Obras que estudian el pasado y preparan el futuro.
31 julio 2007 – 23:50Tengo la costumbre de comprar los libros de “segunda mano” salvo que sean en edición de bolsillo. Es cierto que el hecho de que los libros tengan un precio a mi juicio demasiado elevado influye en mi decisión de adquirirlos de segunda mano ya que son más baratos que nuevos salvo que en contadas ocasiones encuentre en mercadillos libros de mi gusto literario.
El que los libros sean de segunda mano no me produce ninguna incomodidad, al contrario, ya que en la inmensa mayoría de las ocasiones están en un perfecto estado de conservación, y por otro lado desde un punto de vista de la conservación de la naturaleza se impone cada día más la necesidad de reciclar y reutilizar los productos como contribución a la detención del asesinato indiscriminado que está llevando a cabo el ser humano a este hermoso planeta que nos ha legado la historia. No influirá mucho, pero algo es algo.
Además dependiendo de la temática de los libros últimamente el que sean de segunda mano incluso me produce cierto romanticismo. Leo escasas novelas de ficción, por el contrario mis gustos literarios se inclinan por temas variados como la Historia, Política, Economía, Ecología, Filosofía, etc. Me imagino que en todas las edades por las que va pasando un ser humano siempre es necesario el adquirir información, pero esta necesidad es aún mayor para los que todavía no hemos alcanzado la madurez y a través de la lectura intentamos comprender el mundo, sus engranajes, de dónde venimos y a dónde vamos, comprender el sistema económico y político en el que nos hayamos inmersos, acumulando información para la formación de la conciencia, una conciencia que fundamenta su pensamiento en la necesidad de revertir el actual proceso de enajenación del trabajo, alienación de las conciencias, destrucción de la naturaleza, socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios en cada vez menos manos, la existencia de un concepto ficticio de la libertad fundamentado en que unos pocos dominan la estructura económica y en consecuencia el resto de la sociedad se halla en una situación de dependencia que elimina la propia libertad, etc.
Hablo de romanticismo, y utilizo este término para definir unos sentimientos que con toda seguridad no son reducibles a ningún concepto ni fáciles de expresar o resumir, y su utilización se debe a que últimamente he adquirido algunos de estos libros con unos autores y una temática que evocan a, en lenguaje marxiano, salir de la prehistoria, desarrollándose en ellos un estudio científico de la Historia de la humanidad bajo el capitalismo e incluso elaborando planteamientos revolucionarios durante la propia revolución en uno de los casos (El Estado y la Revolución, escrito por Lenin), y además si algo ha llamado mi atención es la cantidad de años que tienen los libros (no la obra en sí, sino el ejemplar), llegando algunos de ellos a tener más de treinta años hasta que ha llegado a mis manos.
Así compruebo que libros adquiridos como El imperialismo, fase superior del capitalismo y El Estado y la Revolución de Lenin (los cuales había leído con anterioridad, lo que me generó la necesidad de adquirirlos) han sido editados en 1974 y 1976 respectivamente, es decir, lo que nosotros denominaríamos como el periodo de la “clandestinidad”, llegando a figurar en el último de ellos el nombre de la anterior propietaria; El libro de Albert Soboul La Revolución francesa fue editado en 1985; y el libro escrito por Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina está editado en 1974. Pero sin duda alguna, unido a la temática de los libros, lo más emotivo es la dedicatoria existente en el último de los libros mencionados que dice lo siguiente: “Esta es la dolorosa y cruel historia de mi América para que la leas lentamente y comprendas…”, unido a la firma y la fecha de 14-6-1974 en Buenos Aires.
Por estas cosas cuando cojo en mis manos estos libros (por poner algunos ejemplos recientes), especialmente el de Eduardo Galeano por la dedicatoria, siento que tengo entre mis manos algo de gran valor, y no lo digo precisamente por el precio, sino porque tengo en mis manos algo que procede de personas desconocidas y lejanas que tenían estos libros como mínimo por la necesidad de conocimiento, un conocimiento ajeno al que nos dan los medios de comunicación del capital o los gobiernos a su servicio, y que con probabilidad pertenecían a personas en un contexto social muy diferente al mío que tenían estos libros aparte de cómo cultivo del conocimiento también como confirmación personal de la necesidad de saber de donde venimos para explicar el presente y en consecuencia plantearnos la necesidad imperativa de transformar el mundo para defender a la humanidad y a la naturaleza.
Es posible que el hecho de que los libros hayan llegado a mis manos no tenga otro significado que el que sus anteriores propietarios hayan hallan fallecido, y si esto no es desde el desconocimiento de sus vidas un motivo de felicidad no se les puede hacer otra cosa que no sea el mostrarle mi agradecimiento por conservar estos ejemplares en tan buen estado, y que en todo caso sepan que la propia conservación de estos ejemplares para que las nuevas generaciones los leamos es también una forja para que nuevas personas sientan las inquietudes que ellos pudieron tener al leerlos y de las que con toda seguridad se llegará a unas conclusiones que evidencian la destrucción humana y ecológica que ha causado el capitalismo desde que llevase a cabo su acumulación original de capital con la explotación de las materias primas y la producción agrícola de América Latina a través de las distintas coronas hasta el día de hoy cuando genera guerras por los recursos naturales o subyuga a la mayoría de la población del planeta a unas condiciones de miseria indignantes.
En cualquier caso se podría concluir que con este tipo de lecturas y su paso por distintas manos lo que se lleva a cabo es una reproducción generacional de la necesidad de transformar un mundo que en palabras de Eduardo Galeano está “patas arriba”.







