Derechos irrenunciables

9 julio 2008 – 7:57

En una microentrevista a Luis Montes que publicó ayer Público en su edición impresa el doctor Luis Montes pedía al gobierno que avanzara en la regulazación del derecho a morir dignamente (no sólo en el derecho a no padecer dolor físico, que es lo que aprobó el 37º Congreso del PSOE), es decir, la despenalización de la eutanasia. Y dice que en ‘todas las sociedades avanzadas que tienen eutanasia, se ha hecho tras una consulta civil‘. Y ahí no puedo estar de acuerdo. ¿Tiene legitimidad el conjunto del pueblo para decirme que yo no tengo derecho a tomar decisiones que sólo me incumben a mí? Doy por hecha la buena voluntad de Montes al plantear esa consulta popular entendiendo que el pueblo es más sabio que la Conferencia Episcopal y que un derecho así tendría un firmísimo sostén si viene avalado por una mayoría popular. Ocurre que si se plantea un referendo no es para que el pueblo asienta, sino para que se exprese y podría decir que sí, pero también que no: llamadme liberal, pero no veo ninguna razón por la que el conjunto de la sociedad pueda limitar un derecho personal mío cuyo ejercicio no perjudica a nadie más.

Hay derechos que el pueblo no puede limitar, porque se consideran derechos fundamentales. El pueblo no puede votar que se lapide a Ramoncín, por mucho que estemos todos hartos de él. Ramoncín también tiene derechos y son, resignémonos, intocables. Hay derechos incluso a los que no puede renunciar el propio individuo: por mucho que no quiera ejercerlo, no puedo renunciar a tener derecho al voto o a no declarar sobre mi ideología (al menos en teoría). Si firmara un papel por el cual renuncio a estos derechos el papel sería nulo, porque son derechos irrenunciables: si quiero no los ejerzo (son derechos, no deberes), pero sigo teniendo esos derechos.

Si el individuo no puede renunciar a determinados derechos que se consideran fundamentales, el pueblo tampoco debería poder renunciar a otros derechos colectivos. De hecho, mucho menos, pues el pueblo es cambiante: si yo renunciara al derecho al voto para el resto de mi vida, esta (imposible) renuncia sólo me afectaría a mí; en cambio, si el pueblo español renunciara a la posibilidad de elegir a sus gobernantes, la cuestión abarcaría a generaciónes venideras que sólo mediante la metafísica nacionalista podrían ser consideradas parte del mismo pueblo.

Del mismo modo que Montes pide que el pueblo decida sobre derechos individuales irrenunciables, los defensores del derecho de autodeterminación exigen (exigimos) consultas sobre el derecho a decidir, y los republicanos reiteramos nuestra voluntad de que se celebre un referendo sobre la forma política del Estado. Esto puede ser una concesión que se puede alcanzar, pero no el punto de llegada. Supongamos que se realiza un referendo y se aprueba por mayoría la forma de Estado monárquica (algo que creo que no ha ocurrido en ningún lugar del mundo, pero puede que me equivoque): ¿tenemos derecho a renunciar por nuestros descendientes a elegir al Jefe del Estado? ¿Tenemos derecho incluso a renunciar nosotros mismos a cambiar de opinión?

El PSE de Durango hizo una propuesta razonable en este sentido (y por ello no fue ni debatida en el Congreso del PSOE): que la monarquía se someta a referendo cada siete años. Ésa sí puede ser una renuncia aceptable, por cuanto es una renuncia democrática (se dispone del derecho a elegir a nuestros representantes políticos), pero estaría sometida a una continua revisión del sujeto cuyo derecho se limita (el propio pueblo).

Resumo este desordenado apunte para evitar el riesgo de que yo mismo me haya perdido: hay derechos que consideramos irrenunciables (cuáles son éstos es otro debate); de ningún modo el pueblo puede disponer de los derechos irrenunciables del individuo cuando su ejercicio no afecta a nadie más que a su titular; el propio individuo no puede renunciar a algunos derechos aunque pueda renunciar a su ejercicio; del mismo modo el pueblo no puede renunciar a los derechos colectivos que le dan dignidad, es decir, capacidad para autodeterminarse.

Todo ello se resume en que el derecho a emanciparse (el derecho a la dignidad) es irrenunciable.Y la búsqueda de ese derecho, en todos los niveles, es lo que identifica a la izquierda.

  1. 2 Responses to “Derechos irrenunciables”

  2. Un pequeño apunte: en Holanda existe una ley de eutanasia por decisión del Parlamento holandés, sin referendum previo.

    By Aurora on jul 9, 2008

  3. Eso lo deberías pedir también para Cuba, o sea que el rey cubano pusiera su cargo a disposición de los cubanos cada cierto tiempo y que estos lo eligieran en elecciones libres. Me da a mi que no.
    A los comunistas cuando os interesa sacais el tema de las elecciones, eso sí, si no os dan la razón entonces es que la democracia es un invento corrupto y burgues.

    By Defensa on jul 14, 2008

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