Leve elogio del populismo

16 marzo 2010 – 8:06

Frecuentemente el argumento contra cualquier medida apoyada en las vísceras  es su carácter populista. Parecería que el pueblo es un ente irracional (y por tanto reaccionario) a quien más vale no hacer mucho caso para llevar una administración sensata de los asuntos políticos. Frente a eso, la demagogia reitera tras cada elección que el pueblo nunca se equivoca, como si hubiera una Verdad política y el pueblo actuase como oráculo: claro que el pueblo se equivoca a veces (tantas como cualquier colectivo humano), pero el pueblo es el único legitimado para equivocarse en sus propios asuntos.

En los últimos meses la crisis ha despertado algunas respuestas populares que hacen pensar que, además de ser los únicos legitimados para meter la pata, en los pueblos reside una dignidad que nunca serán capaces de alcanzar los gobernantes (por íntegros que éstos sean): la huelga general griega mientras el gobierno de Papandreu aceptaba el chantaje de la Unión Europea (pasta a cambio de sanguinarias medidas de reajuste) y el rechazo en referendum del pueblo islandés a rendirse ante los organismos internacionales a cambio de cuatro duros (y de una puerta entornada que da paso a la UE), son muestras de que, al menos en asuntos económicos, la mejor garantía para la dignidad es generar cauces para que sea el pueblo quien tome directamente las decisiones que más van a condicionar su vida.

La crisis está dejando a muchas instituciones políticas (incluso las mejor intencionadas) desarmadas: sin recursos para hacer las cosas como les gustaría, están vendidas a otras instituciones más poderosas que pongan los recursos a cambio de renuncias radicales. Y ahí sólo hay una salida: apoyarse en el pueblo (gobernar obedeciendo). Si es el pueblo gobernado quien decide rendirse, su triste decisión legitima el papelón al que queda abocado el gobernante; pero si, como suele suceder, el pueblo prefiere un poquito de dignidad aunque sea a costa de un chorro de dinero e infraestructuras, el gobernante podrá explicar perfectamente las carencias posteriores: si fue el propio pueblo el que decidió quedarse sin barcos pero con honra, el gobernante no tiene más que sentirse orgulloso del pueblo al que le ha tocado gobernar, obedecer.

Ahora bien, si el gobernante toma las decisiones en su despacho sin apoyarse en quienes tienen derecho a equivocarse, siempre se le podrá achacar la ausencia de barcos, pero sobre todo la falta de honra.

  1. 5 Responses to “Leve elogio del populismo”

  2. [Aplausos]

    By Mendigo on mar 16, 2010

  3. Yo también aplaudo pero puedo llegar a poner mala cara… en cualquier caso es una excelente entrada

    By Domin on mar 16, 2010

  4. Muy buena reflexión.

    By Red on mar 16, 2010

  5. Yo vuelvo a reiterar que hay muchas maneras de entender el populismo. Yo nunca he creído que consista en gobernar escuchando al pueblo. Para mí el populismo tiene una dimensión de manipulación. Se intenta ganar el favor del pueblo tomando medidas sin calado intelectual que se piensa que tendrán buena acogida en la opinión pública. Un ejemplo perfecto es que el PP fiche al padre de Mari Luz Cortés para asesorarle en la reforma del código penal.

    Por otra parte es un problema de estructura. Lo que no cabe es ser populista en un sistema de democracia participativa. La única fuente fiable sobre lo que piensa el pueblo son las elecciones, en las que elegimos a representantes para que apliquen su programa político. ¿Cúal es el medio fiable para saber que es lo que piensa el pueblo? ¿Encuestas? ¿Manifestaciones? Sinceramente a mi no me parecería bien que el gobierno diera marcha atrás a la ley del aborto, por mucho que lleven no se cuantos meses manifestándose en la calle…

    By Anuar on mar 17, 2010

  1. 1 Trackback(s)

  2. mar 16, 2010: Bitacoras.com

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