Lo que se rompe son las urnas
5 julio 2010 – 7:27En la comisión en la que participé en la Asamblea de Refundación de la Izquierda se presentaba al debate un texto en el que se planteaba el colapso del régimen de la Transición evidenciado por tres síntomas: uno económico (la imposibilidad de afrontar la crisis económica por no haber implantado un Estado social que rompiera con las servidumbres, las familias empresariales, el triángulo ladrillo-turismo-corrupción que sostiene nuestra economía desde los años 50 y los clientelismos de la economía franquistas), otro pre-democrático (la inviablidad de una memoria democrática oficial dentro de este régimen como prueba la respuesta del sistema judicial a Garzón por su tímido intento de democratizar nuestra memoria colectiva) y uno territorial.
El planteamiento era que la salida ambigua dada en la Constitución de 1978 al asunto territorial ya no ofrece respuestas inaplazables: mantener un Estado unitario (el Congreso de los Diputados puede modificar y aprobar o rechazar estatutos de autonomía por muy constitucionales que sean) con márgenes difusos de descentralización pudo servir o no para echar a caminar la descentralización, pero hoy es completamente ineficaz e insuficiente. El síntoma evidente de indigestión territorrial era la incapacidad del Tribunal Constitucional para decidir qué hacer con un Estatuto que había aprobado el Parlament catalán, mutilado el Congreso de los Diputados, aprobado en referendo el pueblo catalán y finalmente puesto en marcha durante cuatro años a la espera de que el Tribunal Constitucional tuviera un rato libre para trabajar.
Personalmente lo más grave que ha ocurrido no me parece la sentencia del Constitucional (entre otras cosas porque aún no la conocemos). Me parece mucho más grave que el Congreso de los Diputados derogue artículos, modifique la redacción, y, en fin, haga un nuevo Estatut para Cataluña. Peor aún me pareció que no se admitiera siquiera a discusión el Estatuto que aprobó el Parlamento vasco (el plan Ibarretxe). En un Estado federal, las unidades territoriales harcen sus propias constituciones (o estatutos en este caso) y el único límite es la constitución federal sin que el parlamento central tenga nada que opinar. En un Estado federal si el texto con el que se quiere regir el Estado, Comunidad o como se llame es inconstitucional, o el conjunto del Estado federal se plantea modificar la Constitución o la unidad federada se plantea si en esas condiciones quiere o no seguir federada.
Pero no ha sido así. El texto aprobado por el Parlament catalán y que podemos tomar como indicador del deseo de la población catalana fue cambiado profundamente en el Congreso de los Diputados llegando a acuerdos que se intuyen vergonzosos entre Más y Zapatero. Aquel apaño aprobado en la Carrera de San Jerónimo es lo que pudo votar la población catalana y aún así se enfrentaban a que previsiblemente el Tribunal Constitucional peinara de nuevo lo aprobado con tantísimos límites.
En tales circunstancias, que casi la mitad de los catalanes fuese a votar es un éxito de participación implacable que muestra que efectivamente a la población catalana le importaba mucho el Estatut: lo votarían a pesar de que no era el que había salido de las instituciones catalanas y aún así lo que votaban todavía podía ser mutilado. Votaron sabiendo que no servía para nada. La voluntad popular es ya descaradamente un estorbo que de vez en cuando aparece. Un 50% de participación es asombrosamente alto en esa situación.
Que la Transición se agota también por el lado territorial aparece como una evidencia. Pero además el caso catalán se suma al gravísimo deterioro que está sufriendo la soberanía popular. Da igual qué parlamento fue elegido, qué salió en tal o cual referendo. Se está imponiendo como si fuera normal la evidencia de que son centros de poder no controlables democráticamente quienes toman las decisiones sustantivas. Cataluña es la última víctima. Con el Estatut se ha mostrado también lo rígidas que son las ataduras que triunfaron en los debates constitucionales y que impiden desarrollos territoriales, democráticos, sociales,… sin dar paso a otra cosa.
En estos cuatro años no se ha roto España. En cambio, en esta última semana se han roto urnas. Si estuviera en Cataluña iría, por supuesto, a la manifestación de protesta del próximo sábado. No porque piense que Cataluña es una nación, que en materias de naciones soy un iletrado, o por los artículos concretos que han derogado o transformado los magistrados del TC, sino porque cada vez que rompen una urna al lado de casa y no hay respuesta están preparando la ruptura de la próxima urna que no diga lo que esperan.
________________________
Otros puntos de vista sobre la sentencia en Bosque de Broncelandia, Punts de Vista, Kabila, Ventanas del Falcón, Joan Josep Nuet, Som una nació, Escolar, …














![[Valid RSS]](valid-rss-rogers.png)
3 Responses to “Lo que se rompe son las urnas”
Oh, yeah! enlazado
By Ventanas del Falcón on jul 5, 2010