La primera venida de Obama

1 August 2008 – 7:45

Cuando alguien decide emerger como Salvador tiene dos opciones: hacer promesas muy concretas a tan largo plazo que nadie podrá comprobar su cumplimiento (o al menos nadie podrá demandarlo al difunto prometedor) o hacer promesas para un futuro próximo pero con un nivel de abstracción tal que nadie pueda mostrar incontrovertiblemente su incumplimiento.

Jesús, paradigma de Salvador con éxito propagandístico, tuvo la prudencia de postergar el cumplimiento de sus promesas a un Juicio Final cuyo retraso celebramos todos o a una muerte, más cercana en el tiempo (aunque tampoco urge a casi nadie) que tiene la ventaja de que imposibilita testimonios directos que certifiquen si las promesas del Salvador se cumplieron o fueron mera propaganda sectaria.

Sólo en una cuestión metió la pata aquel Salvador propagandista: en su segunda venida, que fue tasada en el tiempo con excesiva rigidez y proximidad: ‘antes [de] que haya muerto la gente de este tiempo‘ anunció hace tanto tiempo que Matusalén hubiera podido vivir dos veces (con sus dos muertes) sin ver la prometida segunda venida. Pablo de Tarso, el Federico Jiménez Losantos de la época, convenció a algunos incrédulos diciendo que ‘os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto al Hijo del Hombre venir como rey‘ y que ‘os aseguro que el Hijo del Hombre vendrá antes de que hayáis recorrido todas las ciudades de Israel‘: es posible que su auditorio fuera menos viajero que Kant, haciendo imposible el incumpliendo la segunda de las promesas paulinas, pero la anunciada monarquía de la primera promesa no fue vista en vida por quienes escucharon aquella promesa.

Esas concreciones son mucho más incómodas para quienes pretenden la vigencia de la propaganda cristiana que otras más increíbles pero con una datación más imprecisa: nadie ha comprobado si el preciso relato mágico del Juicio Final se corresponde con hechos visibles, por lo que no son problemáticos. Tampoco hemos visto si los ricos son más incapaces de entrar en el reino de Dios o si en éste las agujas tienen gigantescos ojos por los que transitan cómodamente los camellos y otra fauna de menor tamaño: es otra promesa inocua, pues nadie puede comprobar si quien la hizo faltaba o no al recto juicio. La segunda venida del Mesías, en cambio, no se produjo en el plazo indicado, es indudable (e indudado, que no es poca coincidencia), por lo que no ha habido más remedio que reinterpretar (por no decir manipular o simplemente reescribir) las cláusulas temporales que al parecer se referían contra toda apariencia al ‘final de los tiempos‘.

Barack Obama no puede hacer propuestas muy concretas, pues su objetivo no es ser adorado dentro de dos mil años sino ser elegido dentro de tres meses. Si las cosas le van bien será presidente de los Estados Unidos de América a partir de enero de 2009 y, caso de haber concretado algo, lo tendrá que poner en marcha. Su European Tour ‘08 tuvo como éxito estelar la comunión berlinesa. En Berlín, cómo no, habló de muros que hay que derribar. Casi todos ellos imprecisos e interpretables en función de la procedencia ideológica de quien lo escuche: tienen que caer ‘los muros entre los países que tienen más y los que tienen menos, los muros entre razas, entre tribus, entre credos, entre inmigrantes y nacionales‘. No se planteó derribar los muros entre clases, porque probablemente no sea consciente de su existencia (y si lo es, le parezcan completamente positivos), pero sí cabe exigirle que concrete cómo se derriban los muros entre inmigrantes y nacionales si no es con una firme apuesta por el supuestamente ingenuo ‘papeles para todos‘: ¿no sería todo lo demás un muro, mayor o menor, entre nacionales e inmigrantes? No lo sabemos: la retórica vacía no admite réplica.

Por lo demás sólo hubo una propuesta de Barack Obama, deseable presidente de Estados Unidos durante los cuatro próximos años, que no fue humo: la de mantener la infumable invasión de Afganistán y la petición a los países europeos de que sean responsables en aquel país, es decir, que envíen más soldados con más armas.

Bajo el humo sigue habiendo fuego.

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  1. One Response to “La primera venida de Obama”

  2. Un apunte: No es un camello, sino una soga lo que tiene que pasar por el ojo de la aguja (lo cual tiene más sentido).

    Parece ser que en las traducciones, del arameo al griego, y del griego al latín de la Vulgata, se confundió el término “soga” con el de “camello” (eran homófonas en arameo, creo recordar).

    Un saludo!

    By Mendi on Aug 3, 2008

Lo siento ya no se pueden poner mas comentarios en esta entrada.