Notas sobre el conflicto colombiano

25 agosto 2008 – 5:42

De los sindicalistas asesinados en Colombia el 49 por ciento lo son por grupos paramilitares de extrema derecha al servicio del Gobierno (nacional e “internacional), el 43 por ciento por el Ejército y un dos por ciento por la guerrilla de las Farc.

De los desaparecidos las organizaciones internacionales como Amnistía Internacional atribuyen 97%  a agentes estatales y paramilitares, y el 3% a las guerrillas.

Para analizar el contexto político, social y económico colombiano si no partimos de estos datos no podremos comprender nada,  en conexión con la situación de pobreza en la que vive la mayoría de la población así como la distribución de una riqueza muy concentrada y en conexión con la oligarquía internacional.

Hace pocos días conocimos la triste noticia del asesinato del conocido sindicalista y dirigente comunista llamado Luís Mayusa Prada

La criminalización, persecución, asesinato gubernamental al que se somete al sindicalismo en Colombia es un elemento fundamental que impide en gran medida las luchas pacíficas  revolucionarias en Colombia, y en “demasiadas” ocasiones asesinan a sindicalistas influyentes, con una honestidad a prueba de tiros, y que además apuestan por vías pacíficas y demás. Cuando la izquierda revolucionaria/transformadora colombiana (incluyendo a las FARC) intentó caminar por vías pacíficas y aceptando el modelo democrático burgués y se descubrió que podían ganar las elecciones lo que se hizo fue asesinar a sus candidatos presidenciables. Eso pasó con la Unión Patriótica. Los militantes y simpatizantes de la UP empezaron a ser asesinados, llegando a superar la cifra de cinco mil personas. El candidato a la presidencia Jaime Pardo-Leal fue asesinado en 1987, y lo mismo le ocurrió a Bernardo Jaramillo-Ossa en 1990. Finalmente en 1994 fue asesinado el senador Manuel Cepeda-Vargas, el último parlamentario que le quedaba a la UP. Antes se habían asesinado incluso a ocho de sus diputados, y los alcaldes y concejales asesinados se cuentan por centenares. En los últimos diez años han sido asesinados en Colombia 12.000 sindicalistas y dirigentes políticos legales.

Enfrente están los representantes de la oligarquía internacional, especialmente la de matriz yanki, pero también por ejemplo la española entre otras (de la que los gobiernos del PP y del PSOE hacen de interlocutores). Desgraciadamente, pero como no podía ser de otra manera, son carne en el asador que permiten en primer lugar hacer de Colombia la plataforma del Imperio para dominar e influir en la región y por otra parte permite a aquellos que no tienen la más mínima capacidad para discernir que no todos los medios son admisibles y que están asesinando a gente inocente y que además perjudican a todo el país (porque esto último ha sucedido con las FARC en demasiadas ocasiones). Lo ha dicho Chávez y lo ha dicho Fidel Castro, estas acciones son lo mejor que le puede pasar al Imperio, del que Uribe es un mero representante, y el Ministro de Defensa una parte de las industrias armamentísticas.

En este contexto, especialmente justo en el núcleo/centro del conflicto, hay una gran cantidad de gente de izquierdas, muchos comunistas, que llevan décadas apostando por otras formas de hacer las cosas, por otras formas de exitir Colombia, y a los que regularmente asesinan los sicarios del Gobierno y por otra parte las Farc y compañía les impiden su crecimiento como elementos de cambio si es que les permiten vivir los primeros. Aunque también hay que estudiar detenidamente por qué ellos mismos entienden la lucha de las FARC en muchos casos, y por otra parte si su misma muerte a manos del Imperialismo en la mayoría de las ocasiones no es una evidencia de que la izquierda en su conjunto debería llegar a un consenso sobre qué vías tomar.

Lo que debe estar claro es que en todo caso lo que realiza la oligarquía (a través del ejército, de los paramilitares, del gobierno Colombiano, de las instituciones internacionales que les apoyan y los gobiernos europeos que les legitiman con su silencio y su no enfrentamiento) es una lucha contra todo elemento revolucionario de la sociedad colombina, esté relacionada con las FARC o no. Y además una cosa es lo que son las FARC (al margen de la consideración que se tenga de ésta) y otra cosa son las otras realidades políticas, sociales y organizativas del país. Pero como esta última cuestión no se tiene en cuenta interesadamente a partir de ahí se recurre a posturas fascistas: Con esa excusa lo que hacen es meterlo todo en un mismo saco, y lo que es peor, me dedican a matar a gente por el simple hecho de reclamar condiciones laborales y de vida digna, con el consiguiente -y por supuesto- beneficio directo a la oligarquía instalada en el país, que es la verdadera beneficiaria de la situación actual y por eso está tan contenta con el gobierno Uribe y el que salga de ahí.

Y por encima de todo esto en Colombia hay un terrorismo mucho más soterrado y mucho menos evidente, y que son esas políticas avaladas por los organismos internacionales aplicadas por los distintos gobiernos que son los que mantienen al campesinado en la extrema pobreza así como a gran parte de la población.

Por lo tanto son varios los elementos a analizar, y a distintos niveles. Independientemente de lo que se opine de las FARC (e incluso sobre los niveles en este sentido) hay que pensar a quién beneficia la actual situación, y sobre todo diferenciar entre políticas democráticas para luchar contra elementos como las FARC y políticas fascistas al servicio de la oligarquía nacional y yanki que elimina toda libertad social contestataria en el país, especialmente en el campo laboral. ¿Que se llega a la conclusión de que las FARC no son la vía para la transformación en el país? Estupendo, no hay problema, pero entonces trabajemos en serio y con fundamento, y no denunciemos sólo los asesinatos de las FARC mientras seguido vamos a comprar café al supermercado con toda comodidad mientras el campesino que lo produce en Colombia está prácticamente en la esclavitud. Vamos a analizar la realidad de estos países en todos los sentidos, y no demos patente de corso como hace Europa al gobierno de Uribe (como se hace también con China) porque es lo que se hace en la práctica, y al margen de las FARC se exija internacionalmente al Gobierno Uribe y a quienes representan que no pueden violar sistemáticamente los derechos humanos y en una proporción que triplica en el informa de AI el de las FARC, estudiemos cómo ese campesinado puede vivir dignamente accediendo a la tierra y organizándose entre ellos, cómo podemos hacer que los productos que salen de Colombia sean a un precio razonable al que se venden en el primer mundo y no como ahora, cómo se pueden abrir espacios de participación democrática que solucionen todas estas cosas, cómo se puede hacer que el gobierno de Colombia no garantice que las inversiones en el país permiten una mano de obra prácticamente esclava en relación con Europa, por qué la Educación está por los suelos, por qué la Sanidad es una utopía, etc., y con todo esto habremos solucionado gran parte del problema, porque ni el gobierno puede utilizar militares ni las FARC existirían, porque es importante recordar lo que le pasó a las FARC en los años 80 cuando apostaron por la vía de participación en las instituciones del país.

El problema está en que todo esto no se quiere hacer, y porque la situación actual es muy beneficiosa para los elementos instalados en las instituciones, empezando por la industria armamentística que tan bien se lleva con el Ministro de Defensa, el mismo que está en Washington cada dos por tres dando ruedas de prensa conjuntas con su homólogo yanki. Y tal como está la situación en América Latina en su conjunto esto no se va a revertir, porque Colombia ha pasado a ser un punto elemento de influencia/control en la región. Pero esto sólo se soluciona desde una solución humanitaria, y que no pasa sólo por los derechos políticos, que también, sino por dar de comer a la gente y que viva con dignidad, sino tendremos en América Latina conflictos de este tipo cada dos por tres que se alargarán durante décadas arrastrando miles de muertos, fundamentalmente pobres. Y para esto hay que exigir que las FARC dejen de actuar como actuan (al menos cómo realizar su política guerrillera, especialmente en relación con los secuestros, porque una cosa es enfrentarse al ejército o los paramilitares como hacía la guerrilla dirigida por F. Castro o otra cosa muy diferente es la errada e inhumana política de secuestros), sí, pero también hay que denunciar a todo aquel que tiene connivencia y apoya al gobierno de Uribe (y no me refiero a nivel ciudadano) tanto en el plano ideológico, como de acción política y cómo organiza la sociedad, y por aquí pasa por denunciar en primer lugar a las instituciones internacioanales en las que estamos integrados y que mientras a otros los asfixian a este le dan palmadas en la espalda.

Pero si partimos de esta posición hay que partir de que tiene que haber mucha gente dispuesta a morir. El guerrillero del ELN Miltón Hernández a la pregunta “Qué es lo que lleva a un sacerdote a tomar las armas” contestó “En Colombia tenemos que decir: Es más fácil y muere menos gente si montas una guerrilla que si montas un sindicato”. Así que habremos de concluir que el escenario colombiano es muy difícil como para hacer afirmaciones tajantes. Yo me siento muy contrariado por muchas acciones de las FARC, como por ejemplo los secuestros, pero también hay que decir que diariamente están siendo asesinados la gente de izquierdas que sigue vías pacíficas a manos del Gobierno y sus secuaces.  Así que hay que repensarlo todo, e inventaremos o erraremos, pero lo prioritario debe ser cómo se construyen espacios de actuación desde la propia sociedad (entendida en el sentido amplio, empezando por el espacio de trabajo) y cómo se puede proteger a los activistas en peligro de asesinato, y como Fidel Castro yo, desde la humildad, tampoco me atrevo a decir en el contexto colombiano que hay que dejar las armas cuando los que lo hacen han sido y son asesinados, pero en cualquier caso lo que sí digo es que los que utilicen las armas deben llevar una estrategia más inteligente dejando a un lado prácticas desde las que es imposible construir algo como los secuestros, persecución -por mínima que es- a algunos sindicalistas o campesinos, etc.

Saludos y República, y mi solidaridad con las víctimas del conflicto colombiano.

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