Sobre la crisis ganadera.

20 febrero 2008 – 2:50

El martes de la semana pasada ganaderos acudieron a la convocatoria del COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) y se manifestaron frente a la Delegación de la Junta de Burgos denunciando la diferencia de precios a los que se paga al productor de ganado y lo que paga el consumidor en el mercado, afirmando concretamente que la diferencia es de entre un 400 % y un 500 %, lo que en palabras del Presidente Provincial de COAG en Burgos, Pedro Puras, se debe a la especulación de los intermediarios.

Las Merindades si bien ha descendido en comparación con tiempos pasados el número de personas dedicada a la ganadería todavía hay un considerable número de unidades productoras. Este descenso se debe, tanto a nivel local como nacional, a la progresiva pérdida de competitividad de las unidades agrícolas rurales frente a la progresiva industrialización e internacionalización del sector (necesitando, entre otras cosas, en la actualidad un ganadero no industrial una cantidad de tierras que perfectamente pueden ser equivalentes a las utilizadas antiguamente por el conjunto de ganaderos del municipio), y también, cómo no decirlo, el que España sea una potencia económica a nivel mundial (con todos los matices que se le quieran añadir) no elimina el hecho de que a su vez sea una potencia dependiente de otras potencias, y concretamente la Política Agraria Comunitaria (PAC) está beneficiando a por ejemplo Francia tanto como está perjudicando a España. En la actualidad hay un pulso en relación con la política agraria europea con el enfrentamiento de las intenciones encabezadas por Francia y las encabezadas por Gran Bretaña, pero en cualquier caso España se verá perjudicada por ambas.

Vemos cómo está afectando la crisis del sector en las Merindades, así como en la provincia y el conjunto del país. No voy a entrar a valorar el dato concreto que da el señor Puras cuando afirma que el 50 % de las 35.000 explotaciones ganaderas existentes en Castilla y león pueden llegar a desaparecer fruto de la crisis ganadera, lo que sí diré es que negar la crisis y el descenso de unidades productoras es de ciegos.

En el periodo de un año los costes de producción en las explotaciones han aumentado un 40 % mientras que las ventas en origen se han mermado un 12%, lo que son datos muy significativos. Para paliar los efectos habría que hacer un estudio riguroso de las economías de cada explotación y desarrollar un programa de ayudas en función de las necesidades (estudiando bien los casos, porque indudablemente hay quien se ve beneficiado por la situación), establecer un programa de control sobre las importaciones (esto indudablemente requiere un cambio de nuestro Gobierno en cuanto a las políticas Comunitarias) especialmente para la leche y la carne, así como la prohibición de los transgénicos.

Pero que nadie se lleve a engaño, la crisis no sólo se debe a causas internas, ni a argumentos delirantes basados en la competencia (para creer que el capitalismo se basa en la competencia ya somos mayorcitos…), ya que por ejemplo según datos aportados por COAG se ha vendido cordero francés e irlandés subvencionados en un caso en más del 80 % y en el segundo en un 117 % como si fuera cordero burgalés.

Y finalmente sobre este tema he leído una propuesta de COAG que me ha llamado la atención porque de alguna manera supone poner sobre la palestra elementos económicos de tintes marxianos: El doble etiquetado de los productos, es decir, indicar en el producto vendido al consumidor el precio que se le ha pagado al productor y al que finalmente es vendido. Una buena iniciativa que se debería extender a todos los productos.

Salud y República.

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