Diseccionando a La Razón. “Nosotros sí perdonamos”
23 junio 2010 – 18:55La cuarta noticia más leída del otro día en La Razón, justo debajo de “La nueva pastilla para la erección: aquí te pillo aquí te mato”, se tituló “Nosotros sí perdonamos: los otros testimonios de crímenes impunes de la Guerra Civil”, y se situó dos puestos por delante de “Elija a la mejor vestida en la boda de Victoria de Suecia”.
Tras leer la cuarta noticia y contrastarla con las otras dos uno puede constatar, por un lado, que ninguna de las noticias destaca por encima de las otras dos en cuanto a su trascendencia real y, por otro, que los textos más leídos por los asiduos de La Razón sólo confirman un perfil que todo el mundo se imagina a grandes rasgos: jubilado, franquista hasta la muerte y, lamentablemente, con un escaso nivel de estudios que, en su día, favoreció un fácil y persistente adoctrinamiento durante la interminable dictadura.
Puede sonar pretencioso, pero esos abuelos que hoy consumen La Razón, tal y como antaño se tragaban la propaganda fascista, pueden ser considerados como parte de las últimas víctimas de Franco. Esta afirmación no me parece aventurada teniendo en cuenta que la violencia no fue sólo física y no sólo se ejerció contra quienes defendieron el gobierno democrático, sus familias y allegados, sino que también arrasó con una generación perdida, violenta, donde “la letra, con sangre entraba” y donde la sumisión de la mujer al orden establecido convirtió a muchas de las abuelas españolas en baluarte de las ideas más retrógradas. Más machistas que sus maridos -en no pocas ocasiones- perpetuaron junto a ellos en sus hijos y nietos, como “dios manda”, convicciones indiscutibles todavía hoy para un amplio sector de la población española.
Instituciones como el ejército, la iglesia, medios de comunicación como La Razón, ABC, etc., y literatura post o neofranquista, han logrado la pervivencia de una derecha tan fiel como intransigente, tan educada como inmoral, tan respetable como insensible al sufrimiento ajeno.
No es de extrañar que si alguien asume “en lo más hondo de su ser” ideas tan anodinas como “orden”, “patria”, “catolicismo” o “disciplina” desde su juventud, porque eso le enseñó la máxima autoridad -su padre- aún sin muchas explicaciones, hoy, ese alguien, fallecidos sus mentores y el dictador, se refugie en esas instituciones, esos medios y esa “literatura” además de otros instrumentos de evasión como la basura televisiva, los toros o el fútbol.
Un abuelo que confunde sabiduría con adoctrinamiento, aferrado a actitudes tan arraigadas, podría ser observado como un verdadero héroe si consiguiese liberarse de todos esos prejuicios sin caer en la depresión. Personificaría el triunfo de la sensatez sobre el embrutecimiento si reconociese que no pueden equipararse crímenes ocurridos en su gran mayoría durante el primer año de guerra por grupos que actuaban casi siempre al margen del gobierno republicano, con un genocidio planificado y ejecutado durante los 3 años de guerra y aún en marcha más de una década después. No hablaría de “bandos”, sino de un gobierno democrático que sufrió un golpe de Estado militar. No insultaría a las víctimas acusándoles de “no perdonar” (nosotros si, luego ellos no). Tampoco se atrevería a hablar de impunidad tras varias décadas de represión contra los vencidos y, por extensión, contra todo aquel que no mostrase su sumisión pública al régimen, además de otros muchos inocentes.
Un jubilado de la División Azul que no incitase a sus nietos a olvidar y que, al contrario, condenase el terror que ejerció junto a otros militares franquistas, no obtendría el perdón de nadie porque ya ni siquiera se trata de eso. Actuando así se ganaría el respeto de sus nietos y el de una sociedad más humanizada, ni siquiera la nuestra.
La justicia que queremos para los asesinos es sólo el reconocimiento de sus crímenes y la anulación de los juicios ilegales por parte del Estado actual. Si, además, las otras víctimas, las víctimas de la propaganda fascista, consiguen liberarse de sus prejuicios durante el proceso de reparación, estaremos caminando más lejos de los objetivos de la recuperación de la Memoria Histórica.
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3 Responses to “Diseccionando a La Razón. “Nosotros sí perdonamos””
César en mi trabajo, tengo la impresión que la inmensa mayoría es así. Que digo impresión estoy seguro. Escuchan la Cope y esRadio, leen prensa escrita de ese estilo. Insultan al Gobierno sistemáticamente, por olimpismo. Son machistas, más que la abuelas a que te refieres. Se da la circunstancia que como hoy todos los años, tienen ordenado tomar una copa en honor al santo del monarca, te echan un discurso y gritan viva el Rey, todo ello por decreto, y otro compañero y yo que no asistimos a esos actos, nos negamos, se nos tacha de antiejército. Fijate la visión, todo lo que no se haga conforme a sus cánones es ser antiejército, no puede ser simplemente no ser monárquico o más simple aún ser libre, y como es lógico en esas mentes también significa ser comunista. Horroroso, lamentable, arcaico, de una pobreza de mente brutal.
By Paco on jun 24, 2010
Joer Paco ¿Trabajas en la policía nacional, en la guardia civil o para la Iglesia católica?
By César on jun 24, 2010
Parecido Cesar, pero no es ninguna de esas tres instituciones. Pregúntale a Saqunda por si ella lo sabe
By Paco on jun 24, 2010