El arrojo de Blair
18 marzo 2008 – 7:10Ayer conocimos una de tantas diferencias entre las exitosas conversaciones de paz en Irlanda y las que se fueron al traste en Euskadi a mediados del año pasado: el arrojo del presidente británico, Tony Blair, que se ofreció a reunirse personalmente con la cúpula del IRA para salvar uno de los tantos momentos en que aquel proceso de paz mostró que iba a ser largo, duro y difícil. No hubiera sido el primer gesto valiente de este tipo: de hecho su ministra para Irlanda del Norte se entrevistó públicamente con los presos del IRA sin que ningún Alcaraz, ni ningún Grande-Marlaska, ni ningún Rajoy le insultase. El proceso de paz irlandés presentó muchísima más dureza que el que comenzamos en España en 2006 y que duró poco más de un año.
Las aberraciones cometidas por ETA en estos meses no tienen nada que ver con las que se cometieron por el IRA Auténtico, que sacudió el comienzo del proceso de paz con el atentado con más muertos de la historia del conflicto irlandés: murieron 29 personas en el atentado de Omagh. Obviamente una atrocidad semejante no hubiera sido superada por un proceso de paz equivalente en España. Todos creímos que cuando Zapatero repetía que el proceso sería largo, duro y difícil se refería a que podían suceder acontecimientos como el de Omagh (la T-4 fue mucho menos sangrienta y pretendió no serlo en absoluto, pero a cambio no se trataba de una escisión de ETA, sino de ETA misma) o la actual ruptura de la tregua que acaso sería reconducible si en ambas partes hubiera suficientes valor y voluntad.
A pesar del engrandecimiento de la figura de Zapatero que generaron las manifestaciones ultras de la AVT, los pasos dados por el Gobierno en la tregua fueron, como siempre, más simbólicos que reales. El principal paso fue la escenificación de la reunión entre el PSE y Batasuna con las cámaras presentes. El propio Otegi se encargó de amplificar la importancia de la reunión para conseguir dar pasos. Sin embargo en otros ámbitos no se tuvo el coraje necesario: no se acercó ni un preso (se dice que a ETA no le importaban los presos, pero el acercamiento hubiera generado una simpatía en la izquierda abertzale que hubiera dificultado el endurecimiento de la negociación por la parte etarra) y se vulneró claramente la legalidad al inventarse un delito para prolongar el encarcelamiento de de Juana Chaos. Éste volverá a terminar su condena en los próximos meses: ¿se respetará el Estado de Derecho o de nuevo fabricaremos un delito?
Se dice que en el Gobierno se da por hecho que en esta legislatura ETA volverá a llamar a la puerta de la negociación. Uno pretende haber aprendido de tantos chascos que la esperanza es lo último que se tiene. ETA sabe lo difícil que va a tener resultar creíble tras la experiencia del año pasado. Pero sería un catastrófico error del Gobierno que se entregara a las presiones del nuevo Alcaraz o del PP y permitiera a la derecha tener capacidad de veto sobre una posible pacificación del País Vasco. Claro que todo pasa por la voluntad de ETA de mostrar contundentemente que ya sólo observa como posibilidad la salida pacífica a tanto espanto: sería lo lógico, dada su supuesta debilidad; pero hace sólo once días que ETA demostró que lo lógico no es lo que les guía.















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