Diseccionando a El País y Público. Obama, entre la ilusión y la decepción.
18 enero 2009 – 23:49
Para quién, a estas alturas, no sea capaz de distinguir el abismo que existe entre El País y Público en el tratamiento que sobre ciertos contenidos publican estos diarios, extraigo un ejemplo muy significativo. No se trata de Venezuela o Bolivia, ni siquiera de Ecuador o Paraguay. Tampoco de la banca o la crisis. En esta ocasión es Obama, o mejor, lo que de él percibimos: futura decepción según las voces que airea Público, ilusión que empieza, según opiniones afines a El País.
Público;
“Cómo decepcionará Obama a toda la gente de izquierdas”.
“Los progresistas estadounidenses subrayan que el presidente electo se ha rodeado de figuras muy aplaudidas por la extrema derecha”.
PERE RUSIÑOL – Madrid – 18/01/2009
El País;
“Obama presidente. Comienza la ilusión”.
RICHARD FORD / MANUEL VICENT 18/01/2009
“Obama presidente. Comienza la ilusión”. Este es uno de los titulares que El País de hoy dedica al nuevo presidente. Curioso contraste con Público. Pero no observo la distancia en el fingido optimismo de unos frente al sincero pesimismo de otros, sino en que para defender la ilusión del “yes, we can” hay que escribir sobre lo insustancial y obviar los hechos relevantes o las primeras palabras escritas por Barack en su hoja en blanco. Es ahí, en los contados posicionamientos del presidente electo, donde le vemos las orejas al lobo, y es eso lo que nos cuentan Chomsky, Holland, Michael Albert y Paul Krugman, en el esclarecedor artículo de Público.
Para El País, que “(…) Obama ha clavado una estaca en el corazón del racismo estadounidense (…)” es más importante que su silencio sobre Gaza. Ya se sabe, el que caya, otorga. Mejor comentar lo evidente que lo vergonzoso. Mejor elucubrar sobre si “Barack Obama es un negro norteamericano, porque ni ha bebido la leche de los bisontes ni sus antepasados fueron esclavos”, que lamentar “la distancia” que separa “su retórica” del “decepcionante” plan económico que ha presentado.
Que un republicano, amigo de Richard Ford, asegure que “no votó por Obama pero reza por él”, es una información banal, la comparemos o no con la opinión de Richard Perle, uno de los más radicales neocon: “Me siento aliviado. No creo que veamos mucho cambio”. O la de William Kristol, otro ideólogo neocon, que en un artículo titulado sarcásticamente Continuity we can believe in, afirma: “Obama probablemente pedirá consejo a Cheney”.
Para El País, “entre las huestes ilusionadas del progresismo se admiten apuestas acerca del momento en que Barack Obama va a producir el primer fiasco”. Público ya recoge las primeras decepciones: sus posiciones ultraliberales, continuistas en lo económico, su silencio sobre la masacre en Gaza, o el mantenimiento de algunos halcones en su equipo de gobierno. Detalles sin importancia.
Pero el otro articulista de El País, Manuel Vicent, no va más allá de una biografía oficial u otras cuestiones tan estimulantes como que “El hecho de que en este período de crisis profunda, el imperio de Occidente vaya a estar dirigido por alguien con nombre árabe en quien confluye una fusión de etnias y culturas, y una educación mestiza absorbida en tres continentes, hay que tomarlo como la metáfora del destino”. No deja de ser un dato superfluo citar la multiculturalidad de las raíces de su nombre para, suponemos, remarcar su buen talante y aptitud para la diplomacia, mientras, Chomsky, señala que “Obama se ha rodeado de figuras muy aplaudidas y elogiadas por la derecha y la extrema derecha. Sus escasas posiciones explícitas son las de un auténtico halcón” (…). “Algunas de las figuras proceden directamente del equipo de George W. Bush, como el jefe del Pentágono, Robert Gates. Los arquitectos de su política económica desde Robert Rubin a Lawrence Summers promovieron en la etapa de Bill Clinton algunas de las medidas que acabaron provocando el estallido financiero. Y los pesos pesados del Gobierno el vicepresidente, Joe Biden, la secretaria de Estado, Hillary Clinton fueron al inicio entusiastas de la guerra de Irak y mantienen una relación muy estrecha con el poderoso lobby sionista”.
¿Hay que esperar cambios en la prensa que guarda celosamente los intereses económicos del gran capital? Los mismos que los políticos prometen con grandes disertaciones retóricas vacías de contenido concreto. Esos cambios no pasarán de la corrección de las posturas más aberrantes de los neocons, es decir, la vuelta al “imperialismo blando”: el cierre de Guantánamo, la retirada parcial de Irak e incluso, como no, la promulgación de los matrimonios homosexuales.
El mandato de Obama consistirá en mantener la ilusión del cambio sin llevar a cabo ninguna transformación real de las estructuras del poder económico. No se cambia la política económica, neoliberal, sino que se rescata; no se cambian los engranajes financieros, la FED, el funcionamiento de los bancos o la bolsa; no se eliminan los paraísos fiscales; no se construye la sanidad pública; no se evita intervenir militarmente en el exterior, se desvía la atención a otros asuntos; no se educa a la población, se la embauca.
No consiste en la transformación de estructuras anquilosadas, muy necesarias para conservar las relaciones de poder, sino en diseñar, a través de los medios, la ilusión del cambio.
La Administración Obama. Vicenç Navarro. Sistema. 17-01-2009
Los desafíos de Obama: Iraq, Pakistán y Afganistán. Noam Chomsky. The New York Times Syndicate. 15-01-2009


















