Se hace, pero no se dice

18 December 2007 – 9:10

Urkullu ha anunciado en su inicio al frente del PNV su intención de tener contactos con todas las fuerzas políticas vascas. Como ‘todas’ a veces quiere decir todas, Urkullu incluye en su ronda a la izquierda abertzale representada en el parlamento vasco y en muchos ayuntamientos y que debe de tener entre 100.000 y 180.000 votantes potenciales. Esto lo anuncia un dirigente del PNV, así que se arma la marimorena. Esta no exclusión fue portada ayer de El País y Carles Francino explicó en la SER que es una iniciativa que ‘objetivamente da alas‘ a la izquierda abertzale y al entorno etarra. En todos los casos se criticaba la inmoralidad de dialogar y se señalaba que esa inmoralidad es mayor por la proximidad de la bomba de Sestao. Es decir, la misma lógica que aplicaron los Alcaraz, Rosa Díez y Acebes al PSOE, sólo que aplicada por una cierta izquierda al PNV.

Es muy difícil argumentar que está bien que el PSOE dialogue con Batasuna (no hablemos del diálogo con ETA) y al mismo tiempo decir que es impresentable que el PNV dialogue con Batasuna. ¿Qué se podría argumentar? Acaso que ETA ya no está en tregua y que sólo con el silencio de las armas se puede iniciar un diálogo. No sería un argumento demasiado lógico. Primero porque un objetivo esencial de ese diálogo es conseguir que se abandonen las armas: si ya las hubieran dejado, la sociedad vasca tendría problemas políticos importantes, pero no el de ETA. Y en segundo lugar porque algunos de quienes critican al PNV por ese diálogo sin que haya un gesto de ETA nunca criticaron que dirigentes del PSOE guipuzcoano cocinaran a fuego lento la tregua de 2006 antes de que ésta se produjera: cuando era un secreto a voces que ETA estaba a punto de decretar una tregua, no paraba de haber bombas anunciadas para mostrar la fuerza de la que disponía ETA y nadie (sensato) utilizó aquellas bombas para pedir que no se intentara conseguir la paz.

Podría ser otro argumento que el diálogo para la paz lo debe gestionar el gobierno central. Pero tampoco sería un argumento demasiado inteligente, pues de nuevo nos encontraríamos con el hecho de que el argumento viene de quien comprendió las conversaciones entre Egiguren y Otegi cuando el PSOE no estaba en La Moncloa (ni se le esperaba). ¿Acaso podría mantener esas conversaciones un partido de la oposición española pero no el principal partido de gobierno vasco? Pero hay más: la tregua de 1998 se gestó gracias al diálogo entre fuerzas vascas. Conseguida la tregua fue el gobierno Aznar el que, lejos de renunciar a intentar la paz por venir ésta del esfuerzo de los nacionalistas (entre otros), se puso a charlar con el Movimiento Vasco de Liberación hasta que decidió que era más útil apostar por arruinar aquella tregua trampa. ¿Por qué ahora sería ilegítimo que el PNV volviera a intentar conseguir la paz?

En realidad el problema de la apuesta de Urkullu no es ni mucho menos moral: es estético y temporal. Estético porque una diferencia crucial entre la apuesta de Urkullu y los ejemplos descritos es que aquéllos se hicieron en secreto: ‘tú habla, pero que no nos enteremos‘, parece ser el mensaje de profundo contenido moral; se podría incluso argumentar a favor de que la discreción es muy conveniente de cara a que ese diálogo sea fructífero, pero también es posible que si se muestra a la sociedad vasca que sigue habiendo un resquicio para la paz y el diálogo, la izquierda abertzale se vea obligada a hacer un esfuerzo, so pena de aumentar la ira de su pueblo contra ella. Temporal porque dentro de tres meses hay elecciones y por tanto el tema vasco hay que afrontarlo con la visceralidad más ciega de la que seamos capaces.

¿Les parece mal que Urkullu dialogue con todo el mundo? No, les parece inoportuno. Inoportuno para sus intereses, claro.

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