El lindo don Diego
24 June 2008 – 7:47Hay personas que no tienen capacidad para representar a un colectivo. Muchas veces son personas de una extraordinaria valía personal, pero que no asumen como posible defender algo distinto de lo que piensan entendiéndolo como una renuncia a la dignidad propia. Si el colectivo al que representan elabora una opinión contraria a la suya, preferirán dimitir o decir lo que ellos piensan antes que llevar la contraria a su propia conciencia, por liviano que sea el tema. Es una forma de ser que puede ser bastante seductora, por cuanto implica una autonomía de juicio irrenunciable. Pero es una forma de ser: nadie deja de tener esa actitud de un día para otro; y además es claramente una limitación para la representación colectiva, pues quien sólo puede hablar en nombre propio no puede hablar en nombre de varios.
Si no me equivoco, la única persona en la historia de las democracias españolas que ha sido portavoz de dos grupos parlamentarios distintos es Diego López Garrido, que fue portavoz suplente del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida (el portavoz era Julio Anguita, por lo que muchas veces era el propio López Garrido quien ejercía de portavoz) y pocos años después lo fue del PSOE.
En su primer paso por la representación colectiva, cuando era diputado y portavoz ocasional de Izquierda Unida mostró esa forma de ser que, sin criticar ni alabar, describía en el primer párrafo. No había ocasión en la que López Garrido se ahorrase una discrepancia más severa cuanto mayor fuera el daño que pudiera ocasionar a Izquierda Unida. En una materia tan definitoria como la política europea votó lo que le daba la gana, aprobando el Tratado de Maastricht, a pesar de que, para contentar a los que tenían su postura, IU decidió no rechazar tanto el Tratado en sí, como su aprobación sin referendo popular previo. Ni por esas. Quienes no tengan edad para recordar la actitud de López Garrido cuando era diputado de Izquierda Unida pueden hacerse una idea recordando a Rosa Díez como eurodiputada del PSOE. Y el eco sobredimensionado que los medios de la derecha dieron a Rosa Díez la legislatura pasada les hará comprender a los excesivamente jóvenes cómo se inventaron algunos medios fieles a Felipe González un discrepante relevante en la Izquierda Unida de dieciocho diputados y subiendo.
Ocurre que después se pasó al PSOE y de repente perdió esa forma de ser, confirmando las sospechas de que era más bien una forma de estar. Ni una discrepancia se le ha escuchado a este hombre, discreto, responsable y atento a la defensa de las posturas que convengan a la dirección de su partido. Recordemos la euroindependencia que tenía López Garrido en IU: los temas europeos eran aquellos en los que mayor énfasis ponía en señalar sus puntos de vista propios, sin hacer caso en absoluto a las posiciones políticas del grupo por el cual había sido elegido. Tras este breve recuerdo, busquemos en la memoria de los últimos días aquella vieja independencia de López Garrido denunciando ahora la Directiva de la vergüenza o las sesenta y cinco horas de jornada laboral. En vano. Nada ha dicho don Diego (puede ser que esté de acuerdo, pero entonces, ¿por qué no anunció su discrepancia cuando el gobierno socialista regularizó a cientos de miles de inmigrantes ilegales?). Lo más que ha hecho ha sido mostrar una entrañable faceta diplomática ante el gobierno italiano para evitar que la legislación afascistada que convierte en delincuentes a los inmigrantes sea un factor de roce: leed si tenéis estómago cómo abordó el malentendido entre el gobierno español y el de Berlusconi, con el que es prioritario seguir colaborando en política de inmigración.
Todos podemos cambiar de forma de ser y de pensar. Es raro hacerlo muy rápidamente. Y es sospechoso hacerlo en el sentido de los rendimientos personales: si López Garrido fuera ahora un militante de base del PSOE o fuera tan crítico con las posturas más vergonzantes de su partido como lo fue con las que él rechazaba de IU, uno podría creerse la sinceridad de sus posiciones y la honradez de su disidencia pretérita. Siempre son sospechosos los viajes hacia mayores rentabilidades. ¿Se equivocan quienes piensan que en aquel pasado librepensador había un impulso para hacer el mayor daño posible a IU desde dentro amparado en que López Garrido era consciente de que su futuro estaba asegurado cuando estuviera fuera? Hasta el momento, todo cuadra.
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