En el Imperio (y VII): “Ah, pensé que eras blanquito”
27 August 2008 – 16:11Sucedió uno de los primeros días tras mi llegada a New York. Había bajado a hacer una pequeña compra y vi como la cajera que me atendía hablaba en castellano con otro cajero dando por hecho que nadie les entendía. Es algo muy habitual aquí: cajeras, cajeros, camareros y camareras son latinoamericanos en un alto porcentaje (incluso en un restaurante chino-japonés nos atendió una camarera probablemente peruana). Cuando me devolvió el cambio, lógicamente, le respondí en la lengua común, esa que fue hecha para que los humanos nos entendiéramos y construyéramos democracias: “Gracias“. “Ah, pensé que eras blanquito“, me contestó.
No es que yo sea albino, pero me resultó muy gracioso no ser blanquito. El blanco, como saben todos los sagaces y eruditos lectores de este blog, es un color. Los colores se detectan de muchas formas, pero la más común es la vista. En cambio, la cajera no descubrió que no soy blanquito por la vista (sentido que la había engañado), sino por el oído. Y llevaba toda la razón. Aquí no soy blanquito. Blancos son los WASP: los blancos, anglosajones y protestantes. Son, digamos, quienes, si son varones, pueden llegar a ser altos ejecutivos, cargos políticos, o magnates y coleccionistas de arte. El resto, técnicamente, puede llegar a esos puestos, pero siempre como muestra de la excepción: Barack Obama, por ejemplo. Algo, por cierto, que también sucede en España, con la diferencia de que la diversidad étnica es una novedad en nuestro país salvo por los gitanos (aquellos que delinquían antes de que los inmigrantes sirvieran de chivo expiatorio).
Se dice que en New York ‘hay mucha mezcla‘. No voy a hacer un estudio sociológico basado en quince días de turismo, pero la impresión que da es que no hay nada menos parecido a la mezcla: hay mucha diversidad, pero separada perfectamente en compartimentos estanco de fronteras básicamente impermeables. La separación en barrios es increíblemente estricta: cruzando una calle uno pasa de la zona que sobrevive de Little Italy (básicamente una calle llena de restaurantes italianos) a Chinatown (una ciudad oriental en la que tienen -a veces- la deferencia de subtitular en inglés). El apartamento que tuvimos la suerte de alquilar está en una calle llamada Houston: su nombre delimita por el norte al SOHO, que significa SOuth- HOuston. No es un límite simbólico, sino real: al norte de Houston Street (NOHO) tenemos restaurantes de muchísimos países distintos; cruzando la calle, apenas hay restaurantes: pasamos a la zona de moda y galerías de arte que es el SOHO. Los límites son estrictos entre barrios y también entre etnias, razas, culturas o como se le llame ahora.
Uno puede hacerse a la idea de si un bar es caro o barato viendo el color de la piel de sus parroquianos. No falla: si no hay negros el sitio es caro. Salvo en Chinatown, uno no compartirá restaurante con un chino. Latinos asentados en New York no han formado parte de nuestra compañía en ningún bar ni restaurante salvo una vez: escuchamos la conversación y eran unos chilenos montados en el dolar que se contaban sus viajes a Korea y a la costa mediterránea de Francia ‘en hoteles de cinco estrellas‘. Eso es casi un blanquito.
En realidad, da la impresión de que con las etnias sucede lo que con los individuos: cuanto menos contacto entre ellos, mejor. Nos ha llamado la atención la absoluta ausencia de contacto físico incluso entre las parejas. Ni en Central Park hemos visto a una sola pareja besándose y prácticamente ninguna simplemente cogidos de la mano. Si uno es rozado por un extraño instantáneamente se disculpa por la afrenta. Aparentemente la unidad social más cohesionada es la parroquia (parece haber más iglesias aquí que en Roma). El resto (el país, el estado, la ciudad) son simbólicos pero no parecen tener una incidencia real en la gente.
Se suele señalar que New York (Estados Unidos en general) es un espacio de libertad casi absoluta. La impresión que nos ha dado, siendo conscientes de la fragilidad de la misma, es que en realidad es un espacio de individualidad casi absoluta. Si hubiera tanta libertad, en Central Park y en Prospect Park hubiéramos observado decenas de parejas entregándose a la lujuria y no habría sido necesario esconder la cerveza en una bolsa de papel para poder beberla en la calle. La individualidad, en ocasiones, viene muy bien: agudiza, por ejemplo, la capacidad para determinadas artes como la pintura y la escultura y por ello es lógico que aquí germinen las actuales vanguardias. Pero destroza el tejido social y por ello es lógico que aquí se generen las principales retaguardias.
Mañana nos volvemos a Madrid: saldremos de New York por la noche, hacia Frankfurt. Allí cogeremos un avión (operado por Spainair, que al parecer es la compañía actualmente más segura del mundo porque ordena detener los aviones así les falle el esmalte del retrete) que nos dejará en Madrid a las 16.30h. El lunes este blog volverá a su curso otoñal hasta las próximas vacaciones que me tome.
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10 Responses to “En el Imperio (y VII): “Ah, pensé que eras blanquito””
¿Seguro que ha estado usted en niu yor? no le habrá engañado la agencia enviándole a alguna ciudad de la españa zapaterista o tardoaznarista?
By mitxel on Aug 27, 2008
Estoy de acuerdo contigo en varias cosas: efectivamente hay compartimentos estancos, estanquísimos. De hecho, un español no demasiado chaparro puede pasar por blanquito. Y los latinos no lo tomarán por uno más de ellos. De hecho, a mi me pasó en Washington que los latinos pensaban que era argentino (tampoco uno de ellos). Y es que efectivamente, argentinos, chilenos, españoles, allá son ricos.
Pero no estoy de acuerdo del todo con lo del rozamiento, je. Aunque es verdad que se “respeta” el “espacio vital”.
Habrás observado que el ambiente de cada barrio es distinto. Yo estuve en la playa de Coney Island, que es como la Barceloneta de allí, la playa de la clase obrera, y es otra cosa.
Fascinante país. Da miedo.
Un abrazo.
By Jesus on Aug 27, 2008
El año que viene viajas a Bolivia y nos relatas qué tal…
By MiguelRuiz on Aug 28, 2008
He disfrutado de su viaje casi tanto como si lo hubiera hecho. Una de mis asignaturas pendientes es conocer Nueva York, sus crónicas me han acercado un poco.
By jgcenteno (bolche) on Aug 30, 2008
Recién me estoy instalando en Barcelona de manera (espero que) definitiva después de vivir varios años en Estados Unidos y tu post me ha llamado mucho la atención porque es un tema en el que pensé mucho durante mi tiempo en ese país.
Creo que la anécdota que compartes con nosotros muestra la punta del iceberg de la complejidad del fenómeno racial en Estados Unidos (y seguramente en otros lugares del mal llamado primer mundo).
En cuanto abriste la boca en ese supermercado dejaste de ser, como explicas, un “blanquito” para la cajera, pero la realidad es que nunca serías un “Brown man” en Nueva York. A pesar de que lo WASP sigue, de manera insistente, siendo el punto de referencia de “Whiteness” en Estados Unidos, creo que la raza en ese país no se entiende sin tener en cuenta la importancia de la clase social o del país de origen de una. Es decir, lo que nos llevó a ti (turismo) o a mi (hacer un doctorado) a Estados Unidos nos separa de manera automática de la mayoría de los “no blanquitos” y nos acerca al mundo WASP. Eso sin enmarcarnos automáticamente en él, ya que yo siempre sentí en el mundo de la universidad que en cuanto abría la boca (y consecuentemente mostraba mi acento)se ponía de manifiesto una incomodidad por parte de mis interlocutores por su dificultad en ubicarme como “insider” o “outsider”. Mi acento me alejaba de ser “insider automática”, pero una vez que respondía “Spain” a la constante pregunta de “where is that accent from?” indudablemente quedaba más dentro que fuera.
Un pasaporte español no es un pasaporte mexicano, o salvadoreño o dominicano, y las razones que nos suelen llevar allí nos ubican , en escenarios distintos, con consecuencias también distintas en el rozamiento que tenemos con el “mainstream America”. De la misma manera, no es lo mismo un hombre de negocios japonés (parecido a los chilenos que mencionas) que un cocinero chino en Chinatown. La eterna pregunta es ¿hasta qué punto la diferencia de clase refuerza las jerarquías raciales o en qué medida las diferencias raciales siguen perpetuando las desigualdades de clase?
p.s. Vuelvo a leerte después de varios meses fuera y de desconexión para matar la tesis. Me alegro de que nos sigas deleitando con artículos inteligentes y bien escritos, y espero volver a reconectarme en tu blog de manera regular.
By Sandra on Sep 2, 2008