo en África. Lógicamente no organizados según la concepción europea, entre otras cosas también por el alto grado de represión, pero los queramos llamar proletarios o no son las bases de los focos rebeldes de África, y si no se los considera proletarios es porque no tienen trabajo al que acceder, pero desde otra base materialista están en la posición en relación con el capital del proletariado del s. XXI en el tercer mundo, y lo que está claro es que es un proceso de lucha de clases desde la perspectiva marxista, en la que los desposeídos son cada vez más desposeídos e intenta rebelarse por tener acceso a elementos productivos con los que sobrevivir. Así que no son proletarios desde la concepción del siglo XIX, entre otras cosas porque allí no ha habido proceso industrialización a la imagen europea, pero sí desde la perspectiva de los desposeídos del tercer mundo en el s. XXI. Y de ahí la importancia de los Foros Sociales continentales y Mundiales, porque son los que pueden crear las redes para establecer una alianza entre los sectores revolucionarios o transformadores del primer mundo con los del tercer mundo, alianza sin la cual veo muy difícil la transformación hacia ese otro mundo posible.
En cuanto a la cuestión de la estructura y la superestructura tampoco estoy de acuerdo, y pongo el mismo ejemplo que G.B, el petróleo. La prueba de que la pertenencia en el subsuelo del petróleo no sirve de nada si no hay mecanismos para extraerlo y posteriormente elementos para consumirlo es la negación del argumento de G.B, por la sencilla razón de que si previamente no hay una estructrua económica y social que hace que el petróleo sea un elemento central de nuestras sociedades (con unos propietarios del propio petróleo comprado, de los medios transformadores del petróleo, un funcionamiento ligado a su consumo - ¿Qué poder tendrían los “petroleros” el día que pueda ser sustituido este producto por otro tipo de energías?-, etcétera el petróleo no serviría de nada, y en consecuencia las oligarquías políticas islámicas ligadas a este negocio directamente no existirían ni tendrían poder político, es decir, no podrían estar en la superestructura del sistema al carecer de estructura en clave marxista.
El análisis de estructura y superestructura sigue siendo válido. Hoy los poderes del mundo lo son porque tienen la propiedad y control de la estructura, y esto es lo que les proporciona el poder político.
Tampoco encuentro sentido a la teoría de dar la vuelta al marxismo en lo relativo al Estado y las clases sociales (el Estado como origen de las clases sociales, segú G.B). En mi opinión la teoría de la división de clases como origen del Estado, como superestructura que es, ha ido cambiando su ordenación en base a los cambios en las dinámicas de fuerza entre las diferentes clases sociales. Así, por ejemplo, a medida que la clase burguesa fue acumulando capital fue ampliando su poder político y forzando reformas en el ordenamiento estatal heredado de la Edad Media, y en el momento en que se hizo la fuerza hegemónica destruyó el “Estado Moderno” y se construyó Estados de cuerdo a sus intereses. El Estado no es otra cosa que un instrumento de dominio, control, ordenación y represión en manos de la clase hegemónica, que le da la “forma” que más le conviene. Y el Estado cambia su ordenamiento en base a los cambios en la estructura y las dinámicas enfrentadas de las clases sociales. El Estado, en definitiva, es una representación de la situación de la lucha de clases e interclasista.
Por otra parte hay una cuestión sobra la que no quiero extenderme: Por supuesto que cuando los españoles “entraron” en México o el Perú conculcaron un derecho de propiedad ya que allí había sociedades organizadas, estructuras políticas, a sus habitantes se les imposibilitó tener acceso a la tierra y riquezas naturales, se cometieron todo tipo de matanzas, etc.
Y finalmente abordar un último punto de debate, el de la dialéctica de Estados. Como ya he afirmado, en clave marxista, que el Estado tiene su sello de clase no me quiero extender mucho más sobre este tema. Los antiguos Estados hegemónicos europeos van desapareciendo como elementos fundamentales para el avance de sus respectivas clases hegemónicas -aunque siguen siendo instrumentos imprescindibles- ya que la fusión y concentración de capitales los va superando (unido, por supuesto, a la hegemonía de EE.UU económica, política, militar y tecnológicamente) en cuanto a su funcionalidad. Podemos hablar de una fusión de capitales a nivel europeo, y los Estados se han hecho “pequeños” para las necesidades de la lucha actual -ya digo que siguen siendo herramientas de gran importancia, pero dominar el BCE, la Comisión, etcétera es también fundamental-, tanto para la oligarquía como para la ciudadanía. Por lo tanto la dialéctica de Estados es una teoría para mí falsa, lo que en realidad hace es camuflar la lucha entre distintas oligarquías que dominan los Estados. Y pongo dos ejemplos muy sencillos: 1. En el conflicto de Osetia del Sur tanto EE.UU como Rusia son los estados que intervienen, pero única y exclusivamente como instrumentos necesarios para responder al control necesario por parte de oligarquías enfrentadas por una zona estratégica a nivel mundial (Oleoductos, gaseoductos, control sobre Rusia, etc.), y ambos como Estados al margen de esa lógica no pintan nada; 2. Al margen de enfrentamientos directos entre imperialismos, otro ejemplo sencillo pero que adquiere cada vez más importancia en el mundo (Repúblicas ex URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia, Boliva, Venezuela, Ecuador, tensiones en la propia Europa occidental, etc.), que es el de los nacionalismos rupturistas en el mundo, ya que no hay ninguno que no esté ligado a la instalación en su territorio de una mayor acumulación de capital respecto a sus vecinos o no sea potenciado por una intervención extranjera -y en la mayoría de las ocasiones ambos elementos a la vez-, con una estrategia de debilitar a Estados desde un punto de vista ciudadano y en beneficio del propio capitalismo imperialista, fragmentar los controles al capital, obtener mayores beneficios económicos, debilitar a un enemigo, etc. Para ello montan medios de comunicación masivos, capital financiero, bancario e industrial como base estructural del nacionalismo (también para los nacionalismos “estatales” como el de EE.UU), con una superestructura capaz de gestionar e impulsar el conflicto y la forma de hacerse con una base social al margen de la estructuración clasista, etc. Pero esto es pura lógica capitalista en la que el enfrentamiento entre Estados, protoestados, etcétera responden a intereses en los que dichos elementos son simples instrumentos.
Salud y República.








2 Responses to “Sobre la vuelta del revés de Marx por G. Bueno.”
Genial artículo, lo comparto plenamente.
Sobre las refundación del socialismo sobre una base democrático-republicana, es conveniente recordar esa maravillosa entrevista a Joaquín Miráis que publicasteis en 3i:
http://www.tercerainformacion.es/3i/article4636.html
En ella podemos destacar respuestas geniales como:
“Creo que el comunismo es un proyecto necesario: el proyecto ideológico comunista es el único cuyo núcleo central entronca con la tradición de la democracia heredada de la Revolución Francesa, a pesar de todos los desdibujamientos. En consecuencia, su núcleo ideológico, explicitado en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, es que el fin fundamental de toda actividad es construir un movimiento popular, el movimiento de la democracia, que permita a las clases subalternas organizarse e intervenir de forma directa y protagonista en la política y luchar por la soberanía. Esta es la única prioridad inexcusable del comunismo”
ó
“No existe ninguna otra tradición actual que se atreva a recordar que la violencia del enemigo aconseja tener teoría de la violencia como instrumento de lucha. Curiosamente, esta idea que es puro realismo político, y que siempre ha sido sostenida por el republicanismo tradicional, se borra en las elaboraciones teóricas de otras corrientes republicanas actuales y en las de las demás fuerzas políticas populares”
Recibe un cordial saludo.
By Javi on oct 17, 2008
Gracias por tu comentario, “hermano” rojo, jajaja.
La entrevista a Joaquín Mirás la verdad es que es tremendamente brillante.
Un abrazo.
By Pedro Mª De Palacio on oct 18, 2008