Sobre las fiestas cristianas (O más bien paganas).

5 noviembre 2007 – 5:22

Pongo a continuación un artículo que escribí hace un tiempo sobre el por qué de nuestras celebraciones asociadas a la religión determinados días del año. El tema está muy resumido y ha sido tratado por científicos de gran calidad en distintas obras, aunque para el que quiera abundar sobre manipulaciones históricas relacionadas con la Iglesia recomiendo la liviana obra titulada “Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica”, escrito por Pepe Rodriguez.

Bueno, pues a lo que vamos:

         Desde el principio de los tiempos el hombre ha adorado a los astros, especialmente al sol.

        En una primera fase el culto por excelencia era a la luna, pero ésta muy pronto fue apartada por el culto al sol, que era el que traía la luz del día, venciendo a las tinieblas nocturnas y marcaba, con su posición en el cielo el paso de las estaciones. El ciclo astral fue la base sobre la que se construyeron y desarrollaron  los mitos y ritos de la fertilidad, y de los que se alimentaron en gran parte las religiones posteriores.

        Durante la antigüedad, en todo el planeta, el Sol fue el emblema de todos los grandes dioses, y curiosamente los monarcas de todos los imperios se hicieron adorar como hijos del Sol. En este contexto, la antropomorfización del sol en un dios joven está constatada en la historia de las religiones como en dioses como Horus, Mitra, Adonis, Krisna, etc.

        Y curiosamente todas las personificaciones de dioses solares acaban por ser víctimas propiciatorias que expían los pecados de los mortales, cargando con sus culpas, y son muertos violentamente y resucitados posteriormente. Buenos ejemplos son el dios hindú Shiva, Baco, Ausonius, Adonis, Dionios, Atis, etc.

        Si nos fijamos en la figura de Jesús el Nazareno se ve claramente la influencia de la divinidad solar que representa. Está identificado con el Sol de la primavera que se despierta en toda su gloria después de su muerte invernal (aspecto simbolizado por la muerte de Jesús y su permanencia en el sepulcro para, al igual que la vida latente en el huevo – y en la naturaleza toda- , eclosionar o resucitar radiante, tras el periodo de tres días de dolor y oscuridad, despertando al mundo a la nueva vida).

        La Iglesia católica, por ejemplo, celebra la fiesta de Resurrección de Jesús durante la Pascua, que es llamada también  Pascua Florida por transcurrir en la época del florecimiento de las plantas, y durante esta conmemoración tiene lugar un rito del que ya nadie recuerda su significado original; se trata de la costumbre de regalarse el “huevo de Pascua”. El huevo, desde la época neolítica representa uno de los símbolos más importantes de cuantos aparecen en las iconografías y mitografías de todas las culturas y, obviamente, está ligado al ciclo agrario de la eclosión de la vida. Por eso, durante la primavera ( la estación en la que estalla la vida en su ciclo anual) , era una costumbre ritual extendida entre los antiguos el intercambiarse huevos coloreados. Y esta costumbre la tenían pueblos tan diversos como los egipcios, los escandinavos. Y la Iglesia, no pudiendo eliminar esta fiesta pagana por su absoluto arraigo popular, se la apropió y la manipuló para adaptarla a su particular simbolismo solar.

        De hecho, el propio contexto de la Pascua de Resurrección y su fecha de celebración ( el primer domingo – día del sol- después de la luna llena siguiente al equinoccio de primavera ) ya constituye por sí mismo una prueba de la íntima relación de continuidad mítica que existe entre los primitivos cultos solares agrarios y el cristianismo. No fue por casualidad, claro está, que la fiesta de la Pascua cristiana se instauró en el mismo tiempo en que se conmemoraba la resurrección anual de Adonis ( precedente del mismo mito ancestral que se hizo encarnar en Jesús) y, otro dato muy importante, haciéndola coincidir con la Pascua judía, fecha en la que los hebreos celebran el fin de su éxodo desde el 624 a.C. Unos y otros, paganos y cristianos, conmemoraban lo mismo: el nacimiento del joven dios solar salvífico que les garantizaba el porvenir;  los hebreos, el nacimiento del “pueblo elegido de Dios” a la libertad, al futuro prometido por Yahveh.

        Además es muy curioso, porque la fecha de la supuesta resurrección tendría que haber ocurrido en un día concreto por lo que tendría que tener una fecha fija, pero no es así, ya que ésta varía de acuerdo con la distribución del año astronómico, con lo que se reafirma  el origen pagano de este fundamental mito cristiano.

        Y también la denominación de Cordero Pascual empleado por la Iglesia al Jesús de la Pasión es un mito pagano. En los escritos neotestamentarios se identifica repetidamente a Jesús con el “Cordero”, con el Agnus Dei, cuya función queda perfectamente clarificada cuando el mismo Juan, en su Evangelio, hace que Juan el Bautista, estando en Betania, al ver venir a Jesús, exclame: “ He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1,29), una responsabilidad que ha sido encarnada anteriormente a todos los “dioses jóvenes” que precedieron al cristianismo y que, si queremos remontarnos aún más en el tiempo , encontraremos también en la costumbre mesopotámica de contarle los pecados del pueblo a un carnero o cordero que luego era obligado a internarse en el desierto para que con su muerte expiara las culpas humanas y, yendo aún más atrás, podemos ver la inmolación de los carneros a la divinidad, con fines propiciatorios, era ya una práctica habitual en civilizaciones como la de los Balcanes Orientales (6500-5000 a.C. ) o la Vinca (5300- 3500 a. C).

       La veneración de Jesús bajo la forma del Cordero, como símbolo de la identidad redentora del Jesús inmolado para salvar a la humanidad, se mantuvo hasta el año 680, fecha en la que tras el sexto sínodo de Constantinopla fue sustituida por la figura de Jesús crucificado, que era bastante menos sutil –aunque más acorde con los nuevos tiempos)- de representar el mismo mito y función pagana de los dioses solares jóvenes.

        También sobreviven clarísimos restos de su origen pagano en las fechas en que los cristianos actuales celebran la Navidad y la adoración de los “Reyes Magos”. La elección del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús no obedeció, ni mucho menos, a que ése hubiese sido el día en que nació el Jesús histórico; ese día no fue adoptado por la Iglesia como tal hasta el s. IV (entre los años 354-360), de la mano del papa Liberio (352-366), y su finalidad fue la de cristianizar – ya que no habían podido vencerle o proscribirle hasta entonces- el muy popular y extendido culto al Sol Invictus.

        En navidad, solsticio de invierno en el hemisferio norte, el sol alcanza su cenit en el punto más bajo y desde ese momento el día comienza a alargarse progresivamente ( hasta el 21 de junio- momento que se celebraban fiestas paganas en torno al fuego, que fue aplacada por la Iglesia al ponerle encima la festividad de San Juan, que actualmente en muchos lugares se siguen haciendo hogueras-). Esto era para los antiguos el auténtico nacimiento del Sol y, con él, toda la naturaleza empezaba a despertar lentamente de su letargo invernal y los humanos veían renovadas sus esperanzas de supervivencia gracias a la fertilidad de la tierra que garantizaba la presencia del divino Sol Invictus. Esta fecha, concretada en el 25 de diciembre – día de la conmemoración del natalicio de dioses solares jóvenes, precedente claros de Jesús, como Mitra o Baco/Dionisos, llamado también el Salvador-, alcanzó una importancia indiscutible, desde muchísimo antes de la época cristiana, en todas las culturas, ya que éstas eran básicamente agrarias.

        Y una cosa está clara, cuando un pueblo de creyentes olvida el significado de sus mitos, o éstos se vuelven obsoletos, la religión que los administra se convierte rápidamente en una vulgar burocracia de dudosa utilidad.  No son pocos los teólogos actuales que sitúan ya a la Iglesia católica en el apogeo  de este periodo funcional basado en la mera burocratización de lo sacro.                                  

        Sobre este tema está cargado de razón el mitólogo Campbel cuando, refiriéndose a las fechas en que la Iglesia celebra las fiestas de Navidad y Reyes, afirma que fueron adoptadas tardíamente “posiblemente para absorber el festival del nacimiento de Mitra de la roca madre. Porque el 25 de diciembre señalaba en aquellos siglos el solsticio de invierno: de forma que ahora Cristo, como Mitra y el emperador de Roma, podía ser reconocido como el sol ascendente. Así tenemos dos mitos y dos fechas de la escena de la Natividad, el 25 de diciembre y el 6 de enero, con asociaciones que señalan de un lado a Persia y de otro a la antigua esfera egipcia”.

        Otro resto de simbología solar pagana aún en el presente en el cristianismo es el nimbo o aureola que rodea la cabeza  de Cristo, de sus apóstoles y de los santos cristianos más destacados. Este tipo de halo santificador adornaba la cabeza de los dioses solares en Egipto, Persia, Grecia, China, Tíbet, Japón y un larguísimo etcétera, y aparece ya en las representaciones iconográficas de los fundadores y / o figuras pre cristianas ( Ra, Apolo, Buda, etc).

        El famoso crismón, símbolo fundamental de la Iglesia cristiana primitiva, es un clarísimo signo solar. En una de sus formas está constituido por las letras I y X ( iniciales griegas de Iesous Xristos) superpuestas, mientras que en el llamado “crismón constantiniano” se emplean la X y la P, que son las primeras letras del nombre de Cristo en griego; esta segunda forma no se distingue de la primera “ más que por la adición del bucle de la P, del que Guénon ha señalado que representaba el sol elevado a la cumbre del eje del mundo, o también el agujero de la aguja, la puerta estrecha, y finalmente hasta la puerta del sol por donde se efectúa la salida del cosmos, fruto de la Redención por Cristo. A este Símbolo debe allegarse la antigua marca corporativa del cuatro de cifra, donde la P se reemplaza simplemente por un 4, emparentando precisamente con la cruz.

Ya que por cierto, en la historia cristiana sólo muy tardíamente comenzó a tener a la cruz como emblema de la “ Pasión de Cristo” y de la Salvación que se derivó de ella.

        Y es que el tema de Jesús nadie lo puede definir mejor que Juan de Médicis, que sería proclamado Papa bajo el nombre de León X (1513-1521), en una carta dirigida al cardenal Bembo – según lo recogió su contemporáneo Pico della Mirándola-,  y que a la vez refleja con claridad el pensamiento más íntimo de la cúpula de la Iglesia católica cuando escribió:  “ Desde tiempos inmemorariales es sabido cuán provechosa nos ha resultado esta fábula de Jesuscristo”.

Un saludo a todos.

 

  1. 4 Responses to “Sobre las fiestas cristianas (O más bien paganas).”

  2. hola, estoy realizando una tésis respecto a calendarios y fiestas,
    ¿me autorizas transcribir parte de tu artículo? ES muy bueno

    By EDUARDO ESTRADA MEDINA on ago 9, 2008

  3. Saludos Eduardo.

    Sí, sí, por supuesto. Yo simplemente he recogido de distintas partes las informaciones que he plasmado en el artículo.

    Un abrazo y mis mejores deseos para el resultado de tu tesis.

    By Pedro Mª De Palacio on ago 11, 2008

  4. Estoy buscando libros o trabajos, donde se esplique el cambio de las festividades paganas por cristinas.
    Que sea claro y cronologico.

    gracias

    By Domingo on feb 9, 2009

  5. Muy bueno el articulo, me ha gustado muchisimo.
    Es el primer articulo que veo que habla sobre los origenes paganos del Cristianismo

    By Victoria on mar 14, 2009

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