Si hay obligaciones, que haya derechos

27 febrero 2008 – 8:12

En el PP admiran fervientemente a los gobernantes de Estados Unidos sean quienes sean, incluso (o especialmente) en el caso de criminales bobos como George Bush. Si alguien se opone a lo que se decida en Washington, es porque sufre un antiamericanismo rancio. Sin embargo, no se sabe por qué, la derecha, que tanto denuncia el antiamericanismo de quien ose rechazar que se bombardee tal o cual país, se niega a adoptar el ejemplo de las mejores cosas que vienen de Estados Unidos. Apartado el tema de la economía tras el debate Solbes-Pizarro, volvió Rajoy a denunciar la cantidad de delincuentes que hay entre los inmigrantes, mencionando el famoso contrato por el que un extranjero se compromete a aprender sevillanas a cambio de que se le deje vivir en España mientras sea útil para ser explotado laboralmente. Asimismo (todo en aras de la seguridad de los españoles de bien, la gente normal, la gente con sentido común que no entiende esas cifras macroeconómicas) Rajoy prometió rebajar la edad de responsabilidad penal hasta los doce años.

La independencia de Estados Unidos se fraguó a partir del principio No taxation without representation: la corona británica quería imponer unos impuestos a quienes habitaban las colonias, que no tenían representantes en el Parlamento, y esta gente se negó. Si nos quieren poner obligaciones, decían, tenemos que tener también derechos; en concreto el derecho a que quien nos imponga esas obligaciones haya sido votado también por nosotros.

No hay demasiada diferencia entre aquel motivo de la rebelión de esas colonias británicas y la situación que pretende agudizar el PP, salvo que ni los niños ni los inmigrantes parecen predispuestos a levantarse en armas contra quien sólo les quiere cargar con obligaciones (en el caso de los inmigrantes se trata de obligaciones que no tendrán que cumplir los autóctonos: a eso se le llama xenofobia) sin otorgarles siquiera el derecho al voto. Rajoy sólo depende de los electores (españoles de más de dieciocho años) y de los poderes económicos: ni los niños ni los extranjeros pueden molestar lo más mínimo a Rajoy, salvo en el caso de la famosa niña del debate, si le sale lesbiana o pacifista (magnífico ayer Juan Carlos Ortega en la SER, entrevistando a la niña en el 2030, que se quería casar con Merche, a pesar de que sus padres tenían trabajo, había estudiado y era un bastión de la tolerancia, la libertad y los derechos humanos además de no avergonzarse de ser española).

Los inmigrantes trabajan, tributan, sufren los atascos de la sanidad, que pagan con sus cotizaciones a la Seguridad Social: sufren y disfrutan las decisiones políticas tanto como cualquier español residente en España, más el sobrecoste que provoca la xenofobia generada por algunos. Sin embargo viven without representation, lo que permite que candidatos electorales insinúen que un diez por ciento definido de nuestra población está compuesto por un porcentaje mayor de delincuentes que los españoles, que gozan de la presunción de inocencia. ¿Prometería Rajoy el contrato xenófobo si los extranjeros pudieran votar? ¿O más bien se iría a Lavapiés a hacerse fotos entre moros, chinos y negros?

En el caso de los niños la cosa es relativamente parecida. Rajoy piensa que a los doce años ya se tiene responsabilidad individual hasta el punto de poder ser castigados penalmente por los actos realizados. ¿Tienen responsabilidad individual, pero no colectiva? Si alguna razón hay para que no voten los niños, ésta sería la supuesta ausencia de responsabilidad a edades tan tempranas. Lo que es tramposo es que sólo tengan responsabilidad para las obligaciones, pero no para los derechos: si son responsables hasta el punto de poder pagar penalmente por lo que hagan, deben ser responsables también para elegir a sus representantes políticos.

Como ni los niños ni los extranjeros podrán votar el 9 de marzo ni el PP ni el PSOE ofrecen en sus programas electorales la ampliación de sus derechos ni, simplemente, la reducción de su discriminación. Por supuesto es sólo IU la que promete ampliar el derecho al voto a los inmigrantes que residan en España y rebajar la mayoría de edad a los 16 años.

Si hay que elegir entre ser justos y recaudar votos, que nos pillen en el lado bueno.

NOTA: El apunte de ayer se titulaba ‘Que entierren a Rajoy…’ (en referencia a su defunción política) y estaba en este blog que se titula III República.es Un divertido comentarista publicó firmando como pepe: “Que maten a Rajoy??? Que maten a vuestra puta madre. Aunque no os guste, españa tiene monarquía. ASIK A APECHUGAR!” Mola. Como el General.

  1. 6 Responses to “Si hay obligaciones, que haya derechos”

  2. Sobre inmigración / extranjería y trato policial, es interesante leer “La España de Zapatero, 2″ en http://www.sinpermiso.org.

    By Aurora on feb 27, 2008

  3. Se sigue sin entender que los inmigrantes cumplen con sus obligaciones, y están sin derechos. Pero se resbalan argumentos como los que dijo Rajoy: hay mucho inmigrante que nos deja sin recursos. ¡Mande!, y Zapatero, venía a hablar de su libro, que lo he hecho estupendo. Este… política social, no hay paro. Ya está. Eso es todo el debate, el proyecto. Anda que lo que nos espera con estos gañanes…

    By ilegorri on feb 27, 2008

  4. Está usted en contra de la guerra y del racismo, ergo es usted un peligroso extremista-

    By mitxel on feb 27, 2008

  5. Mientras a los que trabajan y viven con nosotros no se les permite el derecho a voto, se concede la nacionalidad y el derecho a voto a aquellos hijos de emigrantes que jamás cruzado el charco para conocer la tierra de sus padres. Y ahora, se quiere ampliar a los nietos.

    El concepto de nacionalidad como una raza imperial que se hereda por vía sanguínea.

    Mientras tanto, el “nacionalismo excluyente”, incluso el más intransigente de HB, ha considerado como vasco a todo aquel que viva y trabaje en Euskadi (sólo niegan el derecho a voto sobre el futuro de Euskadi a los “miembros de las fuerzas represoras del Estado Español”).

    Parece que el nacionalismo español es más intransigente y racista de lo que pintan algunos al nacionalismo vasco…

    Aunque tiene su punto divertido: irónicamente, aunque sea la izquierda la que pida el voto, por cuestión de principios (que reconoce como ciudadano a aquel que fija su residencia en ese país, independientemente de dónde se encontrara el coño de su madre en el momento de venir al mundo)…el voto inmigrante beneficiaría a medio plazo a la derecha: suele ser un voto más conservador, que a poco que la derecha lo corteje y olvide su populismo xenófobo, lo tiene asegurado y, con ello, la victoria en las elecciones.

    By Mendiguiño on feb 27, 2008

  6. Mendiguiño, tu comentario me toca un poco las narices. La nacionalidad para hijos y nietos de emigrantes y exiliados en nada perjudica los derechos (o su falta de derechos) a los inmigrantes que hay en España. Vivo en Toulouse, probablemente la más española de las ciudades francesas, llamada por algunos capital del exilio republicano, y mucha gente ha incluso llorado por tener la nacionalidad que fue negada a sus padres o abuelos. Porque hay que recordar una vez más que a los exiliados republicanos les fue retirada la nacionalidad y la posibilidad de volver a España. Por favor, para defender un derecho más que justo como es el de los extranjeros residentes a votar o a la nacionalidad, no es necesario reducir derechos de otros. Por cierto, apunte para curiosos, el día 9 tambien podré votar en las elecciones locales francesas.
    Salud y República.

    By Aurora on feb 27, 2008

  7. Si te molesta mi comentario, lo siento. O no lo siento, me alegra.

    La concesión de la nacionalidad con derecho a voto provoca que haya concellos gallegos en los que la mayor parte del electorado viva a miles de kilómetros de distancia.

    De hecho, las últimas elecciones gallegas se decidieron, como supongo sabrás, en las sacas venidas de América.

    La nacionalidad no la reconozco, sino la ciudadanía. Y en mi opinión es ciudadano de un territorio aquel que resida en él. Independientemente de sus orígenes.

    La “raza española” a lo mejor se hereda. La ciudadanía se pierde (en el caso del exilio, forzosamente) al marchar del territorio y se recupera con su vuelta (para todo ciudadano francés, absolutamente libre).

    Porque hay que recordar que hace ya más de 34 años que los exiliados pueden regresar libremente a España si lo desean, dejémonos de chorradas.

    Un ejemplo: Mi tía vive en Brasil. Sólo regresó una vez, hace años. Tengo primos brasileños (aunque nacidos en Galicia, se marcharon con 3 y 1 años) que jamás han pisado Galicia y que tienen hijos que ni tan siquiera sabrían señalarla en un mapa. Sin embargo, esos primos segundos míos, cuyos nombres ni conozco y que ya no tienen absolutamente ninguna relación con el pueblo que su abuela abandonó con 23 años…¡¡¡TIENEN DERECHO A VOTO!!! Y sin embargo, una gran amiga…brasileña pero residente aquí desde hace años…¡no lo tiene!

    No es que reduzca derechos. Es que niego el derecho al voto a todo aquel ciudadano que no conviva en mi sociedad. Como si es hijo del Gran Capitán y María Pita, y lleve tatuado en el culo el escudo español (cualquiera de ellos).

    Yo mismo, si marcho a vivir a Toulousse, no entendería porqué habría de votar en unas elecciones españolas de cuyo resultado no participo y a cuya sociedad soy ya ajeno.

    Ese absurdo viene de considerar la pertenencia a un Estado como una marca de nacimiento, racial y consanguínea. Lo siento, yo no tengo esa concepción fascista de la nacionalidad.

    Un hijo de españoles no tiene porqué ser español. Para empezar, ni tan siquiera reconozco la existencia de españoles…

    Por cierto, apunte curioso, si fueras ciudadana francesa también podrías votar en las locales españolas (son acuerdos recíprocos).

    By Mendiguiño on feb 28, 2008

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