O Green o new deal
10 marzo 2010 – 9:25La propuesta del “green new deal” es hoy la única alternativa planteada para garantizar que el modelo económico poscrisis se oriente hacia un modelo sostenible. El fundamento de este “green new deal” es sencillo: utilizar el gasto público para impulsar la economía favoreciendo la inversión en nuevos sectores que protejan el medio ambiente, lucha contra el cambio climático y creación de nuevos trabajos verdes.
Repensar la izquierda, Jordi Guillot
Ayer escribía Jordi Guillot un artículo en Público en el que desgranaba una propuesta de Iniciativa per Catalunya-Verds: la constitución de un espacio de reflexión común de partidos, organizaciones y personas que se sientan parte de lo que llama izquierda difusa cuyo centro serían, si no lo he entendido mal, la sostenibilidad ecológica, el federalismo y una sostenibilidad social que no se explica qué es ni cobra demasiado protagonismo en el artículo. Quizás esto último se explique porque el artículo contesta a lo que llama la izquierda clásica, a la que considera reacia a asumir el ecologismo como seña de identidad: posiblemente dé por hecho el contenido social y la extraña expresión sostenibilidad social sea un juego de palabras para expresar el vínculo entre el ecologismo (sostenibilidad) y la justicia social.
Un socialdemócrata hoy estaría muy cercano a un radical de izquierdas: desde luego, estarían en la misma trinchera. Un partidario del new deal no necesariamente: el new deal sólo propone reactivar la economía (y acaso condicionarla) a través del gasto público. Ha habido quien explicó la administración Bush como un keynesianismo perverso, pues usaba las guerras para reactivar un sector de la economía (el armamentístico) a través de enormes cantidades de gasto público. Evidentemente Jordi Guillot no nos propone ese modelo de new deal: expresamente sólo dice que ese gasto público sólo tendría por objeto favorecer una economía verde, pero hemos de suponer una cierta preocupación por lo social, pese a que su definición del sencillo fundamento de ese green new deal no incluya ni una mención a la justicia social más allá de esa enigmática sostenibilidad social.
Con todo, eso es lo de menos, pues su propuesta no parece contradictoria con la introducción de una sensibilidad social que no aparece en el artículo, quizás por falta de espacio. Ése new deal podría ser socialdemócrata.
Decía más arriba que una persona socialdemócrata y una radical de izquierdas se encontrarían en la misma trinchera hoy. ¿Qué les separaría? Hoy, sobre todo, la sostenibilidad medioambiental. Si pensamos en una propuesta política tenemos que hacerlo suponiendo que se hará para todo el planeta: si ésta se basa en que una parte del planeta la disfrute a costa de que otra no pueda alcanzarla, la propuesta es tan insolidaria e injusta como cualquier proyecto de la derecha. La socialdemocracia que ha habido era absolutamente insostenible medioambientalmente.
El mejor baremo de sostenibilidad es la huella ecológica: la cantidad de hectáreas que necesita cada habitante para generar los recursos y asimilar los residuos necesarios para su tipo de vida. Se calcula que un tipo de vida sería generalizable a toda la humanidad si su huella ecológica fuera de 1.8 o 1.9 hectáreas (cada habitante necesitaría 1.8 ha. dedicadas a hacer viable su modo de vida). Si es necesario más territorio por cada habitante, la propuesta no es generalizable a todo el planeta y por tanto su aplicación en una parte del mismo se basaría en que otra parte del planeta disfrute de menos territorio, es decir, tenga menos recursos y/o esté obligada a generar menos residuos. Es decir, se basaría en que una parte de la humanidad viviera en la pobreza.
Pues bien, si tomamos como referente el ejemplo de socialdemocracia más alcanzado que ha habido, el escandinavo, veremos que no es en absoluto generalizable para la humanidad. A finales de los años 90, Suecia tenía una huella ecológica de 6.7 hectáreas: para que todo el planeta viviera en una socialdemocracia análoga sería necesario que viviéramos en un territorio equivalente a tres planetas y medio como el que tenemos. El condicionante ecológico que introduce Guillot probablemente reduciría la huella ecológica, dado que el gasto público no estaría orientado a infraestructuras, sino a “sectores que protejan el medioambiente“. Sin embargo, una de las diferencias entre el socialismo y la socialdemocracia es que el primero somete la economía desde la política, mientras que la segunda se limita a condicionarla, dada su aceptación del mercado como motor de la economía aunque sea bajo cierto control público. Posiblemente se redujera algo la huella ecológica si la orientación de una socialdemocracia verde introdujera un criterio medioambiental. Con todo, no ha habido todavía ninguna formulación que exponga cómo se puede garantizar que la huella ecológica no supere el límite de lo sostenible sin un control democrático de la economía, no un mero condicionamiento ei mpulso del crecimiento económico como el que plantea Guillot. Sí existen formulaciones ecosocialistas (no es una mera cuestión de nombre según lo escrito por Guillot) que vinculan la democratización de la economía (el socialismo) con la sostenibilidad medioambiental del planeta en un proyecto generalizable para la humanidad, es decir, solidario.
El problema del new deal es que salvo que se produzca una nueva formulación de la que carecemos no puede ser green: green new deal es una contradicción in terminis. Curiosamente, contra los prejuicios de Jordi Guillot, el problema que tenemos algunos con su formulación no esnuestra resistencia a incorporar el ecologismo como protagonista del programa político, sino precisamente que lo hacemos protagonista y nos lo tomamos en serio.















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14 Responses to “O Green o new deal”
“Izquierda difusa”, que de tan difusa…es derecha.
La autoridad de estos verdes de ICV hablando de izquierda es la misma que la de Moratinos ensalzando hoy a Uribe como defensor de los derechos humanos.
El problema es el desnorte de la izquierda, que ha abandonado el objetivo histórico del socialismo y acabar con la explotación: que los trabajadores sean dueños colectivos de lo que colectivamente producen. Y lo ha sustituido por una ensalda sin orden ni concierto, donde se solapan todo tipo de ideas y se ponen a un mismo nivel todo tipo de “opresiones”. La esquizofrenia está servida.
Pero se ve que hablar de explotación, socalismo, etc. asusta mucho a los Guillot Y Sabanés de turno.
Pues que marchen por su lado de una vez y voten Maastricht, se metan en los verdes europeos (los mismos que defiednen la OTAN) y que ataquen a las calras a Venezuela y Cuba.
By Uno on mar 10, 2010
He seguido tu hilo de razonamiento, a mi modo, en http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/03/10/el-problema-de-los-cotos-privados
Vamos a ver si sigue…
By àngels on mar 10, 2010
El artículo hay que enmarcarlo de manera inexcusable en la fijación de los compañeros de ICV de tener un referente estatal.
Intentaron fórmulas estrambóticas con Mendiluces y compañía, intentaron agitar el avispero de IU para hacerla saltar por los aires y, de los restos, salvar lo ecosocialogicamente salvable, y por último han intentado alianzas con nacionalistas de izquierda. No han conseguido el objetivo (más allá del fracaso del País Valencià) crear un referente en España más allá de IU, pero lo siguen intentando. Esta es una de sus máximas preocupaciones y lineas de actuación. El artículo de Guillot va en este sentido.
Por otra parte, curiosa la idea de Guillot de dar voz y protagonismo a otras personas… cuando siendo él responsable de organización de ICV anuló pactos locales entre ICV y EUiA por considerarlos beneficiosos para nosotros.
EUiA le propuso hace poco avanzar conjuntamente hacia una coalición política en Catalunya. Él mismo dijo que la cosa no estaba madura. Y en España,¿por qué hay que crear una fundación donde se disuelvan los partidos de la izquierda? ¿Quizás por que en España todavía no pueden dirigir ellos el cotarro?
By iñaki on mar 10, 2010
Iñaki da en el clavo.
Esto no son ocurrencias sino tanteos y pasos de una estrategia muy clara que viene de muy atrás: alcanzar una confederación de chuiringuitos verdes y regionalistas que desplace a IU y sirva de muleta al PSOE.
La cuestión es ver cómo y cuando encajan los de IU Abierta en ello. De momento parece que (oh casualidad!) han descubierto tbn lo de la Fundación (a esta gente les apasiona pensar y debatir, porque son muy “plurales”).
La cobertura meiática del PSOE (anti-comunismo de por medio, of course) hace el resto. No´hay más que ver cómo trabaja Público estas últimas semanas, hasta sus peridistas comen con los máximos (i)responsables de IU Abierta.
El que quiera ver, que vea.
By Uno on mar 10, 2010
Yo me he limitado a comentar la propuesta política de ese supuesto “green new deal”. Diría lo mismo si la propuesta viniera de alguien de IU, de un partido verde madrileño o de alguien del PSOE. Creo que cualquier discurso ecologista tiene que ir de la mano de la denuncia del capitalismo con más o menos fuegos artificiales, y el artículo de ayer ofrecía una salida típica de los partidos verdes más integrados en el capitalismo (tipo el alemán).
Por lo demás, me parece de lo más legítimo que ICV busque aliados en el resto del Estado, pues nunca han ocultado que IU es para ellos un mero kleenex en el que señala a buenos y malos.
Ya montaron una reunión de partidos verdes. Allí no hubo nadie de IU Abierta (al menos que trascendiera): tengo el convencimiento personal (no es más que eso) de que IU Abierta no va a romper con IU por mucho que rechace frontalmente algunas cosas que está haciendo alguna gente de IU Abierta.
A poco que la gente de ICV estudie en qué países los verdes han tenido representación relevante verán que en España un discurso Verde autónomo del resto de la izquierda alternativa no tiene mucho futuro. Y si ven la dinámica reciente de los partidos estrictamente verdes en los países donde tuvieron éxito, tampoco harían por ahí la apuesta más oportunista.
Por lo demás, y aunque nadie lo crea, a mí me encantaría que ICV apostara por el proceso de refundación de la izquierda y se sentara a hablar con todo el mundo, a discutir políticas y en caso de llegar a programas y organización comunes conformar una nueva organización política. Me da la impresión de que en ICV hay gente profundamente de izquierdas con la que deberíamos poder confluir. Pero me da que es imposible porque más allá de discursos amables sobre la “apertura a la sociedad”, no tragan a un sector importante de la izquierda: están abiertos a los que sienten que son como ellos. Así es muy fácil ser abierto.
By hugo martínez abarca on mar 10, 2010
Al margen de polémicas y luchas internas de partidos y coaliciones (de las que no tengo ni la menor idea) el texto de Guillot se puede analizar desde dos puntos de vista. Por un lado está el diagnóstico. Es obvio que la izquierda parece estar desorientada, o mejor dicho, su programa y propuestas son cada vez más difusas. No tienen una seña de identidad clara. ¿Por qué? Eso ya sería muy largo y complejo de analizar.
La segunda es la solución al problema. En principio hay dos vías prioritarias. La primera sería la que indica Uno de volver a las viejas proclamas de construcción del socialismo ( a mi juicio obsoletas y poco ilusionantes) o articular una nueva propuesta. Una propuesta podría ser el ecologismo centrado en los recursos y el cambio climático. que por otra parte es una de las causas de las desigualdades internacionales.
Decías Hugo en un comentario que no se puede hacer eso sin denunciar el capitalismo. Sinceramente a veces la izquierda parece monocorde con el tema del capitalismo. No voy a negar a estas alturas los perjuicios de dicho sistema productivo, pero tampoco se puede explicar todo a partir e ahí. Por otra parte los ejemplos de sistemas socialistas o comunistas que ha habido a lo largo de la historia tampoco han sido un ejemplo de sostenibilidad medioambiental.
Otra propuesta que no he escuchado y que a mi juicio seróia más ilusionante sería la de ampliar las bases teóricas de la izquierda. Alejarse un poco de los postulados marxistas y empezar a construir propuestas desde las teorías de Amartya Sen, Martha Nussbaum, Pogge etc.
En definitiva, a mi juicio y el de mucha gente joven con la que he hablado, el problema de la izquierda es que tiene un discurso excesivamente monocorde, obsoleto y repetitivo, cuyas soluciones se cree poca gente. Incidir en el anticapitalismo acérrimo es para mí persistir en un error que alejaría a nueva militancia. Sería conveniente dejar de utilizar palabras como capitalismo y neoliberalismo y sustituirlas por conceptos más concretos e identificables. Multinacionales, Comercio justo, soberanía alimentaria, etc. deberían adquirir fuerza frente al viejo discurso. Aunque claro esto sólo es una forma de verlo que no sé que acogida tendría…
By Anuar on mar 10, 2010
Bueno, Hugo, aunque el artículo de Guillot no lo desgrane (quizá porque el objetivo principal es introducir lo que se intuye al final del artículo) la idea del “Green New Deal” no es algo de cuya formulación carezcamos, como afirmas. Hay formulaciones bastante avanzadas en el seno del debate de las NN.UU. con aportaciones bastante interesantes. Las posiciones que se vienen defendiendo en el PNUMA desde hace tiempo están bastante a la izquierda de la socialdemocracia europea. Y lo están, sobre todo, porque no solo lanzan una desesperada llamada atención por los límites biofísicos del planeta, sino porque inciden en la necesidad de una fuerte planificación y en evitar las graves consecuencias sociales de la crisis ambiental. Introducen, sin ambages, el debate de la igualdad que es el meollo de una verdadera propuesta ecosocialista.
La propuesta de un “Green New Deal” hoy, tal y como se está formulando, es una propuesta antististema, porque obligaría a unos niveles de planificación pública de la economía que entrarían en grave contradicción con el capitalismo tal y como lo conocemos hoy.
By Juan on mar 10, 2010
Me alegro, Juan, porque realmente lo desconocía. De todas formas la explicación de Guillot lo limita a un gasto público orientado a la promoción de una “economía verde”. Efectivamente una solución real pasaría por lo que comentas en el último párrafo que es lo que uno entiende por ecosocialismo. Pero la lectura del artículo de Guillot hace pensar más en los verdes alemanes o de David Hammerstein que en una propuesta radical.
En todo caso, un proyecto como el que expones estaría muy mal denominado al usar la expresión New Deal, aunque eso sería un síntoma de cómo el mundo ha virado tanto a la derecha que “New Deal” pueda ser el nombre de una propuesta antisistema.
By hugo martínez abarca on mar 10, 2010
Buen artículo, Hugo!
By Javi on mar 10, 2010
Quiero mencionar varias cuestiones sin hacer un comentario global sobre la propuesta de Guillot ni sobre tu respuesta.
1. Sería conveniente no situar la frontera de la izquierda en el anticapitalismo. La teoría y la práctica coinciden en señalar propuestas inequívocamente transformadoras en el marco de una socialdemocracia que, en rigor, no puede apellidarse así.
2. El problema de la propuesta de Guillot es que mete el foco en dos asuntos y no sale de ahí. Por una parte, teoriza -vagamente- sobre una más que cuestionable problemática nacional sin entrar al detalle de hacia dónde debemos caminar (hablar a estas alturas de federalismo, sin más, es tanto como no hablar). Y no me quejo de su falta de concreción: casi mejor que lo deje en términos amables y vagos a que explique cuál es su modelo de Estado y -por tanto- de organización.
El segundo foco lo sitúa en el impulso de una economía verde. Y debo decir que, tal y como la plantea, me recuerda más a la Estrategia 2020 que a las formulaciones que se defienden en el PNUMA.
3. Admito debates sobre la “izquierda clásica”. Bueno, no es que los admita: es que estoy convencido de que sectores a los que Guillot podría abofetear con esa etiqueta fueron y siguen siendo incapaces de realizar interpretaciones globales y atinadas de la realidad y de formular propuestas también globales -y también atinadas- que aborden el conjunto de contradicciones y -permitidme la expresión- de problemáticas de la Humanidad.
Ahora bien: ¿un ecologismo político que ni siquiera es consecuentemente socialdemócrata está en mejores condiciones de abordar esa tarea de análisis y propuesta?
Luego podemos entrar en si determinadas experiencias socialdemócratas pueden o no ser sostenibles, pero esos debates ya vendrán después.
By J.P. on mar 10, 2010
J.P. estoy completamente de acuerdo con tu primer punto. Por eso he puesto mucho énfasis en que un socialdemócrata estaría hoy en la misma trinchera que yo (tengo pensada una entrada para dentro de unos días titulada “Reforma es revolución”, pero hasta que no la madure un poco más no la voy a escribir). Lo que digo no es que no sea de izquierdas, sino que, dentro de la izquierda yo no me siento socialdemócrata precisamente por la falta de sostenibilidad.
En realidad, el centro político está tan a la derecha que yo creo que incluso un liberal de los de verdad, de los de la ilustración estaría hoy en la izquierda radical. Un socialdemócrata mucho más.
By hugo martínez abarca on mar 10, 2010
Saludos:
Me ha parecido valiente en el artículo de Guillot reconocer que la hegemonía la tiene ahora mismo la derecha. Reconocerlo un senador tiene bemoles. Y reconocer que hace falta una federalidad auténtica (que no fuimos capaces de construir en IU),cuando los aires en Cataluña son independistas, es otra señal de coraje.
Esos dos asuntos apuntan hacia la única forma de empezar con la tarea imperiosa: asumir que es tiempo de acumular fuerzas, de sembrar en la sociedad, de combatir el sentido común neoliberal imperante. Los asuntos ecológicos crean un sujeto menos revolucionario que la clase obrera, pero más representable (no es un juego de palabras: la clase obrera es el sujeto revolucionario debido a la explotación, pero ya nadie puede representarla en su conjunto; el sujeto víctima de la depredación ecológica está menos gastado, es más inmediato y pilla al capitalismo con el pie cambiado y con dificultades para dar respuestas rápidas. Por eso, un “nuevo contrato social verde” es una buena excusa para poner ya contra las cuerdas al capitalismo. Claro que, como tantas otras veces, puede escaparse, pero el abanico de respuestas cada vez es más estrecho. Algo similar a lo que ocurre con el decrecimiento. Si es un concepto que convoca, aprovechémoslo.
Todo esto nos obliga a pensar, pensar y pensar. También a hacer, pero estamos casi obligados a posiciones defensivas. Por eso es un momento de tanta necesidad de creatividad
¿A golpe de Marx? Si así fuera, empecemos por leer a Marx en serio. No con refritos. Sigo pensado que el pensamiento social es un diálogo con Marx. Sobre todo para construir desde sus logros, no para quedarnos en ellos. No seamos tan impenitentes como para negar que no hay nada que merezca la pena en los cien años siguientes. Excesivo. Teológico. Aún más: no conozco a nadie que haya leído en serio a Marx que sostenga tales cosas.
Y por supuesto lamento que en este espacio de debate haya gente que dedique su tiempo a señalar a sus enemigos que, curiosamente, siempre son los que están más cerca. Ahí también son clásicos.
Hay un debate que nos concierne sobre la izquierda verde. Invito a que ojeéis el libro de Ángel Valencia sobre la izquierda verde que publicó Icaria. Ahí están bien claros los límites del capitalismo, o la incompatibilidad entre ecologismo y capitalismo. Pero esa es la estrategia. Falta la táctica. Y, creo, ahí es donde situaba Guillot su idea de nuevo contrato social verde.
Sobre el libro,hay un par de reseñas interesantes en:
http://www.rebelion.org/noticias/2007/2/47163.pdf, y en:
http://revintsociologia.revistas.csic.es/index.php/revintsociologia/article/view/77/78.
Saludos y gracias por mantener abiertos espacios de debate.
JC
By Juan Carlos Monedero on mar 12, 2010
lo has clavado Iñaki.
By rafa hortaleza on mar 12, 2010