Y si soy violento, ¿qué problema hay?

10 abril, 2013 – 2:16

Asistimos estos días a un debate que suscitan todos los medios de comunicación sobre si los escraches de la PAH son violentos o dejan de serlo. Se trata de un debate gilipollesco que nos quita tiempo de debatir lo importante, y por contra da más tiempo al poder para mantenerse en él.

Porque seamos serios, el problema para este sistema no puede ser la violencia. Nuestro sistema prefiere invertir en ejércitos, armas, cárceles y policía que en educación. Este sistema se mantiene gracias a la violencia que obliga a respetar sus normas. Es decir, la violencia no es el problema. El problema real con la violencia son su legalidad y su legitimidad.

En cuanto a la legalidad, sólo tengo que decir que me importa una mierda. La tengo en cuenta, porque aún no tengo interés en ser un mártir del sistema y quiero sobrevivir a ser posible fuera de la cárcel (dentro seré de poca utilidad, para mí y para el resto), pero me niego a juzgar acción alguna en base a que sea legal o no. ¿Por qué? Porque la legalidad la marcan las leyes que han dictado las mismas personas que han creado y dominado el sistema criminal en que vivimos, y por tanto no hacerles caso es casi un punto a favor.

Por otro lado está el problema de legitimidad. ¿Alguien vería mal el uso de la violencia para evitar que una persona agreda sexualmente a otra? Creo que no, y quien lo vea mal que se felicite, acaba de permitir que una persona sea violada, eso sí, seguro que luego lo lamenta mucho, deja que llore en su hombro y se queja por el mal que hay suelto por el mundo. Para el resto del mundo, quienes admiten que se puede actuar violentamente contra un violador para impedir que realice la agresión contra la víctima, se pone de manifiesto que aceptamos que existe una violencia legítima.

Una vez aceptado esto, habría que definir qué violencia es legítima y cuál no lo es. Es un tema complicado, por lo que voy a simplificar y las consideraciones adicionales que se hagan en los comentarios serán muy bienvenidas y seguro que aportan mucho al debate. Para mí, la violencia es legítima siempre que se ejerza para defender u obtener un derecho individual o colectivo, que se use como último recurso (es decir, que no haya otros métodos o recursos para lograr el objetivo) y que no atente contra derechos más importantes de otras personas, especialmente si no son las responsables de la pérdida o ausencia del derecho que se pretende obtener o defender.

Ante esto, los escraches de la PAH defienden el derecho a la vivienda, pero no sólo ese, sino también el derecho a la vida, pues vivir en la calle de manera obligada difícilmente puede ser considerado vivir (al margen de que sin casa, se aumenta el riesgo de morir al enfermar, tener accidentes…). La lucha por la vivienda y la ILP de la PAH cuentan con un apoyo mayoritario entre la población demostrado por múltiples concentraciones, luchas y sondeos de todo tipo, que sin embargo a pesar de que hay quien aún llama democracia al sistema en que vivimos, no se traduce en un cambio de las leyes para garantizarlo. Ya se han puesto en práctica todos los medios no violentos al alcance del pueblo, y la urgencia del problema impide esperar a un nuevo cambio de gobierno dentro de tres años. Además, parece obvio que el derecho del hijo de González Pons a vivir engañado sobre la bondad de su padre no está por encima del derecho de los miles de hijos e hijas de personas desahuciadas a tener un hogar en que vivir.

Por todo ello, si los escraches son violentos o no da exactamente lo mismo. Lo importante es que hay derechos que no se cumplen, con infinidad de víctimas, y hay que solucionarlo sea como sea y cueste lo que cueste. Por ello, desde aquí manifiesto que lo único que hay que preguntarse respecto a los escraches es: ¿cuál es el siguiente paso?

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