Ucrania: Respuesta a Santiago Alba Rico

5 marzo, 2014 – 6:12

Continuando con mi anterior entrada, y mi queja hacia la tendencia generalizada a dar por buenas todas las protestas que se realizan en cualquier escenario, sin analizarlas, ni analizar su contexto, quiero hablar en esta ocasión de la cuestión de Ucrania.

No voy a hablar de cuales son los intereses a que responden dichas protestas, porque ya hay artículos suficientemente detallados al respecto y me resultaría complicado añadir algo más, por lo que me limito a dejar algun enlace.

Sin embargo, acabo de leer perplejo el artículo a propósito de Ucrania que ha escrito Santiago Alba Rico, y que lleva por título “Podemos en Ucrania”, y no puedo dejar de contestar a unas cuantas de sus tesis y afirmaciones porque son erróneas, cuando no directamente falsas.

En primer lugar me llama la atención como se excusa previamente diciendo que no tiene demasiada idea sobre la región, lo cuál ya deja entrever que lo que va a hacer son juicios apriorísticos, juegos intelectuales y teóricos sin conocer la realidad concreta y basados en elucubraciones, como diría un buen colega mío, un ejercicio intelectual inútil.

En segundo lugar, afirma lo siguiente:

“las protestas eran legítimas y que “Yanukovich no fue derrotado por un complot de Occidente, ni cayó víctima de una guerra mediática (aunque Occidente se involucró, igual que “Oriente”, y la guerra mediática todavía sigue), sino por una espontánea, heroica y desesperada acción de miles de ucranianos, que permanecieron durante meses en las calles y plazas con temperaturas muy por debajo de cero”

No voy a entrar en si las protestas contra Yanukovich eran o no legítimas, porque de hecho pienso que sobraban los motivos para protestar contra ese gobierno, claramente escorado en favor de las oligarquías pro-rusas. Sin embargo, es falso que fueran las protestas quienes hayan derrotado al gobierno de Yanukovich. Basta con comprobar lo que ocurre hoy en nuestro país, o lo que ha ocurrido en Grecia y otros lugares. El 15M ha permanecido protestando durante meses y aún sigue, las manifestaciones y acciones de protesta son inmensas, mayores que en Ucrania, y en Grecia las huelgas y lucha popular también han sido enormes, y sin embargo los gobiernos no se han bajado del carro, no han sido derrotados, no han caído como el de Yanukovich. ¿Qué derrota entonces al gobierno de Yanukovich? Dos cosas: La injerencia de la UE y EEUU, y la batalla armada en las calles. Sin estas dos variables jamás se hubiera acabado con el gobierno, por mucho frío que los manifestantes hubieran soportado en las calles y plazas, porque no me imagino yo a Yanukovich, el Rajoy ucraniano, pensando algo así como “míralos, porecillos, el frío que deben estar pasando, me voy a ir para que puedan volver a sus casas”.

En ese contexto, parece claro que la injerencia de la UE y EEUU no responde en ningún caso a intereses populares, sino únicamente a cuestiones geoestratégicas de otra oligarquía que no era la que tenía el poder en Ucrania con el anterior gobierno. En cuanto al uso de las armas, nunca me he caracterizado por censurar la lucha popular armada contra regímenes que usan la violencia para aplastar a su población, siempre con la condición de un apoyo popular mayoritario y como última opción de conquistar el poder democrático. Sin embargo, en el caso de Ucrania quien tiene esas armas, y por tanto quien toma el poder, no es en ningún caso el pueblo indignado, sino los grupos nazis y fascistas que cuentan con el apoyo y las armas proporcionadas por la oligarquía pro-UE y quien sabe si también proporcionadas directamente por USA.

Es decir, en Ucrania no es el pueblo quien derrota al gobierno de Yanukovich, sino la UE y USA apoyándose en minorías nazis y fascistas (o viceversa), lo cuál condiciona absolutamente el análisis de la situación. Puestos a hacer analogías, sería en el mejor de los casos (porque no tengo claro ni que los inicios de las protestas fueran en sí populares) como si Rusia se hubiera interesado por “pescar en río revuelto” cuando en España se da el 15M y decide apoyarse en grupúsculos fascistas armados para que ataquen al gobierno durante las protestas y aprovechando estas tomen el poder. En ese caso, yo no tengo dudas, hubiera agradecido la ayuda de cualquier gobierno extranjero que evitase que llegasen al poder los fascistas.

Continuando con el artículo, me llama la atención lo siguiente:

“no creo que los EEUU tengan en estos momentos una política internacional más agresiva que en el pasado, al menos en términos militarmente convencionales. ¿En qué momento de la historia no ha habido -digamos- saturación geoestratégica? Lo nuevo no es la intervención de los Estados sino la de la “gente”, de esa gente amontonada, absurda, promiscua, desorientada, desorganizada, totalmente desasida de una memoria histórica y un referente político. De hecho, EEUU nunca ha intervenido tan poco, al menos en términos militares convencionales, pues es verdad que el uso de drones y de la CIA les garantiza un alto nivel de intervención. Pero lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio.”

En primer lugar por la alusión a “intervenciones militarmente convencionales” para diferenciarlas de otro tipo de intervenciones y acabar concluyendo, fijándose únicamente en las intervenciones militares convencionales, que EEUU lleva una década sin intervenir militarmente. Me da igual una intervención militar convencional, que las intervenciones militares de otro tipo, ya sean propiciando golpes de estado, dando armas a un sector oligárquico de su interés dentro del país, o interviniendo a través de la OTAN o países de esta (como en Libia), o favoreciendo a gobiernos de su interés como en Colombia. La realidad es que EEUU interviene militarmente a lo largo y ancho del planeta. De hecho, si no lo hace tanto del modo convencional es porque le sale más caro, es más complicado, le supone muchas más protestas de sus ciudadanos y ciudadanas, y también, como reconoce el propio autor del texto, porque ha encontrado mayor oposición en otras potencias extranjeras como China o Rusia que le hacen en ocasiones de freno, pero en ningún caso porque tengan una política exterior menos agresiva.

Más adelante, el autor del artículo expresa lo siguiente:

“Pero no deja de ser triste que haya un sector de la izquierda que estudia concienzudamente la geoestrategia y cree que, en ese tablero general, […] no quiere perder un minuto en estudiar a la gente y considera además una traición, a nivel político concreto, pactar con la gente. ¿No queremos hacerlo nosotros? Pactarán otros con ella y se la venderán a los nacionalismos más siniestros, a los racismos más abyectos, a las dictaduras más criminales”

Lo siento pero no se si este tío es un ingenuo o directamente gilipollas. ¿Qué tipo de pacto cree que puede ofrecer la izquierda a la gente que protesta en otros lugares? Desde esos sectores de izquierda a los que se descalifica se intenta pactar continuamente con los pueblos, se colabora con las causas saharauis, con la palestina, se apoya la lucha del pueblo griego, el venezolano y el cubano, y así podríamos seguir… se intenta diariamente lograr apoyo para dichos pueblos, para esa gente, sin embargo, que yo conozca, al menos desde la izquierda de este país, no se puede dar mucho más apoyo. No podemos dar armas para luchar, no podemos aportar medios de comunicación para actuar allí (apenas contamos con ellos aquí), ni tenemos el poder como para intervenir directamente con todo el aparato del Estado en favor de los pueblos de otros países. Sin embargo, no existen esos “otros” que pacten con la gente, con los pueblos, a los que se refiere el autor, sino que esos otros pactan directamente con esos “nacionalismos más siniestros, racismos más abyectos, dictadores más criminales” para que utilicen protestas del pueblo y las conviertan en sus intereses oligárquicos, raciales o sectarios.

¿Que esta utilización se puede dar con facilidad porque la izquierda está débil? Por supuesto, pero esa debilidad se corrige fortaleciendo la capacidad crítica, la capacidad de análisis, dando información veraz y enseñando a entender las situaciones concretas y los intereses de cada actor político en el mundo, para evitar que mañana en España se pueda dar esa misma utilización de las protestas populares por el fascismo y el imperialismo extranjero, y sobre todo dándoles herramientas para luchar contra la manipulación mediática que sufrimos diariamente, no haciendo análisis simplistas consistentes en “protestas buenas” sean cuales sean y tomen el rumbo que tomen.

Por todo esto, sólo puedo calificar de lamentable el artículo de Santiago Alba Rico.

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