La “consulta” del Gobierno Vasco
16 julio 2008 – 2:25Como en este país el eje izquierda-derecha (con fundamento) está desplazado de la agenda política (por culpa de ambas, sólo que para lo que una es la vida para la otra es la muerte) y parece que no hay otra cosa de la que tratar que no sea la “consulta” que propone el Lehendakari Ibarretxe y el conjunto del Gobierno Vasco a la ciudadanía vasca pues me voy a animar yo, aunque intentando introducir algún elemento de clase más allá de todo nacionalismo burgués -vasco o español-.
Vamos a empezar por las preguntas:
1. “¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?”
2. “¿Está usted de acuerdo en que los partidos políticos vascos, sin exclusiones, inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del pueblo vasco, y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice 2010?”
Sobre la primera pregunta surgen varios interrogantes de forma inmediata: ¿Qué diálogo? ¿Basado en qué? ¿Con qué límites? ¿Con qué agentes? Es decir, de política nada de nada. Más bien antipolítica interesada. Además esta pregunta sería aceptable hace un año, cuando se estaba en otra situación, pero ahora está condicionada a algo no controlable como es ETA, lo que carece de fundamento político. Además el diálogo es previo a la negociación y a la declaración del fin de la violencia, porque por mucho que los gobiernos digan lo contrario el diálogo ha durado siempre meses antes de que ETA haya declarado una tregua.
Sobre la segunda pregunta lo primero que se me ocurre es lo siguiente: ¿A decidir qué? De nuevo la pregunta no tiene respuesta; o tiene tantas con otras tantas posibilidades contrapuestas que la elimina de cualquier vislumbre de seriedad. Porque fíjense que yo estoy de acuerdo en la realización de un referéndum sobre la independencia del País Vasco o sobre un Estatuto de Autonomía como el de Gernika pero no por ejemplo de un referéndum sobre el denominada Plan Ibarretxe. Y teniendo en cuenta que el Gobierno Vasco actual es el mismo que pretendió la aprobación del Plan Ibarretxe (que un documento repulsivo al margen de las implicaciones para los ciudadanos vascos, sino directamente para el resto de ciudadanos españoles desde el momento en que un “matrimonio político” se pretende aprobar con un referéndum a una de las partes y la otra tiene simplemente que tragar. Cualquier documento de este tipo o se hace con el acuerdo de las dos partes o lo contrario debe ser combatido. Y digo esto esto al margen de la cuestión de clase, y es que todo lo que vaya a fragmentar el mercado laboral, los espacios fiscales, etcétera en la actual Unión Europea es un proyecto al servicio del neoliberalismo) poco o nada podemos fiarnos de este tipo de planteamientos.
El problema está en que el Lehendakari hizo en su día la promesa de la consulta, y como el escenario electoral le impide seguir con sus propósitos soberanistas (burgueses) escapa por donde puede, arrastrando al Gobierno Vasco (unos por intereses y otros porque ya son títeres profesionales) a un ejercicio de nihilismo político.
Personalmente estoy de acuerdo con que se consulte a la ciudadanía sobre absolutamente todo (al contrario que el Gobierno Vasco, español y europeo), pero siempre y cuando se den las condiciones de que las preguntas sean claras, concisas, tengan consecuencias efectivas y que ni la respuesta ni la aplicación estén sujetas a interpretaciones (interesadas o no). Nada de esto se contempla en el mencionado escenario, por el contrario es un mal gasto de medios humanos, ecológicos (y también económicos, se habla de cinco millones de euros), y además sólo produce cansancio y distanciamiento democrático en la ciudadanía por la sencilla cuestión de que las preguntas no tienen la más mínima implicación/consecuencia para nadie ni para con nadie.
Con predisposición de un mínimo de seriedad y queriendo hacer política (de nuevo con un mínimo de seriedad) hay preguntas relacionadas con este conflicto que sí serían un marco apoyable y exigible. Por ejemplo tres muy sencillas: 1. ¿Rechaza Usted la acción de ETA? (lo que sería un duro palo a ETA y su entorno político); 2. ¿Apoya Usted la ilegalización de partidos políticos? (Duro palo si sale que no para aquellos que utilizan esto como arma política utilizando la Justicia según les conviene); 3. ¿ Aprueba Usted el derecho a la independencia del País Vasco?
Estas sí son preguntas serias, concretas e imposibles de interpretar. Lo mínimo a pedir en una consulta, y además nos permiten aclarar el escenario político vasco. Esto no quiere decir que la gente de izquierdas no vayamos a tener un discurso coherente a nivel del Estado, al contrario la clarificación de la cuestión nacional en este sentido es lo que nos lo daría, porque lo que hay en la actualidad es pura basura política, haciendo en cada sitio lo que conviene y sin la más mínima unidad de acción.
Pero siendo todo esto importante, lo mismo que hay pacifismo socialista y pacifismo burgués pues hay “derecho a decidir” burgués y “derecho a decidir” socialista, y todo lo que ha emanado de los distintos gobiernos vascos en este sentido durante estos últimos treinta años ha sido profundamente burgués. ¿Por qué no se habla y se reclama desde el Gobierno Vasco el derecho a decidir por ejemplo la limitación de las ganancias del capital? ¿O la limitación del precio de la vivienda? ¿O si se puede despedir a un obrero cuando la empresa en la que trabaja obtiene beneficios por la simple razón de maximizar aún más los beneficios? ¿O a que sea destinado a la Sanidad un tanto por ciento mínimo de los Presupuestos autonómicos para evitar la actual situación lamentable en la que se encuentra ésta gracias a aquellos que apoyan los presupuestos autonómicos? ¿O a decidir la política del suelo? Etcétera, etcétera. Estas cosas no se plantean porque no le convienen al capital, y en consecuencia nos movemos únicamente en términos y políticas burguesas.
En este último sentido siempre es llamativo el que cuando se analiza la cuestión vasca desde la izquierda rara vez se tiene en cuenta que es un territorio económicamente privilegiado y donde históricamente se ha producido una importante acumulación de capital procedente de entre otros espacios el resto de España (cuestión que para explicarla habría que remontarse al periodo denominado “la reconquista”) y que los principales elementos potenciadores del nacionalismo son determinados sectores del capital instalado a los que les conviene esta situación para aumentar SU DERECHO A DECIDIR sobre las clases populares y asegurar mayores cotas de ganancia. El principal elemento del autogobierno vasco es un atentado contra la justicia social, la redistribución de la riqueza, y hablo del Concierto Económico, tanto en cuento a la Hacienda como del modelo fiscal. La cuestión de la Hacienda es ya sencillamente grave, empezando porque es una negación de cómo se crea la riqueza en el actual mercado, y el modelo fiscal sería una obligación denunciarlo desde la izquierda ya que es un modelo que impide la creación del Estado social aquí y en cualquier parte del mundo, consistente en tener unas bases impositivas al capital menores que el vecino (con los consiguientes perjuicios al vecino, especialmente a Castilla y León, La Rioja, cantabria, etc.) para atraer la inversión de capital, obligándose el uno al otro a reducir cada vez más la carga impositiva para garantizar su competitividad en este aspecto, y en consecuencia eliminando o reduciendo progresivamente uno de los pilares de la financiación del Estado social.
No tener fronteras fiscales (también en un hipotético País Vasco independiente dirigido por las élites capitalistas actuales a través del PNV y demás) con quien no tiene una armonización fiscal mínima es algo de lo que se beneficia el País Vasco (por lo que el PNV y demás no quieren la independencia, sino al estilo del Plan Ibarretxe formar parte de España para aprovechar todas sus ventajas pero sin a su vez ninguna responsabilidad socia, económica, etc.), y esto es algo denunciable (tanto en la situación actual como en caso de independencia) tanto en el caso español como con perspectiva europea (lo haga quien lo haga), y entre otras cosas por lo que nos opusimos (IU) al Tratado de Maastricht.
Por lo tanto es una obligación desde la izquierda plantearse estudiar con detenimiento la cuestión vasca partiendo de un análisis materialista que nos permita rearmarnos intelecual e ideológicamente para abordarlo desde el País Vasco, España y la Unión Europea, partiendo siempre de que la fragmentación de los mercados laborales, fiscales, sociales, etcétera son ataques directos a la posible influencia de la izquierda en la sociedad, y al contrario de lo que se dice reduce la soberanía de los nuevos estados (y de los viejos reducidos) cada vez más a los mercados financieros y los grandes capitales que dejan su soberanía reducida prácticamente a la nada y convirtiéndose ellos cada vez más en los que verdaderamente determinan en mayor proporción la acción de los gobiernos (esto sucede en la situación actual simplemente sin tocar las actuales fronteras, pero con el brutal avance en la fusión y concentración de capitales se nota progresivamente más y todavía más aún si reducimos los espacios materiales de decisión ciudadana).
Salud y República.







