Las alianzas y la identidad

27 marzo 2008 – 8:04

Se debate mucho en torno a la política de alianzas o simples acercamientos de Izquierda Unida, como una de las principales causas de la debacle electoral. En general, está en el ojo del huracán la política de acuerdo con el PSOE a nivel estatal. Se dice, y con razón, que si Izquierda Unida apoya sin fisuras al PSOE se convierte sólo en una copia de éste y, puestos a elegir, la gente prefiere el original a la copia. Otros acuerdos, como el mantenido con el PNV y EA para el gobierno vasco, o incluso el acuerdo en Arrasate con ANV (roto por EBB a raíz de la incapacidad de la alcaldesa de mostrar claramente su postura sobre el asesinato de Isaías Carrasco), dan más la impresión de ser una excusa que una protesta real. ¿De verdad hay quien cree que el 20% de voto perdido en Madrid se debe a Madrazo o incluso a los compañeros de EBB? ¿Tan frágil es la confianza de los votantes de IU en IU? Y en Cataluña, ¿también se ha perdido un escaño por Madrazo?

En buena parte da la impresión de que Izquierda Unida es percibida como una copia un poco más radical del PSOE y que, puestos en la disyuntiva, es lógico que se vote al original antes que a la copia. Sin embargo, no creo que ello sea por los acuerdos  que se puedan mantener con el PSOE, sino por la absoluta carencia de iniciativa y de discurso propio que sufrimos. Si Izquierda Unida fuera percibida como una fuerza claramente distinta a las demás, no vería desdibujada su identidad por llegar a acuerdos con éste o con aquél. Y si se hubiera encargado de tejer una red social a su alrededor, en ningún caso perdería un 25% de voto en unas elecciones (que son las terceras consecutivas en las que el resultado es catastrófico).

Aquí se propuso el discurso de la democracia radical, por ejemplo. Hay quien pone el énfasis en la Tercera República, que al fin y al cabo puede ser otra forma de reivindicar esa democracia radical. Lo que no puede ser es que andemos a remolque de las propuestas del PSOE para marcar nuestro perfil siendo un poquito más radicales o de las pataletas del PP rechazándolas con más virulencia que los del PSOE. Se supone que nuestra diferencia con el PSOE (y con cualquier otro partido) no es sólo cuantitativa, pero por la vía de los hechos mostramos que no, que sólo hay una diferencia de intensidad en el discurso, no en el meollo del discurso.

Y ahí está el problema, en la carencia de un discurso propio y autónomo, con el que presentarnos a la sociedad y a las distintas fuerzas políticas y desde el que llegar a acuerdos. Pero no podemos convertirnos en beatos a los que mancha todo contacto con otros: si la respuesta a la pérdida de identidad es el aislacionismo, estamos perdidos. Por supuesto que hay que llegar a acuerdos si se puede, si las otras fuerzas están dispuestas a relacionarse con nosotros de igual a igual en función del peso electoral de cada uno. La historia de la izquierda está plagada de esos acuerdos y, alguno de ellos, como la creación del Frente Popular, figura en nuestras vitrinas como una etapa con la que nos sentimos identificados. ¿Perdieron entonces su perfil Izquierda Republicana, el PSOE, el PCE o incluso los anarquistas, que se incorporaron al gobierno? En absoluto, porque el problema no está en llegar a acuerdos, sino en ser realmente distintos o no. Si nos encontramos con otros desde la diversidad, se nos percibirá diversos; si divergimos con otros pese a calcar sus discursos, se nos percibirá esquizofrénicos.

No sé qué votará Izquierda Unida en la investidura de Zapatero ni qué órgano adoptará la decisión al respecto, pero estoy seguro de que se decida lo que se decida, las cosas no cambian mucho por ese voto: si se vota a favor sin contrapartidas (o con contrapartidas meramente orgánicas como la obtención del grupo parlamentario), seguirá la percepción de que somos subsidiarios; si se produce la abstención o el voto en contra, parecerá que lo hacemos para escenificar una diferencia que necesitamos tras las elecciones. El problema no es esa escenificación, sino la realidad de que seguimos sin defender cosas que no defiendan otros en otros sitios.

  1. 2 Responses to “Las alianzas y la identidad”

  2. El problema no es tanto llegar a acuerdos o no. El problema es que Iu es capaz de llegar a acuerdos con el PNV, ANV,PSOE,BNG;ERC….pero es incapaz de ponerse de acuerdo consigo misma y elaborar un discurso coherente y eso la gente lo ve. Resulta que sus debates son la ley electoral, su grupo parlamentario, su federalismo y sus cambios de cromos. Que está muy bien, pero que en general nos da igual cuando tenemos 300.000 parados más y una economía en decadencia ( creedme, se lo que digo, lo vivo a diario pateándome esta querida España nuestra). No hace falta comerse tanto la cabeza, en general la sociedad va a necesitar menos discursos y planteamientos más fuertes, porque lo que viene es fuerte. No hace falta soltar chapas marsistas, ni anarquistas, ni leninistas, pero mucho menos dar la impresión de que solo existís para beneficiaros vosotros mismos. Es tan facil como pelear por lo que decís que quereis pelear. Si hago un manifiesto lo llevo hasta el final, si no, no lo hago. Si digo que defiendo a los desfavorecidos, me centro en ello, si no, no lo digo.Si de verdad me preocupa la sociedad, me mancho de ella; si no, no me preocupa……..etc. ¿ Que tal ese camino?

    By surco on mar 28, 2008

  3. En Ezker Batua también empieza a moverse algo:
    http://bidegorri.blogspot.com/2008/04/carta-abierta.html

    By Manu on abr 2, 2008

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