11 abril 2013 – 16:17

El País: “La revolucionaria de hierro. Muere Thatcher, la mujer que transformó la derecha británica”.
El Mundo: “Adiós a Margaret Thatcher, la Dama de Hierro. La revolución liberal“.
Abc: “Adiós a Margaret Thatcher. La mujer que cambió el mundo. La exprimera ministra, fallecida a los 87 años, dirigió la revolución conservadora del Reino Unido“.
La Razón: “Muere Thatcher, el orgullo de la derecha. Los líderes mundiales destacan el papel fundamental de la ‘Dama de Hierro’ para transformar la sociedad del siglo XX”.
Pervertidos. Lo hicieron otra vez. A la reaccionaria la llamaron “revolucionaria” tras su muerte. A la marioneta del establishment económico británico Dama de Hierro…
La tanatopraxia es el conjunto de prácticas que se realizan sobre un cadáver desarrollando y aplicando métodos tanto para su higienización, conservación, embalsamamiento, restauración, reconstrucción y cuidado estético, como para el soporte de su presentación. Justo lo que hizo la prensa española con la memoria de Margaret Thatcher, figura ya idealizada y edulcorada por la industria del cine en The Iron Lady.
No cabía esperar otra cosa de unas cabeceras fuertemente ideologizadas por la doctrina neoliberal. La inversión de los términos llevó a todas las portadas de la prensa el apelativo “revolucionaria” aplicado a quien practicó la contrarrevolución. La revolución es “el cambio inmediato o transformación radical y profunda respecto al pasado” según la definición aceptada por cualquier diccionario. Reaccionario o contrarrevolucionario -son sinónimos- es ”un término referido a ideologías o personas que aspiran a instaurar un estado de cosas anterior al presente“.
¿Qué fue lo que hizo la intransigente Thatcher?
Desenterrar las ortodoxias del libre mercado que habían sido enterradas tras la Gran Depresión de la década de 1930. Promover la vuelta a la desregulación económica -base de la doctrina neoliberal- que condujo al crack del 29 primero y a la Segunda Guerra Mundial después junto a su aliado Ronald Reagan. Desmantelar todos los logros conseguidos por las tesis keynesianas y la proclamación de la Carta de Naciones Unidas. Regresar a la barbarie, a la ley de la selva, al descontrol financiero. Siguiendo la estela de Milton Friedman, sentar las bases desde la década de los 80 para la actual crisis económica. Nada de esto lo encontramos en El País, casi ninguna referencia al neoliberalismo. En su portada encorseta la alianza con Reagan como “decisiva para la caída del comunismo” y para “instaurar el euroescepticismo británico” sin más.
La Thatcher que nos vende El País refuerza su origen de “familia de modestos recursos” en un entorno de amables fotografías
Mientras El País mezcla al establishment económico con el sindicalismo afirmando que “Thatcher se enfrentó al poder establecido, incluido el de los sindicatos y en particular los mineros” (1), Vicenç Navarro nos recuerda que “Thatcher fue una figura promovida por el establishment con el objetivo de destruir a los sindicatos, cuyo grupo central y más radical, fue el sindicato de mineros. Redujo también la protección social, hasta tal punto, que la mortalidad en la mayoría de sectores populares (tal como ha documentado extensamente Richard G. Wilkinson en su libro Unhealthy Societies) creció durante su mandato, incluyendo las tasas de suicidio, homicidio, y alcoholismo, apareciendo de nuevo un problema que había desaparecido: el hambre, en especial entre los niños, y muy en particular en las regiones más pobres, como Yorkshire, Escocia, y el País de Gales“.
Respecto a la guerra de las Malvinas, El País publicó el pasado 1 de abril un artículo titulado “Thatcher, libertadora argentina. Los “nazis argentinos” se habrían consolidado en el poder si la Dama de Hierro se hubiera cruzado de brazos ante la ocupación de Las Malvinas hace treinta años” (2). Es decir, que esa guerra tuvo como fin la liberación del nazismo, y nunca la recuperación de la popularidad o fines electoralistas. No nos recordó El País, sin embargo, las palabras que la “liberadora” dedicó a Pinochet, a quien agradeció su ayuda contra Argentina en los siguientes términos;
“En todo caso quiero agradecer en primer lugar, la ayuda que dio al pueblo inglés en el conflicto de las Faulklands, y segundo por comenzar una nueva era en Chile fundada en verdadera democracia“.

Aunque no en El País, en otros medios encontramos a Thatcher como adalid del feminismo. Es una de las lecturas más perversas tras su muerte, pues fue la dirigente británica que recortó con mayor intensidad los derechos de las mujeres en Gran Bretaña, tal y como indicó la NOW (la mayor asociación feminista de EEUU). Siempre despreció a las feministas.
Con todo, el aspecto fundamental que El País pervierte respecto a Maggie (*) es -sin duda- el económico. Valga como ejemplo el halagador editorial del 9 de abril “La huella de Thatcher” (3), del que extraigo algunos fragmentos;
“(…) Desaparece una figura arrolladora que transformó Reino Unido (…) Thatcher rompió moldes, empezando por las rígidas estructuras clasistas de su país (…) con un tesón inquebrantable, superó la barrera de género (…) su huella ha marcado no solo sus 11 años de mandato, sino la agenda de tres décadas. La creencia de que una nación solo puede prosperar con personas libres y con libertad económica, la insistencia en la responsabilidad individual (…) Su política de privatizaciones y liberalización económica sacaron del marasmo a un país paralizado (…) Su defensa de la libertad la llevó a embarcarse con Ronald Reagan en una política de acoso al poderío soviético que acabó por reconfigurar el equilibrio geopolítico mundial (…)”.
Un editorial sobre su legado que en ningún momento incluye el término neoliberalismo. Recuperamos a Vicenç Navarro, que sí suele ofrecer cifras en sus análisis, para recordar que en 1928 el 1% más rico de EE.UU. poseía el 24% de toda la renta nacional, y que tal porcentaje disminuyó debido a las intervenciones públicas del New Deal llevadas a cabo por el presidente Franklin D. Roosvelt y mantenidas más tarde por todos los otros presidentes de aquel país hasta principios de los años ochenta, hasta que Reagan y Margaret Thatcher en Gran Bretaña cambiaron radicalmente tales políticas desde los 80 favoreciendo a las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. Thatcher aumentó el desempleo, privatizó empresas públicas, redujo del 85% al 40% la tasa impositiva a los más ricos, potenció la “flexibilidad laboral”, destruyó el 15% de la base industrial del país, deterioró la Sanidad, la Educación y el Transporte públicos….
Capitulo final el dedicado al mundo de la cultura y el espectáculo. Lo único que encontramos publicado en El País es un texto -La dama y los Sex Pistols (4)- en el que se dice que a mediados de los 70 “la clase obrera se había enriquecido“, que “la vieja política del consenso y la gestión económica de Keynes se había venido abajo“, y que “Thatcher encontró aliados antinaturales en el grupo punk Sex Pistols (uno de sus músicos afirmaba ser admirador suyo)“. No sólo eso, el autor del artículo generaliza afirmando que “la exprimera ministra supo conectar con una generación que estaba harta de una élite política que parecía incapaz de entender un mundo nuevo”.
Pregunten a The Beat, a Pink Floyd, a los Exploited, Crass, Iron Maiden, The Clash, Elvis Costello o particularmente a The Smiths, quienes le dedicaron la primera de las varias canciones en las que no sólo rechazaban la figura de Thatcher, sino que le deseaban la muerte de forma explícita y violenta. “Margaret on the Guillotine”, un tema breve y etéreo de su primer disco, Viva Hate (1988), resumía sus sentimientos de la siguiente manera: “La gente amable / tiene un sueño maravilloso: / Margaret en la guillotina./ Porque la gente como vos / me hace sentir tan cansado. / ¿Cuándo vas a morirte? / Y la gente como vos me hace sentir tan viejo por dentro. / Por favor, morite. / Y, gente amable, / no se guarden ese sueño. / Háganlo real. / Hagan el sueño real” (5).
Otras canciones contra Thatcher llegaron de la mano y de la voz de Sinéad O’Connor, Billy Bragg o Robert Wyatt.
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(1) http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/08/actualidad/1365422190_056320.html
(2) http://internacional.elpais.com/internacional/2012/03/30/actualidad/1333127708_772000.html
(3) http://elpais.com/elpais/2013/04/08/opinion/1365450988_832450.html
(4) http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/08/actualidad/1365440859_485211.html
(5) Nos habíamos odiado tanto. http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/4/nos-habiamos-odiado-tanto/
(*) Aficionados del Liverpool cantaban antes de la muerte de Thatcher “Cuando Maggie Thatcher muera, tendremos una fiesta”, ya que la consideraban como la única culpable de la tragedia de Hillsborough.
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