El actor y el personaje

21 junio 2008 – 8:25

Nadie que viera la película Así en el cielo como en la tierra pensaría que Fernando Fernán Gómez no estaba creíble en el papel de Dios amparándose en su carácter humano, librepensador y aparentemente ateo. Es obvio que estaba interpretando un personaje. Azarías, el personaje interpretado por Paco Rabal en Los santos inocentes no desprendía ningún rasgo comunista, independientemente del actor en cuyo cuerpo se encarnaba. Cuento estas obviedades a raíz de las buenas nuevas que nos traen las vidas privadas de las nuevas caras del Partido Popular. Al parecer, las ciudadanas Soraya Sáenz de Santamaría se casó por lo civil y no es muy creyente ella (¡prometió la Constitución y lo del Rey en vez de jurar!), mientras María Dolores de Cospedal tuvo un hijo sin estar casada (estando divorciada) y según cuentan los energúmenos lo tuvo por fecundación in vitro.

Gran alborozo. La alegría podría haber sido previa, pues es conocida la homosexualidad de algún dirigente, que no es nuevo, lo cual garantizaría que el PP no haría homofobia en la legislatura en curso, ni tampoco en la anterior. También un locutor de lo más integrista de la COPE ha llevado a algún miembro de su prole a un colegio laico tenido por progresista. Por no hablar de la Casa Real de la que podríamos esperar la mayor apertura de miras dadas las licenciosas costumbres sexuales de su máximo cargo, nasales de alguno de sus ex-miembros y nupciales de la última adquisición de la familia por vía conyugal.

Pero ni el PP dejó de ser homófobo, ni el locutor de la COPE ha dejado de alimentar la garganta de reacción política, ni la familia real ha dejado de ser un prodigio de catolicismo y buenas costumbres, ejemplo de familia tradicional. Porque no estamos hablando de los actores y actrices, sino del personaje que les toca interpretar.

Es posible que el PP se baje esta legislatura del monte para intentar desmovilizar a los votantes de izquierdas en torno al PSOE. Pero ello no será por el talante personal de las personas que aparezcan en la foto: si se lo pagaran a Zaplana, sería capaz de defender la nacionalización de la banca. Puede que cambie el guión y por lo tanto estas nuevas actrices tengan que interpretar personajes diferentes de los que representaron los actores que les antecedieron.

Estamos acostumbrados quienes tenemos los pies en el suelo a desdoblarnos en personajes más o menos coherentes entre sí. Uno no es el mismo cuando habla con sus caseros, con sus padres o con sus jefes en el trabajo. Pero no interpreta papeles antagónicos entre sí, en general. A veces ni somos conscientes del cambio de personaje. Sin embargo, en esas alturas, se es tan consciente de qué papel toca interpretar y de la absoluta indiferencia que supone cómo sea el actor que lo interprete como Rabal y Fernán Gómez cuando interpretaban a Azarías y a Dios.

Ocurre que en el caso de Sáenz de Santamaría y Cospedal, cómo sea la actriz nos debería dar exactamente igual. Lo único importante es el personaje que les toque interpretar: como ciudadanas dan igual, como doy igual yo; como cargos públicos estarán al papel que dé más taquilla. Y eso no depende de la normalidad de sus costumbres, sino de la anormalidad de sus guionistas.

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